Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 2 N° 12

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Obra Un llamado ferviente a personas razonables y religiosas”* extraemos:

“….Pues bien, suponiendo que la Escritura es de Dios, he aquí lo que afirma: La fe es la demostración de las cosas que no se ven, pragmáton élenjos ou blepoménon, la evidencia sobrenatural de las cosas invisibles, imperceptibles para los ojos de la carne o para cualquiera de nuestros sentidos o facultades naturales. La fe es la evidencia divina por la cual la persona espiritual puede discernir a Dios y las cosas divinas. La fe es para el mundo espiritual lo que los sentidos son para el mundo natural: el sentido espiritual de toda alma que ha nacido de Dios.

Quizás tú no lo has visto desde esta perspectiva.

Así que voy a explicarlo un poco más. La fe, según el relato bíblico, es el ojo del alma que ha nacido de nuevo, por medio del cual el verdadero creyente en Dios ve al que es invisible. El creyente puede ver de una manera muy particular (pues el Señor sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio) la luz de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. Y de este modo contempla qué clase de amor nos ha dado el Padre, que nosotros, quienes hemos nacido de nuevo, podamos ser llamados hijos de Dios.

La fe es el oído del alma, por medio del cual el pecador oye la voz del Hijo de Dios y vive. Aquella única voz que despierta a los muertos, diciendo: hijo, tus pecados te son perdonados.

Si se me permite, la fe es el paladar del alma. Por ella el creyente saborea la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero. A la vez, gusta y ve que Dios es bondadoso, sí, y misericordioso hacia el pecador.

La fe es el sentimiento del alma, por medio del cual el creyente percibe, por el poder del Altísimo que lo cubre con su sombra, la existencia y la presencia de aquél en quien vivimos, y nos movemos y somos. En verdad, por la fe, también, el alma percibe la realidad de todo el mundo invisible y de todas las cosas eternas. Y, sobre todo, siente en forma particular el amor de Dios derramado en su corazón.

Por esta fe somos salvos de toda turbación de espíritu, de todas las angustias del alma herida, de la infelicidad, del temor, y de la tristeza de corazón. Salvos de esa indecible apatía y de ese aburrimiento de la vida bajo los cuales hemos sufrido por tantos años. Ese tedio del mundo y de nosotros mismos que sentíamos, especialmente, cuando nos apartábamos de los afanes del mundo y nos sumíamos en serena reflexión. Aquí encontramos aquel amor de Dios y de la humanidad que hemos buscado en vano en otra parte. Esto–lo sabemos, lo sentimos y lo declaramos– es la salvación de todo pecado y miseria, de toda infelicidad y de todo sentimiento impío, para todos los que quieran participar en ella.

Nos trae dulce paz, cada vez que ella llega, edifica en silencio al formar nuestras vidas allana los ásperos senderos que nos salen al paso y abre en cada pecho un pedazo de cielo.

Si me preguntan ¿por qué no tienen esta fe todas las personas, por lo menos aquéllas que la conciben comoalgo tan dichoso? ¿Por qué no creen de inmediato?

Contestamos, partiendo de la presuposición de la Escritura: Es don de Dios. Ninguna persona puede producir la fe por sí misma.

…..

La fe es el don gratuito de Dios, conferido no a quienes son merecedores de su favor ni a quienes ya son santos, y por lo tanto aptos para ser coronados con todas las bendiciones de su bondad. Al contrario, la fe es otorgada a los impíos y pecadores, a quienes, hasta el momento de recibirla, sólo eran aptos para la destrucción eterna, que no tenían nada bueno y cuyo ruego no podía ser otro que ¡Dios, sé propicio a mí, pecador!

Ningún mérito, ninguna bondad precede al amor perdonador de Dios. Su misericordia perdonadora no supone nada en nosotros, excepto nuestro pecado y miseria. Y a todos los que ven, sienten, y asumen sus necesidades y su incapacidad para satisfacerlas, Dios les da libremente la fe, sólo por causa de aquél en quien siempre tiene su complacencia…”

*Juan Wesley además de este largo escrito sobre el tema -del cual solo  hemos extractado  una porción- escribió una Parte I, Parte II y Parte III, que bien podría ser consolidado en un Tratado. (HD)

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Anuncios

EXTRACTO DE LAS CARTAS DE JUAN WESLEY

CARTAS | Año 2 N° 11

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Carta al  “Rvdo. William Davy” extraemos:

Bristol, 15 de marzo de 1740.

…Nací en Epworth, cerca de Gainsborough en Lincolnshire y me eduqué en el Charterhouse School en Londres. En julio de 1720 pasé a formar parte de Christ Church en Oxford y me matriculé en la universidad.

En el tiempo establecido obtuve el grado de Bachiller y la Maestría en Artes. A pesar de no tener la edad requerida, fui ordenado diácono en el año de 1725 por quien es hoy Arzobispo de Canterbury. Tan pronto como cumplí la edad fui ordenado sacerdote. No recuerdo la fecha exacta ya que no tengo conmigo la carta de ordenación.

En el 1726 me transferí a Lincoln College donde me eligieron socio [fellow]. Para esa época vivía en Epworth donde era ayudante de mi padre.

En noviembre de 1729 el Dr. Morley, quien era rector de Lincoln College en aquel momento, me llamó a Oxford para que enseñara allí y puso bajo mi tutela a once estudiantes. En este empleo permanecí hasta 1735 cuando fui de misionero a Georgia. El primero de febrero de 1738 regresé a Inglaterra, y pocos días después a Lincoln College.

He publicado Una colección de oraciones para cada día de la semana en 1733; un compendio de los libros La prudencia cristiana y Reflexiones sobre el entendimiento del Sr. Norris en 1734; una edición de La imitación de Cristo, un sermón basado en Job 3:17, etc., Consejos a un joven 140 Cartas, Tomo I clérigo (escrito por mi padre), en 1735; Una colección de salmos e himnos en 1736 [sic]; un Sermón sobre la salvación por la fe, un resumen de las homilías sobre lo mismo, y la Vida del Sr. Haliburton en 1738; un sermón sobre La gracia gratuita, un compendio de Nicodemo, o Tratado sobre el temor humano, y una colección de Himnos y poemas sagrados, en 1739.

Juan Wesley

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Las 12 Reglas para Predicadores

John Wesley, el fundador de la Iglesia Metodista, estableció estas 12 Reglas para los predicadores itinerantes, y las dio a conocer en la Conferencia Anual el día 29 de junio de 1744. Muchas de estas “reglas” todavía tienen vigencia, por eso me pareció interesante darlas a conocer.

  1. Sea diligente

Nunca deje pasar ni momento en que no esté ocupado en algo. Nunca pase el tiempo ocupándose en cosas frívolas. Nunca “mate el tiempo”. Nunca pase más tiempo en un lugar (o con una tarea) que no sea estrictamente necesaria.

  1. Sea serio

Qué su lema sea: “Santidad al Señor”. Evite la ligereza, las bromas y las habladas necias.

  1. Converse poco y con mucho cuidado con las mujeres, particularmente, con las jóvenes.
  1. No siga ni un paso hacia el matrimonio sin orar primero a Dios y consultarlo con un hermano en Cristo
  1. No crea de nadie nada malo

Si usted no ha visto el hecho, tenga cuidado a quien culpa. Ponga la mejor interpretación que pueda sobre todo lo que pasa. Usted sabe que el juez siempre debe estar del lado del prisionero.

  1. No hable mal de nadie

…porque si lo hace, su palabra lo carcomerá como gangrena. Guarde sus pensamientos en su propia mente hasta que pueda hablar con la persona involucrada.

  1. Dígales a todos lo que cree que está mal (lo que le ha ofendido a usted).

Dígaselo claramente y lo más pronto que sea posible, porque si no lo hace así, la ofensa se pudrirá en su corazón. Apúrese para apagar el fuego en su seno.

  1. No trate bien solo a las personas adineradas

Usted no tiene que tener mayor relación con este tipo de personas que con la más humildes. Un predicador del evangelio es siervo de todos.

  1. No se avergüence de nada, salvo del pecado.

No se avergüence de cortar leña, ni de recoger agua; ni de limpiar su propios zapatos, ni aun los de su prójimo.

  1. Sea puntual

Hágalo todo exactamente a la hora indicada. Y en general, no trate de mejorar nuestras Reglas, simplemente cúmplalas; no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia.

  1. Usted no tiene otra cosa que hacer sino salvar almas.

Por tanto, trabaje y dedíquese a la obra Y vaya siempre, no sólo a los que lo quieren, sino también a los que no.

Observación: No le concierne cuántas veces predica, ni el cuidado de tal o cual Sociedad; sino salvar cuantas almas pueda; traer a cuantos pecadores le sea posible al arrepentimiento, y con todas sus fuerzas edificarlos en aquella santidad sin la cual no podrán ver al Señor. ¡Y recuerde! Un Predicador Metodista debe prestar atención a cada punto, grande y pequeño, en la disciplina metodista. Por eso, necesitará usar todo el juicio que tiene y estar siempre con el ojo avizor.

  1. En todas las cosas compórtese, no según su propia voluntad, sino como un hijo del Evangelio

Como tal, debe ocuparse en la predicación y la visitación de casa en casa; en la lectura, la meditación (en la Escritura) y la oración. Sobre todo, si va a trabajar con nosotros en la viña del Señor, tiene que hacer aquella parte de la labor que nosotros le asignamos, a la hora que le decimos y en los lugar que creemos que serán para Su mayor gloria.

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

¡Bienvenidos!

Para un mejor y más ágil acceso a los comentarios que el blog anterior no permitía, hemos abierto una nueva dirección para publicar los Extractos de las Obras, Sermones, Diarios y Cartas de Juan Wesley.

Pedimos disculpas a todos aquellos que quisieron participar y no pudieron.

Vamos a mejorar la configuración de las entregas en la medida que tengamos un mayor conocimiento del nuevo blog.

Gracias a todos.

Héctor Diomede