Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 2 N° 13

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Sermón “Los medios de gracia” extraemos:

Malaquías 3.7

Os habéis apartado de mis leyes y no las guardasteis.

“¿Habrá todavía algunas «ordenanzas», ahora que el evangelio ha sacado la vida y la inmortalidad a la luz?

¿Existen bajo la dispensación cristiana medios instituidos por Dios como los conductos ordinarios de su gracia? En la Iglesia Apostólica no se habría podido hacer esta pregunta, a no ser que se declarase uno abiertamente pagano, ya que todos los cristianos estaban de acuerdo en que Cristo había instituido ciertos medios exteriores para comunicar su gracia a las almas de los hombres. Su práctica constante estableció esto en una forma indisputable, mientras Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles … en el partimiento del pan y en las oraciones.

Con el paso del tiempo, cuando el amor de muchos se enfrió, algunos principiaron a tomar los medios como el fin, y a hacer que la religión consistiera en un serie de prácticas exteriores en lugar de en un corazón transformado según la imagen de Dios. Olvidaron que el propósito de los mandamientos es el amor, nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida.

……..

Por «medios de gracia» entiendo las señales exteriores, las palabras o acciones ordenadas e instituidas por Dios con el fin de ser los canales ordinarios por medio de los cuales pueda comunicar a la criatura humana su gracia anticipante, justificadora y santificadora.

 

Uso esta expresión, «medios de gracia», porque no conozco ninguno mejor y porque ha sido usado generalmente en la iglesia cristiana por muchos siglos. En particular, por nuestra propia iglesia, que nos dirige a bendecir a Dios «por los medios de gracia y la esperanza de gloria»; y nos enseña que un sacramento es «un signo exterior de una gracia interior, y un medio que nos la confiere.»

 

Los medios principales son: la oración, ya sea en privado o en la gran congregación; el estudio de las Escrituras (que significa leer, escuchar y meditar sobre ellas), y la cena del Señor: participar del pan y del vino en su memoria.

Creemos que estos medios fueron instituidos por Dios como los canales ordinarios para comunicar su gracia a las almas del género humano. Concedemos que todo el valor de estos medios consiste en estar actualmente subordinados al objeto de la religión y, por consiguiente, que cuando todos estos medios se separan de su objeto, son menos que la misma vanidad.

Que si no guían en realidad al conocimiento y amor de Dios, no son aceptables en su presencia, sino al contrario, una abominación; un mal olor que le ofende y se cansa de ellos. No puede soportarlos. Sobre todo, si se usan como una forma de «conmutación» de la religión, en vez de estar subordinados al objeto de ésta, no hay palabras con qué expresar lo enorme y pecaminoso de esta torpeza de volver las armas de Dios en contra de él mismo; de evitar que el cristianismo se posesione del corazón, usando de esos mismos medios que fueron instituidos con tal fin.

Concedemos, igualmente, que todos los medios exteriores, si están separados del Espíritu de Dios, no pueden ser de ningún provecho ni conducir de ninguna manera al conocimiento o al amor de Dios. Es incontrovertible que la ayuda que se recibe aquí viene de él mismo. El, y sólo él, es quien por medio de su poder omnipotente obra en nosotros lo que es agradable en su presencia. Todas las cosas exteriores, a menos que él obre en ellas y por medio de ellas, son débiles y míseros elementos.

Quienquiera, pues, que se imagine que hay algún poder intrínseco en estos medios, está en un error craso y no conoce las Sagradas Escrituras ni el poder de Dios. sabemos que no hay ningún poder inherente en las palabras que usamos en la oración, en la letra de la Sagrada Escritura, en el sonido de esas palabras, o en el pan y vino que recibimos en la Cena del Señor, y que sólo Dios es el dador de todo don perfecto, el Autor de toda gracia; que a él únicamente pertenece el poder de comunicar a nuestras almas cualquiera bendición por estos medios. Sabemos, igualmente, que podría conceder esta gracia aunque ninguno de estos medios existiera en toda la redondez de la tierra y, en este sentido, podemos afirmar que Dios no tiene necesidad de ningún medio, por cuanto puede hacer su santa voluntad valiéndose de medios o sin ninguno de ellos.

Confesamos, además, que el uso de todos los medios no bastaría para redimir un solo pecado; que sólo la sangre de Jesucristo es suficiente para reconciliar al pecador con Dios, puesto que no existe ninguna otra propiciación por nuestros pecados, ninguna otra fuente que pueda limpiar la iniquidad e impureza”.

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.
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Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 2 N° 14

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Obra Sinceras reflexiones sobre la presente situación de los negocios públicos “ extraemos:

[En carta a un amigo escrita en 1768]

Periculosae plenum opus aleae

Tractas; et incendis per ignes

Suppositos cineri doloso(*)

Horacio

“Usted desea que le exponga mis sinceras reflexiones sobre el estado presente de los asuntos públicos. ¿Pero ha considerado que no soy un político? La política está fuera del alcance de mis ocupaciones. Tampoco conozco, al menos no íntimamente, a alguien que lo sea. Y no es asunto fácil formarse un juicio relativo a cosas de naturaleza tan compleja. Es de lo más difícil, porque, a fin de formar nuestro propio juicio, deberían conocerse una multitud de hechos, pocos de los cuales pueden conocerse con tolerable precisión por quien que no sea testigo presencial de ellos.

Además, ¡cuán pocos de éstos relatarán lo que han visto precisamente como fue sin añadir, omitir o alterar, deliberadamente o no, alguna circunstancia. ¿Acaso una ligera adición o alteración no podrá darle un matiz completamente diferente a todo?

Y como no podemos conocer fácilmente con exactitud, los hechos sobre los cuales hemos de formar nuestro juicio, mucho menos podemos esperar conocer los variados resortes de la acción que dan lugar al surgimiento de los mismos, y sobre los cuales (más que de las mismas acciones desnudas) dependen los caracteres de los actores.

Es en base a esto que un viejo escritor nos aconseja no juzgar antes de tiempo; abstenerse, cuanto sea posible, de juzgar perentoriamente, sea de cosas o personas.

Hasta que venga el tiempo cuando las cosas encubiertas de las tinieblas, los hechos ahora ocultos sean traídos a la luz, y sean descubiertos los resortes ocultos de la acción, los pensamientos e intenciones de cada humano corazón.

Acaso usted diga, «No, cada inglés es un político; mamamos política con la leche materna. Para nosotros es tan natural hablar de política como respirar. Podemos instruir tanto al Rey como a su Consejo. En un santiamén podemos reformar el Estado, señalar cada equivocación de éste o aquel Ministro, y señalar cada paso que deben tomar para ser los árbitros de toda Europa.»

Concedo que todo zapatero, calderero, conserje y cochero puede hacerlo; pero no soy tan profundamente entendido. Mientras ellos están seguros de todo, de alguna manera yo no estoy seguro de nada, excepto de lo poco que pueda ver con mis propios ojos o escuchar con mis propios oídos. No obstante, por cuanto usted desea que le exponga lo que pienso, lo haré con toda franqueza.

Pero, por favor, sólo recuerde no tomo sobre mí el imponer o dictar nada ni a usted ni a nadie. Sólo uso del privilegio de todo inglés de exponer mis pensamientos sin ambages; afirmando hasta que disponga de mejor información sólo lo que me parezca ser la verdad.

Al presente, en verdad, no poseo mucha información, habiendo leído poco sobre este tema salvo en los periódicos; y usted sabe estos están mayormente inclinados de un lado. Poco es lo que puede verse de la otra parte, y ese poco rara vez está escrito por buenos escritores. ¡Cuán pocos tienen una pluma como la de Junius! (**)

Pero suponiendo que dispongamos de tanta información, ¡cuán poco podemos confiar en ella! ¡Sea la información dada por una parte como por otra! ¿Acaso no está tan enardecida una como la otra? ¿Quién no sabe cuán difícil es para una persona ver las cosas correctamente cuando está irritada? ¿La pasión no ciega los ojos del entendimiento como el humo los ojos físicos? ¡Cuán poco podemos aprender de quienes sólo ven a través de una nube!

Tengo esta ventaja sobre ambas partes, el no estar irritado con ninguno. Así que. si tengo una pequeña comprensión por naturaleza o por experiencia, al menos en este caso no está nublada por la pasión. La misma felicidad que me deseo a mí mismo, la deseo para los de una y otra parte. No ofendería a nadie en lo más mínimo; ni les ocasionaría ningún dolor.

Tengo asimismo otra ventaja, la no de tener ninguna predilección por un lado u otro. No tengo ningún interés pendiente; no busco el favor de ningún ser humano; no espero ni temo nada de ninguna persona; y no tengo atadura personal de ningún tipo con cualquiera de las partes en disputa.

¿Pero soy tan necio como para imaginar que, porque no estoy enojado con nadie, ellos no estarán irritados conmigo? No, no me imagino tal cosa. Probablemente ambos

estén bastante enojados, aunque fuera sólo porque no estoy tan acalorado como ellos mismos. ¿Pues qué es más insoportable para una persona apasionada, que ver que otro controla su temperamento? ¿Y no es una provocación adicional no comportarse con su contrincante como él lo hace? ¿No insultarle, no decirle malas palabras?

Espero por tanto, ser maltratado de todas partes, y lo único que me desilusionará será el buen trato”.

(*)   Usted está tratando con una obra llena de peligros y se aventura a supuestos incendios con cenizas traicioneras.

(**) Junius era el seudónimo de un desconocido escritor que publicó sesenta y nueve artículos exponiendo y criticando la corrupción de los ministros de gobierno del Rey Jorge III.

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Extracto de las Cartas de Juan Wesley

CARTAS | Año 2 N° 13

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su carta a “Howell Harris”* extraemos:

Londres 6 de agosto de 1742.

Mi querido hermano,

Debo escribirle, aunque dónde mi carta le encontrará no lo sé. Solamente sé que será bajo la sombra del Omnipotente, sí en los brazos de aquél que le ama. ¡Deje, ahora, que él cubra su cabeza en el día de batalla! ¡Que su fidelidad y verdad sean su escudo y amparo! ¡Que él consuele su corazón, y que, después de haberle hecho padecer un poco de tiempo, le haga perfecto, firme, fuerte, estable!

Acabo de leer su carta con fecha del 19 de octubre de 1741 en Trevecka. ¿Y sobre qué fue que discutimos? Admitida tal perfección como la que usted en ella describe, toda disputa adicional la considero vana palabrería y pura contienda de palabras.

En cuanto al otro punto, estamos de acuerdo, (1) que nadie tiene poder excepto el que le es dado desde arriba; (2) que nadie puede merecer nada que no sea el infierno siendo que todo mérito está en la sangre del Cordero.

Usted y yo sostenemos seriamente esos dos puntos fundamentales. ¿Por qué, entonces, si los dos negamos todo poder y mérito al ser humano, la necesidad de que se establezca este abismo entre nosotros? Hermano, ¿está su corazón conmigo como mi corazón está con usted?

Si es así, dame la mano.

Yo soy indudablemente un pobre, tonto y pecador gusano; y por cuánto tiempo mi Señor me utilizará, no lo sé. A veces pienso que llegará el momento en que me eche a un lado. Pues en verdad, nunca antes había enviado él tal obrero a tal cosecha. Pero mientras continúe en el trabajo, levantémonos juntos en contra de los malignos. No desfallezcamos sino (con la voluntad de Dios) ayudémonos mutuamente a fortalecer nuestras manos en Dios.

Hermano mío, mi espíritu se adelanta a encontrarse con usted; descansemos ambos sobre el cuello el uno del otro. El buen Señor borre todo lo pasado, y que haya paz de ahora en adelante entre nosotros.

Quedo, querido hermano, por siempre suyo

[J. Wesley]

P.S. El viernes pasado mi madre regresó a su hogar celestial con voz de alabanza y acción de gracia.

 

*Howell Harris era un predicador metodista galés de gran predicamento, fue el fundador de la Iglesia Metodista Calvinista conocida hoy como Iglesia Presbiteriana de Gales. [HD]

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Extracto de los Diarios de Juan Wesley

DIARIO | Año 2 N° 13

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Diario extraemos:

Domingo 1° de agosto de 1742.

“Alrededor de las cinco de la tarde, reunidos con un innumerable grupo de personas, encomendé a la tierra el cuerpo de mi madre para que descansara con sus padres. La porción de la Escritura de la cual más tarde hablé fue: «Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo y en ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos… Y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros según sus obras.» [Ap.20.11-12]

Fue una de las más solemnes reuniones que hasta ahora había visto o espero ver de este lado de la eternidad.

Colocamos una piedra sencilla a la cabecera de su tumba, inscrita con las siguientes palabras:

Aquí yace el cuerpo de la Sra. Susana Wesley,

la hija más joven y última sobreviviente del Doctor Samuel Annesley.

Con segura e inmutable fe se eleva

reclama su mansión, celestial morada

humilde mujer de Cristo esperanza lleva,

la cruz excelsa por corona bien ganada.

Verdadera hija de aflicción lo era

forjada en el dolor y la miseria, horrores

dolida en larga noche de pesares y temores,

noche de catorce lustros, su quimera.

El Padre entonces reveló a su Hijo

al partir el pan, su espíritu bendijo,

confía, al final, sus pecados ha perdonado,

le abre el cielo, por ella tan ansiado.

En el cielo, feliz reunión se ha ganado

«Arriba, mi amor», oyó el angelical llamado

respondió luego, «Allá voy» con singular honor,

y cual cordero, entregó su vida y alma a su Señor.

No puedo continuar sin dejar de mencionar que ella también (que así como su padre y abuelo; su esposo y tres hijos) había sido, en su medida y grado, predicadora de la justicia”.

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 2 N° 13

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Sermón “El Arrepentimiento del Creyente” extraemos:

Marcos 1:15

Arrepentíos, y creed en el evangelio.

“Generalmente se cree que el arrepentimiento y la fe son, como quien dice, las puertas de la religión; que sólo son necesarios al principio de nuestra carrera cristiana, cuando emprendemos el camino hacia el reino. Esto parece ser confirmado por el gran Apóstol cuando, al exhortar a los cristianos hebreos a ir adelante a la perfección, les enseña que dejen los rudimentos de la doctrina de Cristo…no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios; lo que debe significar, cuando menos, que deben, comparativamente, abandonar estas cosas que al principio ocuparon sus mentes y proseguir a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

No cabe la menor duda de que esto es cierto; que existen cierta fe y arrepentimiento, muy necesarios especialmente al principio; arrepentimiento que es convicción de nuestro completo estado de pecado, nuestra culpabilidad y desamparo y que precede a nuestro recibir el reino de Dios que nuestro Señor dice, está entre nosotros; y una fe por medio de la cual recibimos el reino: justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Pero, a pesar de esto, existen cierto arrepentimiento y cierta fe (tomando estas palabras en otro sentido que no es el mismo ni tampoco por completo diferente al anterior), que son un requisito aun después de haber creído al evangelio; más aun, en todas las sucesivas etapas de nuestra carrera cristiana, pues de otra manera no podemos correr la carrera que tenemos por delante.

Este arrepentimiento y fe se necesitan para poder continuar creciendo en la gracia, así como la fe y el arrepentimiento anteriores fueron esenciales para entrar en el reino de Dios.

Pero, ¿en qué sentido nos debemos arrepentir y creer después de haber sido justificados? Esta es una pregunta muy importante, digna de ser considerada con la mayor atención.

En primer lugar, ¿en qué sentido debemos arrepentirnos?

  1. Frecuentemente, el arrepentimiento significa un cambio interior, un cambio de mente del pecado a la santidad. Pero ahora hablamos de él en un sentido muy diferente: es el conocimiento de uno mismo—el conocimiento de que somos pecadores; sí, culpables, pecadores sin esperanza, aunque sabemos que somos hijos de Dios.
  1. Ciertamente, cuando nos damos cuenta de esto por primera vez, cuando por primera vez encontramos redención en la sangre de Cristo, cuando el amor de Dios se derrama por primera vez en nuestros corazones y su reino se establece en ellos, es natural suponer que ya no somos pecadores, que todos nuestros pecados están no solamente cubiertos sino destruidos. Como entonces no sentimos ningún pecado en nuestros corazones, nos imaginamos fácilmente que no existe ninguno en ellos.

……

Deberíamos convencernos, igualmente, de que así como el pecado permanece en nuestros corazones, se adhiere a nuestras palabras y acciones. Ciertamente, debiéramos temer que muchas de nuestras palabras estén más que mezcladas con el pecado; que sean pecado simplemente. Tal cosa es, indudablemente toda conversación falta de amor, todo lo que no procede del amor fraternal, todo lo que no va de acuerdo con la regla de oro: «todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos.» A esta clase pertenecen la difamación, la chismografía, la murmuración, el hablar mal, es decir, repetir las faltas de personas ausentes-—porque nadie desearía que otros repitieran sus faltas mientras él se encuentra ausente. ¡Cuán pocos son, aun entre los creyentes, los que no son culpables de esto en mayor o menor grado!

….

No pueden sentirla hasta que se conozcan a sí mismos, hasta que se arrepientan de la manera que hemos descrito, hasta que el Señor les descubra el monstruo que tienen en el interior y les deje ver el verdadero estado de sus almas. Sólo entonces, cuando sientan la carga, gemirán pidiendo liberación. Entonces, y sólo entonces, exclamarán, en la agonía de su alma:

¡Destruye el yugo del pecado

Y haz mi espíritu completamente libre!

¡No puedo descansar hasta que sea puro en mi interior,

Hasta que me pierda completamente en ti! *

*Una estrofa de “Himnos y Poemas Sacros”  publicado por Juan y Carlos Wesley en 1742.

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 2 N° 13

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Obra Un nuevo llamado a personas a personas razonables y religiosas | Parte 1“ extraemos:

“…Pues bien, todo lo que enseño tiene que ver con la naturaleza y condición de la justificación, la naturaleza y condición de la salvación, la naturaleza de la fe que salva y justifica, o sea sobre el Autor de la fe y de la salvación.

Primero, la naturaleza de la justificación. A veces significa nuestra absolución en el día final. Pero en este caso eso está fuera de cuestión. Se trata de la justificación de la que hablan nuestros ‘Artículos y Homilías´*, que tiene que ver con el perdón presente, el perdón de los pecados. Y, por consiguiente, el ser aceptos delante de Dios, quien de esta manera nos declara su justicia o misericordia, por y para la remisión de los pecados pasados», y nos dice: seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades.

Y creo que la condición para esta justificación es la fe. Es decir, que no sólo no podemos ser justificados sin fe, sino que cuando alguien tiene fe es justificado en ese mismo momento.

Las buenas obras son consecuencia de esta fe, pero no la preceden. Y mucho menos puede precederla la santificación, que implica el flujo continuo de buenas obras que manan de la santidad del corazón. Eso sí, la santificación entera irá delante de nuestra justificación en el último día.

También se admite, antes de la fe, el arrepentimiento y los frutos dignos de arrepentimiento.

Ciertamente, el arrepentimiento debe preceder a la fe; y los frutos dignos de arrepentimiento, si hay la oportunidad. Por arrepentimiento entiendo la convicción de pecado que produce deseos genuinos y resoluciones sinceras de enmienda. Y por «frutos dignos de arrepentimiento», el perdonar al hermano, dejar de hacer el mal y hacer el bien, usar de las ordenanzas de Dios, y, en general, obedecer al Señor de acuerdo a la medida de gracia que hayamos recibido.

Pero a todo esto no puedo llamarlo «buenas obras» porque no surgen de la fe y del amor de Dios.

Por salvación quiero decir, no sólo librarse del infierno e ir al cielo, como vulgarmente se entiende, sino la liberación presente del pecado, una restauración del alma a su estado primitivo de salud, su pureza original.

La salvación es una recuperación de nuestra naturaleza divina; la renovación de nuestra alma a la imagen de Dios, en integridad y verdadera santidad, en justicia, misericordia y verdad. Esto implica recuperar las disposiciones celestiales y santas, y en consecuencia la santidad en nuestra manera de vivir.

Ahora bien, si por salvación entendemos una salvación presente del pecado, no podemos decir que la santidad sea la condición para ella ¡porque la santidad es la salvación misma! En este sentido, la santidad y la salvación son sinónimos. Por lo tanto, debemos decir somos salvos por medio de la fe.

La fe es la única condición para la salvación. Sin fe no podemos ser salvos, pero quien cree ya es salvo.

Sin fe, reiteramos, no podemos ser salvos. Porque no podemos servir a Dios a no ser que le amemos. Y no podemos amarle a no ser que le conozcamos, y no podemos conocerle a no ser por medio de la fe. Por lo tanto, la salvación por la fe no es otra cosa que el amor de Dios gracias al conocimiento de Dios, o la recuperación de la imagen de Dios por medio de una verdadera relación con Dios”.

*Se refiere a documentos doctrinales oficiales de la Iglesia Anglicana.

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Extractos de las Cartas de Juan Wesley

CARTAS | Año 2 N° 12

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Carta al  “Rvdo. Ralph Erskine*” extraemos:

Londres, 26 de junio de 1940.

Estimado Señor,

He tardado en contestar su carta, la cual recibí con mucho gusto, porque quería hacerlo después de que leyera bien los tratados que usted tuvo la amabilidad de enviarme.

A Dios le plugo convencerme mediante ellos sobre un asunto del cual yo no sabía nada, de que toda congregación cristiana tiene el derecho indisputable de escoger su propio pastor.

A pesar de que no hemos podido ponernos de acuerdo sobre otros asuntos relacionados con la disciplina, es sin embargo una gran bendición que podamos amarnos el uno al otro y soportarnos pacientemente hasta que sea la voluntad de nuestro Señor revelarnos cuál de los dos está equivocado.

Me regocijo en la forma simple y clara en que usted se expresa y testifica de la verdad y en contra de quienes no la conocen o la detienen con injusticia.

Percibo que en Inglaterra estamos llamados en estos momentos: Primero, a declarar las verdades fundamentales del evangelio, las cuales han sido por muchos años olvidadas entre nosotros, o negadas, desdeñadas y blasfemadas. Esto en general lo hacemos clara y simplemente sin tomar en cuenta las objeciones; y hasta la mayoría de las veces sin darnos cuenta de que nada ha sido objetado en contra de ellas.

Segundo, a que en algunas ocasiones se nos exija, detener las voces de los disputadores y, más aún, testificar públicamente que los profetas hacen profecías falsas y a la gente les encanta oírlas.

Tercero, a unir en un solo cuerpo y edificar en la santísima fe a todas las personas que Dios nos ha dado y que aman o buscan al Señor Jesús con sinceridad.

Creo que llegará el día en que seamos llamados a desenmascarar con más particularidad a los muchos anticristos que hay en el mundo y más explícitamente denunciar la corrupción pública y general que existe en nuestra iglesia y nación. Pero a lo mejor nuestro Dios en su sabiduría no permitirá que esto suceda hasta que exista un gran número de personas reunidas que alegremente aceptarán despojarse de sus bienes sabiendo que tienen una mejor y perdurable herencia, y que no se preocuparán por sus vidas para así terminar su camino en gozo.

Nos regocijamos en todo tiempo al saber cómo la causa de nuestro Señor prospera en sus manos, y deseamos nos recuerde en sus oraciones. Que Dios nos dirija en todo momento.

Quedo, estimado señor, su afectuoso hermano y servidor

Juan Wesley

*Ralph Erskine era un ministro de la “Iglesia de la Secesión”, un grupo de ministros y laicos que se separó de la “Iglesia de Escocia” (presbiteriana). [HD]

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.