Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 2 N° 13

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Sermón “El Arrepentimiento del Creyente” extraemos:

Marcos 1:15

Arrepentíos, y creed en el evangelio.

“Generalmente se cree que el arrepentimiento y la fe son, como quien dice, las puertas de la religión; que sólo son necesarios al principio de nuestra carrera cristiana, cuando emprendemos el camino hacia el reino. Esto parece ser confirmado por el gran Apóstol cuando, al exhortar a los cristianos hebreos a ir adelante a la perfección, les enseña que dejen los rudimentos de la doctrina de Cristo…no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios; lo que debe significar, cuando menos, que deben, comparativamente, abandonar estas cosas que al principio ocuparon sus mentes y proseguir a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

No cabe la menor duda de que esto es cierto; que existen cierta fe y arrepentimiento, muy necesarios especialmente al principio; arrepentimiento que es convicción de nuestro completo estado de pecado, nuestra culpabilidad y desamparo y que precede a nuestro recibir el reino de Dios que nuestro Señor dice, está entre nosotros; y una fe por medio de la cual recibimos el reino: justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Pero, a pesar de esto, existen cierto arrepentimiento y cierta fe (tomando estas palabras en otro sentido que no es el mismo ni tampoco por completo diferente al anterior), que son un requisito aun después de haber creído al evangelio; más aun, en todas las sucesivas etapas de nuestra carrera cristiana, pues de otra manera no podemos correr la carrera que tenemos por delante.

Este arrepentimiento y fe se necesitan para poder continuar creciendo en la gracia, así como la fe y el arrepentimiento anteriores fueron esenciales para entrar en el reino de Dios.

Pero, ¿en qué sentido nos debemos arrepentir y creer después de haber sido justificados? Esta es una pregunta muy importante, digna de ser considerada con la mayor atención.

En primer lugar, ¿en qué sentido debemos arrepentirnos?

  1. Frecuentemente, el arrepentimiento significa un cambio interior, un cambio de mente del pecado a la santidad. Pero ahora hablamos de él en un sentido muy diferente: es el conocimiento de uno mismo—el conocimiento de que somos pecadores; sí, culpables, pecadores sin esperanza, aunque sabemos que somos hijos de Dios.
  1. Ciertamente, cuando nos damos cuenta de esto por primera vez, cuando por primera vez encontramos redención en la sangre de Cristo, cuando el amor de Dios se derrama por primera vez en nuestros corazones y su reino se establece en ellos, es natural suponer que ya no somos pecadores, que todos nuestros pecados están no solamente cubiertos sino destruidos. Como entonces no sentimos ningún pecado en nuestros corazones, nos imaginamos fácilmente que no existe ninguno en ellos.

……

Deberíamos convencernos, igualmente, de que así como el pecado permanece en nuestros corazones, se adhiere a nuestras palabras y acciones. Ciertamente, debiéramos temer que muchas de nuestras palabras estén más que mezcladas con el pecado; que sean pecado simplemente. Tal cosa es, indudablemente toda conversación falta de amor, todo lo que no procede del amor fraternal, todo lo que no va de acuerdo con la regla de oro: «todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos.» A esta clase pertenecen la difamación, la chismografía, la murmuración, el hablar mal, es decir, repetir las faltas de personas ausentes-—porque nadie desearía que otros repitieran sus faltas mientras él se encuentra ausente. ¡Cuán pocos son, aun entre los creyentes, los que no son culpables de esto en mayor o menor grado!

….

No pueden sentirla hasta que se conozcan a sí mismos, hasta que se arrepientan de la manera que hemos descrito, hasta que el Señor les descubra el monstruo que tienen en el interior y les deje ver el verdadero estado de sus almas. Sólo entonces, cuando sientan la carga, gemirán pidiendo liberación. Entonces, y sólo entonces, exclamarán, en la agonía de su alma:

¡Destruye el yugo del pecado

Y haz mi espíritu completamente libre!

¡No puedo descansar hasta que sea puro en mi interior,

Hasta que me pierda completamente en ti! *

*Una estrofa de “Himnos y Poemas Sacros”  publicado por Juan y Carlos Wesley en 1742.

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

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