Extracto de los Diarios de Juan Wesley

DIARIO | Año 2 N° 17
La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.
De su Diario extraemos:
“Martes 25 de junio de 1745.

Viajamos a St. Just*. Prediqué a las siete a la más grande congregación que había visto desde mi llegada. En la reunión de la más formal y amable sociedad todos nuestros corazones estaban inflamados, y nuevamente a las cinco de la mañana, mientras explicaba el texto, Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús (Rom. 8,1).

Cuando terminó la predicación el Condestable tomó preso a Edward Greenfield (por medio de orden de arresto del Dr. Borlase), un minero, de cuarentiséis años de edad, con esposa y siete hijos. Tres años atrás sobresalía en la comunidad por su maldicencia, blasfemia, borracheras y toda clase de iniquidad.

Pero todas esas cosas viejas habían pasado por algún tiempo. Ahora era conocido por un comportamiento todo lo contrario.
Le pregunté a un pequeño caballero en St. Just qué objeción había contra Edward Greenfield. Dijo: «Pues bien el hombre es bueno en todo lo demás. Pero los caballeros
distinguidos no pueden soportar su imprudencia.
¡Imagínese! ¡Dice que sabe que sus pecados han sido perdonados!» ¡Y por esta supuesta causa se le aplica el destierro o la muerte!”

  • Saint Just, está ubicada en el extremo sur-oeste de la isla de Gran Bretaña. Pertenece al Distrito de Cornwall.

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

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Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 2 N° 17

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Sermón “El Señor justicia nuestra”* extraemos:

Jeremías 23:6
Este será su nombre con el cual le llamarán:
Señor, justicia nuestra.

…..
¡Cuántos de estos hermanos, en todos los tiempos, en lugar de unirse en contra del enemigo común, han tornado sus armas los unos contra los otros, desperdiciando así, no únicamente su valioso tiempo, sino lastimando sus espíritus, debilitando sus manos, dificultando de esta manera la gran obra de su común Maestro! ¡Cuántos de los débiles han sido ofendidos! ¡Cuántos cojos han salido del camino! ¡Cuántos pecadores han confirmado su negligencia en cuanto a la religión y su desprecio hacia aquéllos que la profesan! ¡Cuántos de los santos que están en la tierra han sido obligados a llorar en secreto!

¿Qué no haría el que ama a Dios y a su prójimo, qué no estaría dispuesto a sufrir, para remediar este lamentable estado de cosas? ¿Por borrar esta contienda entre los hijos de Dios y restaurar la paz entre ellos? ¿Qué otra cosa, excepto una buena conciencia, apreciaría demasiado para no separarse de ella, por obtener este buen fin?
Supongamos que no podemos hacer cesar las guerras hasta los fines de la tierra, que o podemos reconciliar a todos los hijos de Dios. De cualquier manera, hagamos lo que cada uno puede, que cada uno contribuya aunque sea con dos blancas. ¡Dichosos aquéllos que pueden promover de alguna manera la paz y buena voluntad entre los hombres!
Especialmente entre los buenos, quienes se han enlistado bajo la bandera del Príncipe de Paz. Por esta razón, procuran celosamente estar en paz con todos los hombres.

Sería un paso considerable para alcanzar esta meta gloriosa si pudiéramos lograr que hubiera un mutuo entendimiento entre las gentes de buena voluntad. Esta falta de comprensión es causa de un gran número de altercados. Frecuentemente, ninguno de los contendientes entiende lo que su oponente quiere decir, con el consiguiente resultado de que se atacan uno al otro con saña, cuando no hay una verdadera diferencia entre ellos. Y, sin embargo, no es fácil convencerlos de esta realidad, especialmente cuando se han exaltado los ánimos, lo que hace más difícil resolver el problema. Sin embargo, no es imposible, especialmente cuando procuramos resolverlo, no confiando en nuestras propias capacidades, sino confiando en Aquél para quien todas las cosas son posibles.
…..
Una importante afirmación de esta verdad se encuentra contenida en las palabras arriba citadas: «Este será su nombre con el cual le llamarán: Señor justicia nuestra,» verdad que se encuentra incrustada profundamente en la naturaleza misma del cristianismo y que, en cierta manera, sostiene toda su armadura.
……
Sería muy raro encontrar algún otro punto sobre el que haya tan poco acuerdo, sobre el que quienes profesan seguir a Cristo parecen estar tan separados e irreconciliablemente divididos. He dicho parecen porque estoy convencido de que muchos de ellos solamente parecen diferir. El desacuerdo está más en palabras que en sentimientos; están más cerca en su opinión que en su lenguaje
……
Pero si la diferencia es más asunto de opinión que de experiencia y más asunto de expresión que de opinión, ¿cómo puede suceder que los hijos de Dios discutan tan acaloradamente sobre este punto? Se pueden mencionar varias razones. La principal es la falta de comprensión del uno para el otro, defendiendo a diestra y siniestra sus opiniones y formas particulares de expresión.
Con el fin de evitar esto, por lo menos hasta cierta medida, para que podamos comprendernos mutuamente sobre este particular, procuraré demostrar, con la ayuda de Dios: En qué consiste la justicia de Cristo.

La justicia humana de Cristo pertenece a su naturaleza humana, puesto que él es el mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre. Esta puede ser interna o externa. Su justicia interna es la imagen de Dios estampada en cada poder y facultad de su alma. Es una copia de su justicia divina, en cuanto puede ser impartida a un espíritu humano. Es una copia de la pureza, la justicia, la misericordia y la verdad divinas. Incluye amor, reverencia y sumisión a su Padre; humildad, mansedumbre y modestia; amor a la humanidad y todos los otros atributos santos y celestiales en su más alto grado, sin defecto o mezcla de injusticia.

La más pequeña parte de su justicia externa fue que no hizo nada malo, que no conoció pecado de ninguna clase, que no se halló engaño en su boca; que nunca dijo una palabra impropia o cometió una mala acción. Hasta aquí es solamente una justicia negativa, pero una justicia que nunca nadie, nacido de mujer, ha poseído, excepto nuestro Salvador. Pero su justicia externa fue positiva también. El hizo todas las cosas bien. En cada palabra de su boca, en cada obra de sus manos, hizo precisamente la voluntad del que lo envió. En todo el transcurso de su vida hizo la voluntad de Dios en la tierra como los ángeles la hacen en el cielo. Todo lo que hizo y habló fue perfecto en todas las circunstancias. Su obediencia fue perfecta en su totalidad y en cada una de sus partes. El cumplió toda justicia.

Pero su obediencia implicaba más que todo esto. Implicaba no únicamente hacer, sino sufrir. Sufrir la completa voluntad de Dios a partir del tiempo de su venida al mundo hasta el momento en que llevó el mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, hasta que haciendo completa expiación por ellos habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. Esta es generalmente llamada la justicia pasiva de Cristo; la anterior, su justicia activa.

Pero así como la justicia activa y pasiva de Cristo nunca se separaron, tampoco nosotros debemos separarlas ahora ni en nuestras palabras ni en nuestro pensamiento. Es en referencia a éstas dos, juntamente, por lo que Jesús es llamado «Señor, justicia nuestra».

*Predicado el domingo 24 de noviembre de 1765, en la Capilla Seven Dials, de la calle West.
La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 2 N° 17

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Obra “Reflexiones sobre la Esclavitud“ extraemos:

“Por esclavitud, quiero referirme a la esclavitud doméstica, o sea la relación de un sirviente con su amo.
Un reciente e ingenioso escritor dice bien: «La variedad de formas en que se manifiesta la esclavitud, hace casi imposible expresarla apropiadamente mediante una definición. No obstante, hay ciertas propiedades que han acompañado a la esclavitud en muchos lugares, por lo cual es fácilmente distinguible de la moderada servidumbre doméstica existente en nuestro país.»*

La esclavitud implica la obligación de un servicio perpetuo, una obligación que sólo puede ser anulada mediante el consentimiento del amo. En algunos países ni siquiera el mismo amo puede revocarla sin que medie la aprobación de los jueces designados por la ley.
Generalmente otorga al amo un poder arbitrario para cualquier corrección, con tal que no afecte la vida o los miembros del cuerpo. Algunas veces aun éstos están expuestos a su voluntad, o sólo protegidos por una multa, algún castigo liviano, demasiado insignificante para contener a un amo de temperamento duro. Crea la incapacidad de adquirir cualquier cosa, excepto que sea para el beneficio del amo. Permite al amo enajenar al esclavo, de la misma manera que sus vacas y caballos. Finalmente, la esclavitud se traspasa, en toda su extensión, del padre al hijo, aun hasta la última generación.
….
Desde ese tiempo la esclavitud estaba casi extinguida hasta comienzos del siglo XVI, cuando el descubrimiento de América y de las costas occidentales y orientales de África dieron ocasión a su resurgimiento.
Surgió por intermedio de los portugueses quienes, para suplir a los españoles con hombres para labrar sus nuevas posesiones en América, capturaban negros del África que vendían como esclavos a los españoles de América.

Esto comenzó en 1508 cuando importaron los primeros negros en la isla La Española. En 1540 Carlos V, por entonces Rey de España, determinó poner fin a la esclavitud de los negros ordenando que todos los esclavos negros de los dominios españoles fueran liberados. Y esto fue debidamente llevado a cabo por Lagasca, a quien envió y dio poderes para liberar a todos con la condición de que siguieran trabajando para sus amos. Pero apenas Lagasca retornó a España, volvió la esclavitud y floreció como antes.
Posteriormente, otras naciones, a medida que consiguieron posesiones en América, siguieron el ejemplo de los españoles, y la esclavitud se arraigó profundamente en la mayoría de nuestras colonias americanas.

Tal es la naturaleza de la esclavitud, tal el comienzo de la esclavitud de los negros en América.”

*Véase la obra de Hargrave Plea for Somerset the Negro.

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Extracto de los Cartas de Juan Wesley

CARTAS | Año 2 N° 16
La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su carta al Sra. “Elizabeth Hutton”* extraemos:
Londres,
22 de agosto de 1744
Señora,
Si no tuviera otro motivo para hablar que gratitud por sus pasadas atenciones, esto bastaría para no quedarme completamente callado.

1. Los sueños y visiones nunca fueron considerados por nosotros como señales seguras de adopción. No, aunque supuestamente viniesen de Dios. Por lo tanto este error, de quién quiera que sea, no lo es mío.

2. Tampoco hemos nosotros admitido nunca que los ataques de histeria (naturales o sobrenaturales) sean una señal segura. Creemos, sin embargo, que el Espíritu de Dios, convenciendo dramáticamente al alma de su pecado, puede causar la pérdida de fuerzas en el cuerpo. Y que posibles consecuencias exteriores pueden ocurrir, pero creo que ningún ser viviente tiene suficiente capacidad para determinarlo.

3. El poder que Dios algunas veces puede permitir que el diablo tenga sobre el espíritu o el cuerpo, es de una consideración completamente diferente. Sin embargo aun en esos momentos, él puede obligar al padre de las mentiras a que hable algunas verdades, si esto sirve para la propia gloria de Dios. Pero dejemos que estos hechos hablen por sí mismos. Esas personas viven aún y ninguna de ellas es miembro de nuestra sociedad.

4. Los ataques de histeria (como usted los llama) no han disminuido. Ahora son frecuentes tanto en Europa como en América entre personas recién convencidas de su pecado. Yo, ni los patrocino ni los impido.

5. Admiro a Calvino un poco; a Lutero más; a los moravos, al Sr. Law, y al Sr. Whitefield mucho más que a aquéllos. De igual manera tengo muchas razones para estimar y amar al Sr. Hutton. Pero más que todo amo la verdad. Me parece que desde nuestras diferencias de opinión él no me ha tratado a mí con la misma gentileza como yo lo he hecho con él.

6. En cada una de las congregaciones que recuerdo haber observado en Inglaterra existía una diferencia de rangos sociales, la cual considero errónea. En nuestra capilla hay un sitio reservado para la Lady H(untingdon) hasta el Credo; si ella no llega antes de esto, cualquiera que esté cerca puede ocupar el lugar, como también cuando ella está fuera del pueblo. Creo que esta distinción hacia ella es demasiado grande. Pero en este punto yo cedo ante el juicio de mi hermano.

Nosotros no tenemos sitios de cinco chelines o dos chelines y seis peniques en la Fundición. Nunca los ha habido, y nunca los habrá. Si alguien me pide un sitio en el balcón, se le concede (no hacemos distinciones, sino sólo entre hombre y mujer). No se lo niego a nadie. Y cientos de personas tienen asientos allí sin tener que pagar nada. El primero que llega es el primero en ser servido en cualquier momento durante la predicación. Y los más pobres tienen frecuentemente los mejores asientos, porque llegaron primero.
Me alegro que usted mencionara el libro del Obispo Bull, puesto que ya había olvidado de quién era. Lo buscaré y lo enviaré. Anhelo la continuación de las oraciones suyas y del Sr. Hutton.
Su ferviente y obligado servidor,
Juan Wesley

*Elizabeth era la esposa del Rvdo. John Hutton, un “no-juring cleryman”, no prestó juramento real, lo que le valió la separación de la Iglesia de Inglaterra, y madre de James Hutton, moravo, uno de los que junto a Juan y Carlos Wesley, fundaron la Sociedad de Fetter Lane. Juan Wesley abandonó esta Sociedad en 1739. [HD]
La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Extracto de Los Diarios de Juan Wesley

DIARIO | Año 2 N° 16

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Diario extraemos:

Domingo 2 de diciembre 1743.

Estuve con dos personas que creían que estaban salvos de todo pecado. Sea así o no, ¿por qué no podemos regocijarnos en la obra de Dios, siempre que esta salvación haya sido incuestionablemente forjada en ellos?

Por ejemplo. Le pregunto a Juan C.: «¿Ora usted siempre? ¿Se regocija en Dios en todo momento? ¿Da gracias en todo?¿En caso de pérdida? ¿En el dolor? ¿En la enfermedad, en el abatimiento, en las desilusiones? ¿Desea algo? ¿No teme a nada? ¿Siente el amor de Dios constantemente en su corazón? ¿Tiene un testimonio en todo lo que habla y hace que sea agradable a Dios?»

Si puede solemnemente y deliberadamente contestar afirmativamente, ¿por qué es que no me regocijo y alabo a Dios por esa persona? Quizás porque tengo una idea muy compleja de la santidad o de lo que es una persona santificada. Así es que por temor de que esa persona no pueda obtener todo lo que incluyo en esa idea, no puedo
regocijarme en lo que ya ha conseguido.

Después de haber declarado con frecuencia la misma cosa delante de muchos testigos, hoy el Sr. Williams escribió una solemne retractación de sus graves calumnias que había propagado por muchos meses concernientes a mi hermano y a mí. Esto lo terminó en estas palabras:

Aunque no dudo que ustedes me puedan perdonar, empero a duras penas me puedo perdonar yo mismo. He sido tan desagradecido y desobediente a la bondad de amigos, quienes, a través del poder de Dios,fueron mi socorro en todas mis tentaciones….
Suplico sus oraciones en mi favor para que Dios pueda restaurar, fortalecer, establecer y colocarme en la gracia para la cual he sido llamado…
Que el Señor pueda bendecirles a usted y a su querido hermano y que todos podamos permanecer unidos en compañerismo, es la oración de quien para el futuro espera ser
Su obediente hijo y siervo
En el nombre de Cristo,
Thomas Williams

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 2 N° 16

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Sermón “Las señales del nuevo nacimiento”  extraemos:

Juan 3:8

Así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

¿De qué manera nace de Dios quien es «nacido del Espíritu», «nacido de nuevo»? ¿Qué significa «nacer de nuevo», ser «nacido de Dios», o ser «nacido del Espíritu»?

¿Qué quiere decir ser hijo o criatura de Dios, o tener el espíritu de adopción? Sabemos que, por la gran misericordia de Dios, estos privilegios generalmente se unen al bautismo, el cual nuestro Señor llama en el versículo cinco «nacer del agua y del Espíritu», pero deseamos saber en qué consisten estos privilegios. ¿Qué es el «nuevo nacimiento»?

Tal vez no sea necesario dar una definición de esta expresión, dado que las Escrituras no ofrecen ninguna, pero como el asunto es de vital importancia para todos y cada uno de los hijos de Adán, por cuanto «el que no naciere otra vez», «naciere del Espíritu», «no puede ver el reino de Dios», me propongo describir sus señales de la manera más clara posible, tal y como las encuentro en las Escrituras.

La primera señal, que constituye el fundamento de todas las demás, es la fe. San Pablo afirma: «Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús». San Juan declara: «Les dio potestad» (el derecho o privilegio) «de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre; los cuales no son engendrados», cuando creyeron, «de sangre, ni de voluntad de carne», ni por medio de la generación natural, «ni de voluntad de varón», como los hijos que adoptan los humanos y en los cuales no se obra ningún cambio, «sino de Dios». Y también en su epístola general: «Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios».

Sin embargo la fe de que hablan los apóstoles en estos pasajes no es simplemente especulativa. No es un simple asentimiento a la proposición: «Jesús es el Cristo»; ni, ciertamente, a todas las proposiciones contenidas en nuestro credo, o en el Antiguo y Nuevo Testamentos. No es simplemente «el asentimiento de que una o todas estas doctrinas son creíbles y deben creerse».

………

Todo esto no es más que una fe muerta. La fe cristiana, verdadera y libre, que posee cualquiera que es nacido de Dios, no es un simple asentimiento o un acto de comprensión, sino una disposición que Dios ha obrado en el corazón, la seguridad y confianza en Dios de que, por medio de los méritos de Cristo, nuestros pecados han sido perdonados y hemos sido reconciliados con Dios. Esto implica, primero, que la criatura renuncia a sí misma; que, con el fin de ser hallado en Cristo, ser aceptado por medio de él, completamente rechaza la confianza en la carne; que, no teniendo con qué pagar, sin confiar en sus obras ni en la justicia de ninguna clase, vino a Dios como un perdido, miserable, que se ha destruido y condenado a sí mismo; desamparado, un pecador sin esperanza, cuya boca se ha cerrado completamente y está bajo el juicio de Dios.

Ese sentido de pecado, llamado generalmente «desesperación» por quienes hablan mal de lo que no saben, junto con una convicción que no se puede expresar con palabras, de que nuestra salvación viene solamente de Cristo; ese sincero deseo de salvación, debe preceder a una fe viviente, a la seguridad de que él pagó nuestro rescate con su muerte y con su vida cumplió la ley por nosotros. Esta fe, entonces, por medio de la cual nacemos a Dios, no es únicamente una creencia en todos los artículos de nuestra fe, sino una verdadera confianza en la misericordia de Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.”

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.