Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 2 N° 18.1
 La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.
De su Sermón “Una advertencia contra el fanatismo” [Parte 2] extraemos:
 Marcos 9: 38-39
 Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a
 uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no
 nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía. Pero
 Jesús dijo: No se lo prohibáis.
¿Pero no hemos de prohibir a uno que «echa fuera demonios», si «no nos sigue»? Parece ser que tal fuera el juicio y la práctica del apóstol, hasta que refirió el caso a su Maestro. «Se lo prohibimos», dijo, «porque no nos sigue», lo cual suponía que era razón suficiente. Qué hemos de entender por esta expresión, «No nos sigue», es el próximo punto a considerar.
La interpretación menos importante que podemos dar a estas palabras es: «No tiene conexión visible con nosotros. No trabajamos en mutuo acuerdo. No es nuestro colaborador en el evangelio.» Y por cierto que cuando nuestro Señor se complace en enviar muchos obreros a su cosecha, no pueden actuar todos en conexión o en subordinación los unos con los otros. No, no pueden tener familiaridad unos con otros ni siquiera ser conocidos por los demás. Muchos estarán necesariamente en lugares diferentes de la cosecha, tan lejos de poder tener intercambio que serán absolutamente extraños entre sí, tal como si vivieran en épocas diversas. Y con respecto a cualquiera que nos es desconocido podemos decir: «No nos sigue».
Un segundo significado de esta expresión puede ser: «No es de nuestro partido.» Por mucho tiempo ha sido objeto de consideración melancólica por parte de todos los que oran por la paz de Jerusalén que tantos partidos diversos subsistan todavía entre quienes se consideran cristianos. Esto ha podido observarse particularmente entre nuestros compatriotas, que se han dividido permanentemente acerca de puntos sin importancia, y que muchas veces no conciernen a la religión. Las circunstancias más triviales han dado lugar al surgimiento de partidos diferentes, los cuales han continuado por muchas generaciones. Cada uno de estos estaría dispuesto a objetar al que está del otro lado diciendo: «No nos sigue».
Esta expresión puede significar, en tercer lugar: «Difiere de nosotros en cuanto a opiniones religiosas.»
 Hubo una época cuando todos los cristianos eran de un solo sentir y de un solo corazón. Tan grande gracia vino sobre ellos cuando fueron llenos por primera vez del Espíritu Santo. ¡Mas cuán breve fue el lapso en que continuó esta bendición! ¡Cuán pronto se perdió esa unanimidad, y la diferencia de opinión surgió nuevamente, aun en la iglesia de Cristo! Y ello no entre cristianos nominales, sino verdaderos. Más aún, entre sus jefes, los apóstoles.
 ….
 Una consecuencia probable de esto es que cuando vemos a alguien que «echa fuera demonios» será alguien que «no nos sigue», que no es de nuestra opinión. Apenas podemos imaginar que sea de nuestra opinión en todos los asuntos, menos aún en cuanto a religión. Probablemente piense de modo diferente a 24 Cf. Hch. 4.32. nosotros en varios temas de importancia, tales como la naturaleza y el empleo de la ley moral, los decretos eternos de Dios, la suficiencia y eficacia de su gracia, y la perseverancia de sus hijos.
Puede diferir de nosotros, en cuarto lugar, no sólo en opiniones, sino también en algunos aspectos prácticos.
 Puede ser que no apruebe la manera de adorar a Dios que se practica en nuestra congregación y que considere como más provechosa para su alma aquella que surgió con Calvino o con Martín Lutero. Puede tener muchas objeciones a esa liturgia que aprobamos más que a todas las otras, muchas dudas con respecto a la forma de gobierno eclesiástico que estimamos tanto apostólica como escritural. Quizás puede ir todavía más lejos que nosotros: puede, a partir de un principio de conciencia, abstenerse de varias de aquellas que consideramos ser ordenanzas de Cristo. O si ambos concordamos que son ordenadas por Dios, puede aún quedar una diferencia entre nosotros ya sea en cuanto a la manera de administrar esas ordenanzas o en cuanto a las personas a quienes deben ser administradas. Ahora bien, la consecuencia inevitable de cualquiera de esas diferencias será que quien de tal manera difiere de nosotros debe separarse con respecto a dichos puntos de nuestra sociedad.
En este sentido, por tanto, «no nos sigue»; no es, como solemos decir, «de nuestra iglesia».
Pero en un sentido mucho más enérgico, «no nos sigue» implica no solamente que es de una iglesia diferente, sino de una iglesia a la cual consideramos como antibíblica y anticristiana, una iglesia que consideramos como totalmente falsa y errónea en sus doctrinas, así como peligrosamente errada en su práctica, culpable de burda superstición y de idolatría; una iglesia que ha agregado muchos artículos a la fe que ha sido una vez dada a los santos; que ha abandonado por completo uno de los mandamientos de Dios y ha anulado varios de los restantes mediante sus tradiciones; y que pretendiendo mantener la más alta veneración por la iglesia antigua y la más estricta conformidad a ella, sin embargo ha introducido innumerables innovaciones sin ninguna autorización ni de la antigüedad ni de las Escrituras.
Con plena certidumbre, «no nos sigue» aquel que está a tan gran distancia de nosotros.
Y, sin embargo, aún puede haber una diferencia más amplia que esta. Quien difiere de nosotros en el juicio y en la práctica puede hallarse a mayor distancia nuestra en el afecto que en el juicio. Y esto es, por cierto, un efecto muy común y muy natural de lo otro. Las diferencias que comienzan como asuntos de opinión rara vez terminan allí.
 Generalmente se extienden a los afectos y entonces separan a los grandes amigos. No hay animosidades tan profundas e irreconciliables como las que surgen del desacuerdo en materia de religión. Por esta causa, los peores enemigos del hombre serán los de su casa. Por esta causa el padre se levantará contra sus propios hijos, y los hijos se levantarán contra los padres; y quizás se persigan a muerte unos a otros, pensando en todo momento que prestan un servicio a Dios. Por lo tanto, no es más de lo que podemos esperar si aquellos que difieren de nosotros tanto en opiniones como
 en prácticas religiosas contraen muy pronto dureza y hasta amargura contra nosotros; y si aumentan sus prejuicios hasta concebir una opinión tan mala de nuestras personas como de nuestros principios. Una consecuencia casi necesaria de esto será que hablarán acerca de nosotros tal cual piensan. Se colocarán en oposición a nosotros, y en cuanto sean capaces impedirán nuestra obra, puesto que no la consideran como obra de Dios, sino del hombre o del Diablo. El que piensa, habla y actúa de esta manera, en el más pleno sentido, «no nos sigue».

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 2 N° 18
La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para  nuestra edificación personal y comunitaria.
De su Sermón “Una advertencia contra el fanatismo” [Parte 1]* extraemos:
Marcos 9: 38-39
Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a
uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no
nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía. Pero
Jesús dijo: No se lo prohibáis.
En los versículos precedentes leemos que después de que los doce estuvieran disputando «quién había de ser mayor», Jesús «tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo: El que reciba en mi nombre a un niño como éste, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí (solamente) sino al que me envió.» Entonces, «Juan le respondió» (esto es, con referencia a lo que nuestro Señor había dicho recientemente): «Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, y se lo prohibimos porque no nos sigue».
Como si hubiera dicho: «¿Debíamos haberle recibido? Al recibirle a él, ¿te hubiéramos recibido a ti? ¿Debíamos más bien habérselo prohibido? ¿No actuamos bien en esto?» «Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis.»
El mismo pasaje es citado también por San Lucas, y casi con las mismas palabras. Pero se podría preguntar: ¿En qué nos concierne esto a nosotros? Puesto que ahora nadie «echa fuera demonios». ¿Acaso no ha sido quitado a la iglesia el poder de hacer esto por más de mil doscientos o mil cuatrocientos años? ¿Por qué entonces nos preocupa el caso aquí propuesto o la decisión de nuestro Señor al respecto?
Quizás más de lo que uno se imagina, el caso propuesto no es un caso poco común. Para que podamos obtener pleno provecho de él, me propongo mostrar, primero, en qué sentido las personas pueden, y de hecho lo hacen, «echar fuera demonios»; en segundo lugar, qué podemos entender por «no nos sigue», y, en tercer lugar, explicaré la instrucción de nuestro Señor, «no se lo prohibáis», para concluir con una deducción de todo lo tratado.
En primer lugar, mostraré en qué sentido las personas pueden, y de hecho lo hacen, «echar fuera demonios».
Para tener una visión más clara de esto hemos de recordar que, conforme al relato bíblico, así como Dios mora y obra en los hijos de la luz, así también el Diablo mora y
obra en los hijos de las tinieblas. Así como el Espíritu Santo posee las almas de los buenos, así también el espíritu del mal posee las almas de los malos. 
……
Por lo tanto, es una verdad incuestionable que el dios y príncipe de este mundo todavía posee a todo aquel que no conoce a Dios. 
….
La razón de esta diferencia es muy simple. Entonces su meta era conducir a la humanidad a la superstición. Por lo tanto, operaba tan abiertamente como le era posible. Pero su finalidad actual es llevarnos a nosotros a la infidelidad.
………
Quiere hacer que te idolatres a ti mismo, hacerte ante tus propios ojos más sabio que Dios mismo, que todos los oráculos de Dios.
Ahora bien, para lograr esto, no debe presentarse en su propia apariencia. Eso frustraría su designio. No: tiene que emplear todo su arte para hacer que niegues su existencia, hasta que te tenga bien seguro en su morada.
…..
Enceguece los ojos de su entendimiento, para que no les resplandezca la luz del glorioso evangelio de Cristo.
Encadena sus almas a la tierra y al infierno con las cadenas de sus propios viles afectos. Los ata a lo terrenal mediante el amor al mundo, el amor al dinero, al placer o a los elogios.
Y mediante el orgullo, la envidia, el odio y la venganza hace que sus almas se aproximen al infierno, actuando más seguro y sin control porque ellos para nada saben que él actúa.
¡Pero cuán fácilmente podemos conocer la causa por sus efectos! Estos son a veces burdos y palpables. Así lo eran en las naciones paganas más refinadas. No vayas más lejos que a los admirados y virtuosos romanos. Hallarás a estos, en la cumbre de sus conocimientos y su gloria, atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldades, llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades, murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia.
Los aspectos más fuertes de esta descripción son confirmados por uno a quien algunos pueden considerar como un testigo sumamente excepcional. Me refiero a su
hermano pagano, Dion Casio, quien observa que antes del retorno de César de las Galias no sólo la glotonería y las obscenidades de toda índole eran abiertas y descaradas; no sólo la falsedad, la injusticia y la crueldad abundaban en las cortes de justicia y en la vida privada, sino que los homicidios, los robos y las rapiñas más atroces eran tan frecuentes en toda Roma que pocas personas salían de sus casas sin hacer sus testamentos, por no saber si retornarían vivos.
….
El obra menos abiertamente pero no menos efectivamente en los simuladores, los chismosos, mentirosos, detractores; en los opresores y extorsionadores; en los perjuros, los que venden a su amigo, su honor, su conciencia, su patria. Sin embargo, ¡estos todavía pueden hablar de religión o de conciencia! Del honor, de la virtud, o del espíritu cívico.
Pero no pueden engañar a Satanás más que lo que pueden engañar a Dios. El también conoce a los que son suyos: y son una gran multitud, de todas las naciones y pueblos, de los cuales él tiene hoy plena posesión.
....
Por el poder de Dios que asiste a su Palabra, El trae a los pecadores al arrepentimiento: un cambio completo tanto interior como exterior, de todo mal a todo bien. Y esto es, en sentido cabal, «echar fuera demonios», fuera de las almas en las cuales hasta ahora habían morado. El hombre fuerte ya no puede guardar su casa. Uno más fuerte que él ha venido, le ha arrojado fuera, y ha tomado posesión para sí, y ha hecho de ella morada de Dios en el Espíritu.
Aquí se acaba entonces la energía de Satanás, y el Hijo de Dios destruye las obras del Diablo. El entendimiento del pecador es ahora iluminado, y su corazón dulcemente atraído hacia Dios. 
…..
Todo esto es por cierto la obra de Dios. Y es Dios solamente quien puede echar fuera a Satanás. Pero generalmente se complace en hacer esto mediante el humano, como instrumento suyo, de quien se dice entonces que «echa fuera demonios en su nombre», es decir, por su poder y autoridad. Y envía a quien él quiere enviar a hacer esta gran obra, pero frecuentemente a aquel que nadie hubiera pensado. Porque sus caminos no son como nuestros caminos, ni sus pensamientos como nuestros pensamientos. Por consiguiente, escoge a los débiles para confundir a los fuertes, a los necios para confundir a los sabios, por esta sencilla razón: para asegurarse la gloria para sí mismo, a fin de que nadie se jacte en su presencia.

*Será publicado en dos partes, la segunda parte se editará en breve.

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 2 N° 18
 La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.
De su Obra “Un estimado de la conducta contemporánea“ extraemos:
[Publicado en el año 1782]
“Hace algunos años un señor muy ingenioso publicó un trabajo con este título. En su opinión, el lujo y la holgazanería caracterizan a los ingleses de nuestro tiempo.
 Yo no diría tanto, pero coincido con él en que nunca antes se vio en Inglaterra tanto lujo y tanta holgazanería como ahora.
 Con respecto a la holgazanería, basta recordar que lo habitual para nuestros antepasados era levantarse a las cuatro de la mañana. Esta era la hora estipulada, invierno y verano, para todas las personas sanas. Las dos Cámaras del Parlamento sesionaban «a las cinco», hora quinta antemeridiana, según consta en sus Actas. Pero, ¿qué ocurre con la gente moderna hoy en día? Son contadas las ocasiones en que logran vestirse antes de las ocho o nueve de la mañana; quizás algunos no lo hacen antes de las doce.
 ¿Y qué hacen una vez levantados?
Todo el día pasan mientras gentilmente descansan ¡Muchos de ellos son tan poco aptos para el trabajo que apenas si pueden sostenerse sobre sus propios pies!
 ¡Cuántos, aun siendo jóvenes y saludables, son tan holgazanes que no quieren caminar ni montar a caballo!
 Pasan los días en total inactividad, recostados en sus carruajes--los cuales han llegado a ser sumamente accesibles.
 Ahora incluso los pequeños propietarios o comerciantes deben tener el suyo propio, aunque sólo se trate de coches abiertos. He aquí una de las importantes causas (junto con la intemperancia) de las innumerables afecciones nerviosas que padecemos. Los remedios o los baños de agua fría deninguna manera pueden reemplazar la actividad física, tan imprescindible para la salud del cuerpo como el sueño y el alimento.
Admito, también, que creció considerablemente el gusto por la extravagancia en la comida, la bebida, la vestimenta y el mobiliario. ¡Es sorprendente la variedad de comidas que se ve! Y no sólo en la mesa de los nobles, sino en cualquier fiesta como, por ejemplo, las que organiza la Asociación de Zapateros o de Sastres de una ciudad.
 ….
 ¡Cuánta extravagancia puesta de manifiesto en el costoso mobiliario de las casas de todos nuestros grandes hombres! Y, naturalmente, el lujo aumenta nuestra pereza porque nos inhabilita para cualquier tipo de ejercicio físico o mental. La pereza, por su parte, al destruir todo afán o aspiración, nos vuelca más hacia la búsqueda del lujo.
 Cuántas personas, a causa de una vida rodeada de lujos y placeres, finalmente han sucumbido a la gula y a la bebida, así como también a todas las indecencias que generalmente las acompañan.
 ……
 Sea cual fuere la situación de muchas personas de la nobleza y de la clase alta--la suma de ambos grupos no representa siquiera el veinte por ciento del total de la población-- no es cierto que la holgazanería sea la característica general--mucho menos universal--del pueblo inglés. No sólo existen caballeros y también nobles de antigua estirpe que son modelos de laboriosidad para cuantos están a su alrededor, sino que tampoco se puede negar que la gran mayoría de las personas de clase media y baja trabajan de la mañana a la noche, desde que comienza el año hasta que termina. No dudo que quienes conozcan otros pueblos no tendrán reparos en testificar que en la actualidad la mayor parte de los ingleses son tan esforzados como cualquier otra nación del planeta.
 …..
 Mucho menos exacto sería afirmar que la holgazanería es algo peculiar de la nación inglesa. ¿No existe acaso en Holanda? ¿No existe en Alemania? Ciertamente Francia tiene más que suficiente en cada una de sus regiones, pero donde la cosecha es realmente abundante es en Italia, España y Portugal. De modo que es totalmente falso afirmar que en la actualidad la holgazanería es una característica de la nación inglesa.
 …..
 Ahora bien, si no es la holgazanería y el lujo lo que caracteriza a la nación inglesa hoy, ¿qué es lo que nos caracteriza? La falta de piedad. Esto es lo que caracteriza hoy al pueblo inglés. La falta de piedad es nuestra característica universal, permanente y particular.
 No me estoy refiriendo al deísmo, es decir, la no aceptación de la religión revelada. No, un deísta es una persona respetable comparada con una persona falta de piedad. Cuando hablo de falta de piedad, me estoy refiriendo, primeramente, a una total ignorancia de Dios; segundo, un absoluto desprecio hacia él…”

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Extracto de las Cartas de Juan Wesley

CARTAS | Año 2 N° 17

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su carta al “Rvdo. Westley Hall”* extraemos:

[27-30 de diciembre de 1745]

Querido hermano:

Ahora está usted actuando como un amigo. Nuestro deseo desde hace tiempo ha sido que usted pudiera hablar libremente. Nosotros haremos lo mismo. ¡Lo que todavía no sabemos, permita Dios revelárnoslo!
…..
Usted piensa, en tercer lugar, «Que hay otras cosas que nosotros defendemos y practicamos, en contradicción abierta a las órdenes de la Iglesia de Inglaterra. Y esto usted lo juzga como una objeción justificada contra la sinceridad de nuestra profesión de adherirnos a ella.»
Compare lo que profesamos con lo que practicamos, y posiblemente juzgará de otra manera.
Profesamos:
(1) que obedeceremos todas las leyes de la Iglesia (aquellos preceptos que creemos lo sean, pero no las costumbres de las cortes eclesiásticas) siempre y cuando podamos hacerlo con la conciencia tranquila;
(2) que obedeceremos, con las mismas restricciones, a los obispos, como ejecutores de esas leyes; pero a su sola voluntad, distinta a esas leyes, no le profesamos obediencia alguna.
Indíquenos, pues, qué es lo que hay en nuestra práctica que sea una «contradicción abierta» a estas profesiones.

¿Lo es la prédica al aire libre?
De ninguna manera es esto contrario a ninguna ley que profesamos obedecer.

¿Permitir que haya predicadores laicos?
No estamos seguros de que esto sea contrario a tal ley. Pero en caso de que lo sea, ésta es una de las excepciones, las cuales no podemos obedecer con la conciencia tranquila. Por lo tanto (correctos o incorrectos en otras declaraciones) esto no constituye, sin embargo una objeción justificada en contra de nuestra sinceridad.

¿Las reglas y direcciones impartidas a nuestras sociedades?
Las cuales, dice, usted son una disciplina completamente prohibida por los obispos.
¿Cuándo y dónde algún obispo prohibió esto? Y si alguno lo hizo, ¿bajo cuál ley? No conocemos ni el hombre que en algún momento lo hizo, ni la ley bajo la cual pudiera hacer la prohibición.

¿Permitirles a las personas (pues no exigimos a nadie) «comulgar en la capilla, en contravención» (usted piensa) «a todas esas leyes que requieren a todos asistir siempre a su propia parroquia y pastor, y comulgar sólo en su mesa?»
¿Qué leyes son ésas? Nosotros no hemos podido encontrarlas. Y hasta que sean presentadas, todo lo que tan frecuentemente se dice de unidad parroquial, etc., es meramente gratis dictum* Consecuentemente, esto tampoco es una objeción justificada en contra de la sinceridad de ninguna de nuestras profesiones.

30 de diciembre de 1745.
J[uan] W[esley]

*Es común encontrar expresiones en latín en los textos de Wesley, en este caso “gratis dictum” significa “una idea sin fundamento”.

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Extracto de las Cartas de Juan Wesley

CARTAS | Año 2 N° 17

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su carta al “Rvdo. Westley Hall”* extraemos:

[27-30 de diciembre de 1745]

Querido hermano:
Ahora está usted actuando como un amigo. Nuestro deseo desde hace tiempo ha sido que usted pudiera hablar libremente. Nosotros haremos lo mismo. ¡Lo que todavía no
sabemos, permita Dios revelárnoslo!
…..
Usted piensa, en tercer lugar, «Que hay otras cosas que nosotros defendemos y practicamos, en contradicción abierta a las órdenes de la Iglesia de Inglaterra. Y esto usted lo juzga como una objeción justificada contra la sinceridad de nuestra profesión de adherirnos a ella.»
Compare lo que profesamos con lo que practicamos, y posiblemente juzgará de otra manera.
Profesamos:
(1) que obedeceremos todas las leyes de la Iglesia (aquellos preceptos que creemos lo sean, pero no las costumbres de las cortes eclesiásticas) siempre y cuando podamos hacerlo con la conciencia tranquila;
(2) que obedeceremos, con las mismas restricciones, a los obispos, como ejecutores de esas leyes; pero a su sola voluntad, distinta a esas leyes, no le profesamos obediencia alguna.
Indíquenos, pues, qué es lo que hay en nuestra práctica que sea una «contradicción abierta» a estas profesiones.

¿Lo es la prédica al aire libre?
De ninguna manera es esto contrario a ninguna ley que profesamos obedecer.

¿Permitir que haya predicadores laicos?
No estamos seguros de que esto sea contrario a tal ley. Pero en caso de que lo sea, ésta es una de las excepciones, las cuales no podemos obedecer con la conciencia tranquila. Por lo tanto (correctos o incorrectos en otras declaraciones) esto no constituye, sin embargo una objeción justificada en contra de nuestra sinceridad.

¿Las reglas y direcciones impartidas a nuestras sociedades?
Las cuales, dice, usted son una disciplina completamente prohibida por los obispos.
¿Cuándo y dónde algún obispo prohibió esto? Y si alguno lo hizo, ¿bajo cuál ley? No conocemos ni el hombre que en algún momento lo hizo, ni la ley bajo la cual pudiera hacer la prohibición.

¿Permitirles a las personas (pues no exigimos a nadie) «comulgar en la capilla, en contravención» (usted piensa) «a todas esas leyes que requieren a todos asistir siempre a su propia parroquia y pastor, y comulgar sólo en su mesa?»
¿Qué leyes son ésas? Nosotros no hemos podido encontrarlas. Y hasta que sean presentadas, todo lo que tan frecuentemente se dice de unidad parroquial, etc., es meramente gratis dictum* Consecuentemente, esto tampoco es una objeción justificada en contra de la sinceridad de ninguna de nuestras profesiones.

30 de diciembre de 1745.
J[uan] W[esley]

*Es común encontrar expresiones en latín en los textos de Wesley, en este caso “gratis dictum” significa “una idea sin fundamento”.

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.