Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 2 N° 18
La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para  nuestra edificación personal y comunitaria.
De su Sermón “Una advertencia contra el fanatismo” [Parte 1]* extraemos:
Marcos 9: 38-39
Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a
uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no
nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía. Pero
Jesús dijo: No se lo prohibáis.
En los versículos precedentes leemos que después de que los doce estuvieran disputando «quién había de ser mayor», Jesús «tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo: El que reciba en mi nombre a un niño como éste, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí (solamente) sino al que me envió.» Entonces, «Juan le respondió» (esto es, con referencia a lo que nuestro Señor había dicho recientemente): «Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, y se lo prohibimos porque no nos sigue».
Como si hubiera dicho: «¿Debíamos haberle recibido? Al recibirle a él, ¿te hubiéramos recibido a ti? ¿Debíamos más bien habérselo prohibido? ¿No actuamos bien en esto?» «Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis.»
El mismo pasaje es citado también por San Lucas, y casi con las mismas palabras. Pero se podría preguntar: ¿En qué nos concierne esto a nosotros? Puesto que ahora nadie «echa fuera demonios». ¿Acaso no ha sido quitado a la iglesia el poder de hacer esto por más de mil doscientos o mil cuatrocientos años? ¿Por qué entonces nos preocupa el caso aquí propuesto o la decisión de nuestro Señor al respecto?
Quizás más de lo que uno se imagina, el caso propuesto no es un caso poco común. Para que podamos obtener pleno provecho de él, me propongo mostrar, primero, en qué sentido las personas pueden, y de hecho lo hacen, «echar fuera demonios»; en segundo lugar, qué podemos entender por «no nos sigue», y, en tercer lugar, explicaré la instrucción de nuestro Señor, «no se lo prohibáis», para concluir con una deducción de todo lo tratado.
En primer lugar, mostraré en qué sentido las personas pueden, y de hecho lo hacen, «echar fuera demonios».
Para tener una visión más clara de esto hemos de recordar que, conforme al relato bíblico, así como Dios mora y obra en los hijos de la luz, así también el Diablo mora y
obra en los hijos de las tinieblas. Así como el Espíritu Santo posee las almas de los buenos, así también el espíritu del mal posee las almas de los malos. 
……
Por lo tanto, es una verdad incuestionable que el dios y príncipe de este mundo todavía posee a todo aquel que no conoce a Dios. 
….
La razón de esta diferencia es muy simple. Entonces su meta era conducir a la humanidad a la superstición. Por lo tanto, operaba tan abiertamente como le era posible. Pero su finalidad actual es llevarnos a nosotros a la infidelidad.
………
Quiere hacer que te idolatres a ti mismo, hacerte ante tus propios ojos más sabio que Dios mismo, que todos los oráculos de Dios.
Ahora bien, para lograr esto, no debe presentarse en su propia apariencia. Eso frustraría su designio. No: tiene que emplear todo su arte para hacer que niegues su existencia, hasta que te tenga bien seguro en su morada.
…..
Enceguece los ojos de su entendimiento, para que no les resplandezca la luz del glorioso evangelio de Cristo.
Encadena sus almas a la tierra y al infierno con las cadenas de sus propios viles afectos. Los ata a lo terrenal mediante el amor al mundo, el amor al dinero, al placer o a los elogios.
Y mediante el orgullo, la envidia, el odio y la venganza hace que sus almas se aproximen al infierno, actuando más seguro y sin control porque ellos para nada saben que él actúa.
¡Pero cuán fácilmente podemos conocer la causa por sus efectos! Estos son a veces burdos y palpables. Así lo eran en las naciones paganas más refinadas. No vayas más lejos que a los admirados y virtuosos romanos. Hallarás a estos, en la cumbre de sus conocimientos y su gloria, atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldades, llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades, murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia.
Los aspectos más fuertes de esta descripción son confirmados por uno a quien algunos pueden considerar como un testigo sumamente excepcional. Me refiero a su
hermano pagano, Dion Casio, quien observa que antes del retorno de César de las Galias no sólo la glotonería y las obscenidades de toda índole eran abiertas y descaradas; no sólo la falsedad, la injusticia y la crueldad abundaban en las cortes de justicia y en la vida privada, sino que los homicidios, los robos y las rapiñas más atroces eran tan frecuentes en toda Roma que pocas personas salían de sus casas sin hacer sus testamentos, por no saber si retornarían vivos.
….
El obra menos abiertamente pero no menos efectivamente en los simuladores, los chismosos, mentirosos, detractores; en los opresores y extorsionadores; en los perjuros, los que venden a su amigo, su honor, su conciencia, su patria. Sin embargo, ¡estos todavía pueden hablar de religión o de conciencia! Del honor, de la virtud, o del espíritu cívico.
Pero no pueden engañar a Satanás más que lo que pueden engañar a Dios. El también conoce a los que son suyos: y son una gran multitud, de todas las naciones y pueblos, de los cuales él tiene hoy plena posesión.
....
Por el poder de Dios que asiste a su Palabra, El trae a los pecadores al arrepentimiento: un cambio completo tanto interior como exterior, de todo mal a todo bien. Y esto es, en sentido cabal, «echar fuera demonios», fuera de las almas en las cuales hasta ahora habían morado. El hombre fuerte ya no puede guardar su casa. Uno más fuerte que él ha venido, le ha arrojado fuera, y ha tomado posesión para sí, y ha hecho de ella morada de Dios en el Espíritu.
Aquí se acaba entonces la energía de Satanás, y el Hijo de Dios destruye las obras del Diablo. El entendimiento del pecador es ahora iluminado, y su corazón dulcemente atraído hacia Dios. 
…..
Todo esto es por cierto la obra de Dios. Y es Dios solamente quien puede echar fuera a Satanás. Pero generalmente se complace en hacer esto mediante el humano, como instrumento suyo, de quien se dice entonces que «echa fuera demonios en su nombre», es decir, por su poder y autoridad. Y envía a quien él quiere enviar a hacer esta gran obra, pero frecuentemente a aquel que nadie hubiera pensado. Porque sus caminos no son como nuestros caminos, ni sus pensamientos como nuestros pensamientos. Por consiguiente, escoge a los débiles para confundir a los fuertes, a los necios para confundir a los sabios, por esta sencilla razón: para asegurarse la gloria para sí mismo, a fin de que nadie se jacte en su presencia.

*Será publicado en dos partes, la segunda parte se editará en breve.

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

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