Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 2 N° 20

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Sermón “El espíritu católico” [Parte 2] extraemos:

2 Reyes 10.15
Yéndose luego de allí se encontró con Jonadab, hijo
de Recab, y después que lo hubo saludado, le dijo: ¿Es tu
corazón recto como el mío es recto con el tuyo? Y Jonadab
dijo: Lo es. Pues que lo es, dame la mano. Y él le dio la
mano.

«¿Es recto tu corazón, como el mío es recto para con el tuyo?»

¿Pero qué es lo que realmente implica esta pregunta? No pregunto lo que aquí entendía Jehú, sino ¿qué debe entender por ello un seguidor de Cristo cuando la plantea a alguno de sus hermanos?
La primera cosa implicada es esta: ¿Es tu corazón recto para con Dios? ¿Crees tú en su ser, en sus perfecciones? ¿Su eternidad, inmensidad, sabiduría, poder; su justicia, misericordia y verdad? ¿Crees tú que él ahora sustenta todas las cosas con la palabra de su poder? ¿Y que él gobierna aun cada minuto, hasta el más perjudicial, para su propia gloria y para el bien de aquellos que le aman?
¿Tienes tú una evidencia divina, una convicción sobrenatural de las cosas de Dios? ¿Andas por fe, no por vista?
¿Mirando no a las cosas que son temporales, sino a las que son eternas?

¿Crees tú en el Señor Jesucristo, Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos? ¿Ha sido él revelado en tu alma? ¿Conoces a Jesucristo y a éste crucificado? ¿Mora él en ti y tú en él? ¿Está él formado en tu corazón por la fe? Habiendo descartado absolutamente tus propias buenas obras, tu propia justicia, ¿te has sujetado a la justicia de Dios, la cual es por medio de la fe en Jesucristo? ¿Has sido tú hallado en él, no teniendo tu propia justicia, sino la que es por la fe en Cristo? ¿Y estás tú, mediante él, peleando la buena batalla de la fe y echando mano de la vida eterna?

¿Es tu fe energouméne di agápes–llena de la energía del amor? ¿Amas tú a Dios? Yo no digo «sobre todas las cosas», porque es una expresión ambigua y ajena a las Escrituras, sino con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. ¿Buscas tú toda tu felicidad en él solamente? ¿Y encuentras aquello que buscas? ¿Tu alma continuamente magnifica al Señor, y tu espíritu se regocija en Dios tu Salvador? Habiendo aprendido a dar gracias en todo, ¿hallas que es suave y hermosa la alabanza? ¿Es Dios el centro de tu alma? ¿La suma de todos tus deseos? Por consiguiente, ¿estás haciendo tu tesoro en el cielo», y «tienes a todo por basura y desperdicio? ¿El amor de Dios ha expulsado al amor al mundo de tu alma? Entonces estás crucificado al mundo. Entonces, has muerto a todo lo de aquí abajo y tu vida está escondida con Cristo en Dios.

¿Estás ocupado en hacer no tu propia voluntad, sino la voluntad del que te envió? ¿La de aquel que te envió aquí abajo a peregrinar por un tiempo, a pasar unos pocos días en tierra extraña, hasta que habiendo acabado la obra que te ha encomendado hacer retornes a la casa de tu Padre? ¿Es tu comida y tu bebida hacer la voluntad de tu Padre que está en el cielo? ¿Es tu ojo puro en todas las cosas? ¿Siempre fijos en él»? ¿Siempre puestos los ojos en Jesús? ¿Le señalas a él en cualquier cosa que hagas? ¿En tus labores, en tus negocios, en tu conversación? ¿Teniendo como meta la gloria de Dios en todo? Y todo lo que haces, sea de palabra o de hecho, hazlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

¿Te obliga el amor de Dios a servirle con temor? ¿Te alegras ante él con reverencia? ¿Tienes más temor en desagradar a Dios que a la muerte o al infierno?
¿No hay nada más terrible para ti que la idea de irritar los ojos de su majestad? ¿Sobre esta base aborreces todo camino de mentira, toda transgresión de su ley santa y perfecta? ¿Y por esto procuras tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres?

¿Es tu corazón recto hacia tu prójimo? ¿Amas a todo el género humano sin excepción como a ti mismo? Si amas sólo a los que te aman, ¿qué mérito tienes? ¿Amas a tus enemigos? ¿Está tu alma llena de buena voluntad, de tierno afecto hacia ellos? ¿Amas aun a los enemigos de Dios? ¿A los ingratos e impíos? ¿Suspiran tus entrañas por ellos? ¿Puede ser que desees ser tú mismo (temporeramente) maldito por causa de ellos? ¿Y mostrar esto bendiciendo a los que te maldicen y orando por los que te ultrajan y te persiguen?

¿Muestras tu amor mediante tus obras? ¿Mientras tienes tiempo y en cuanto tienes oportunidad, haces de hecho el bien a todos los hombres, vecinos o extranjeros, amigos o enemigos, buenos o malos? ¿Les haces todo el bien que puedes, esforzándote por suplir todas sus necesidades, ayudándoles tanto en cuerpo como en alma al máximo de tus fuerzas? Si este es tu sentir, diga cada cristiano (si por cierto lo deseas sinceramente y prosigues hasta que lo alcances) que entonces «tu corazón es recto, como el mío lo es para con el tuyo».

«Pues que lo es, dame la mano.» No quiero decir: «Sé de mi misma opinión». No es necesario. No lo espero ni lo deseo. Ni tampoco quiero decir: «Yo seré de tu misma opinión». No puedo. Ello no depende de mi elección.
Yo no puedo pensar como quiera más que lo que puedo oír o ver como quiero. Guarda tú tu opinión, yo mantendré la mía; y ello, más firmemente que nunca. No necesitas esforzarte para pasarte a mi posición, ni para llevarme a mí a la tuya. No quiero que disputes acerca de estos asuntos, ni oír ni hablar una palabra acerca de ellos. Que todas las opiniones se queden cada una de su lado. Solamente «dame la mano»…..°

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 2  N° 20

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Obra “A quien no guarda el día de reposo” extraemos:

Acuérdate del sábado para santificarlo.
Exodo 20,8

¿Se han olvidado quién dijo esto? ¿Se atreven a desafiarle? ¿Acaso quieren provocar a Dios para que se manifieste como un Dios terrible? Tengan cuidado. Ustedes no son más fuertes que él. Ay del que, no siendo más que un tiesto, pleitea con su Hacedor.

Él está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas delante de él.
Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es de reposo para el Señor tu Dios. No es día de ustedes, sino el día del Señor. Él lo reclama para sí.
Siempre lo ha hecho, desde el principio de la creación. En seis días hizo Dios los cielos y la tierra y reposó el día séptimo de todo cuanto había hecho. Entonces bendijo Dios el séptimo día y lo santificó. El lo santificó, es decir, lo declaró santo y lo reservó para su servicio. Decretó que mientras duren el Sol y la Luna, los cielos y la tierra, los seres humanos deberán dedicar este día al servicio de quien dio a todos vida, aliento y todas las cosas.

¿Puede un ser humano despojar a Dios? ¿Eres tú esa persona? ¡Reflexiona, piensa! ¿Qué estás haciendo! ¿No fue Dios quien te dio todo cuanto posees? Cada día de tu vida es una dádiva suya, ¡y tú no quieres darle ninguno! ¿Pretendes negarle lo que es suyo desde siempre? El no quiere, ni puede, desistir en su reclamo. El séptimo día es del Señor: así fue desde el comienzo y así será hasta el fin del mundo. No cederá a otro sus derechos. ¡Den a Dios lo que es de Dios, ahora! ¡hoy, mientras dura el día! ¿En beneficio de quién reclama Dios este día? ¿Lo hace por su bien o por el tuyo? Sin duda, no lo hace para sí.

El no necesita de ti ni de ninguna criatura humana. Mira a los cielos. Contémplalos y considera que las nubes están más altas que tú. Si pecas, ¿qué habrás logrado contra él?
Si tus rebeliones se multiplican, ¿qué le harás tú? Y si eres justo, ¿qué le darás a él? ¿O qué recibirá de tu mano? Es, pues, por tu propio bien que Dios tu Hacedor hace esto. Por tu propio bien te llama a servirle, y por tu propio bien te pide que dediques parte de tu tiempo a quién te ha dado todo.
Acepta su amor. Mientras estés en esta tierra, aprende a alabar al Rey de los cielos. Vive este día tal como quisieras vivir aquel día que durará para siempre.

Dios nuestro Señor no sólo santificó el día de reposo sino que también lo bendijo. Cuando te olvidas de santificar el día de reposo, desprecias esta bendición convirtiéndote en tu propio enemigo. Es un día de gracia especial: el Rey de los cielos se sienta en su trono de misericordia para derramar bendiciones sobre quienes guardan este día, y su gracia es aún mayor que en los demás días. Si realmente amas tu vida, ¿cómo puedes desechar una oportunidad de ser feliz? ¡Despiértate, levántate, acepta la bendición que Dios tiene para ti! ¡Acepta esta muestra de su amor! ¡Pídele que te conceda alcanzar la riqueza de su gracia y misericordia que es en Cristo Jesús!

No sabes cuántos días más de salvación has de tener. ¡Y qué terrible sería que fuéramos llamados habiendo hecho un uso indebido de la misericordia que Dios nos ofrece!
¡Cuán grande es la misericordia que Dios tiene reservada para ti! ¡No la menosprecies! ¡Cuán grande es su bondad que ha guardado para los que le temen, delante de los hijos de los hombres! El nos ofrece una paz que el mundo no puede dar y un gozo que nadie nos podrá quitar; nos ofrece descanso para nuestras dudas, temores y tristezas, y nos ofrece amor, que es el comienzo de la eternidad. ¡Todo esto es para ti!

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Extracto de los Diarios de Juan Wesley

CARTAS | Año 2 N° 19

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su carta al  “Sr. Ebenezer Blackwell”* extraemos:

Dublín, 13 de agosto de 1747

Estimado señor

He encontrado un hogar en esta tierra extraña. Estoy en casa tanto en lo del Sr. Lunell como en la Fundición, sólo que aquí no tengo igual concurrencia ya que me encuentro con la gente en otra parte del pueblo. Por su temperamento dulce y natural, por su cortesía y hospitalidad, nunca he conocido gente como los irlandeses. Por cierto que todos con los que hablo parecen ser solamente ingleses trasladados a otras tierras; pero mejorados por el cambio, y que han dejado atrás toda su aspereza y mal genio.

Reciben la palabra de Dios con toda alegría y buena disposición mental. El peligro es que pueda no echar raíces profundas, que sea como las semillas que caen en pedregales. ¿Pero no existe también el mismo peligro en Inglaterra? ¿No lo encuentra usted en Londres? Ha recibido la palabra con alegría; y empieza a brotar; ¡pero qué pronto desaparece! No echa raíces propiamente hasta que nos convencemos de nuestro pecado interno; hasta que empezamos a sentir la completa corrupción de nuestra naturaleza. Creo que algunas veces usted se ha confrontado con algo de esto. Pero está en las manos de un buen Médico, quien, si usted se entrega a su cuidado, no solamente herirá, sino que también restaurará.

El Sr. Lunell y su familia envían sus mejores deseos a la Sra. Blackell y a usted. Su hija se regocija en Dios su salvador. Están pensado pasar el invierno en Inglaterra.

Quedo, estimado señor, su afectuoso servidor,

Juan Wesley

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

Extracto de los Diarios de Juan Wesley

DIARIO | Año 2 N° 19

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista de un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Diario extraemos:

Lunes 4 de agosto de 1746.

Recibí una carta de Yorkshire, parte de la misma son estas palabras:

“El miércoles, julio 16, visité al buen viejo Sr. Clayton*. Estaba sumamente débil y parecía como uno que no tuviera mucho más tiempo de vida.

Lo volví a visitar el lunes 21 y lo encontré muy enfermo. Me dijo que nadie más debía de haber sido admitido a visitarle; que él tenía mucho que decirme para contarle a usted y deseaba que le enviara sus saludos y le deseaba prosperidad en su piadoso trabajo.
Viendo que no podía hablar mucho, decidí salir, sin pensar que esta sería la última visita. Al regresar por estos lugares el sábado pasado, encontré que había muerto esa mañana entre dos y tres.

El lunes pasado fui a su entierro y en forma inesperada llevé el duelo de mi buen y viejo amigo. Acompañé su cuerpo hasta la sepultura. Allí observé su solemne entierro.

Mucho de sus parroquianos derramaron lágrimas, habiendo sido él un padre para los pobres. Murió muy pobre, aunque tenía una renta de cuarenta libras al año y un salario de cerca de trescientas libras por haber sido rector por cuarenta y tres años”.

*Mr. Clayton había estudiado medicina y la practicaba. Luego fue ordenado por la Iglesia Anglicana. Como Rector de Wensley tenía a dos ministros ordenados a su cargo y cinco parroquias. Dicen de él que era una persona muy hospitalaria, me lo imagino hablando con Wesley tanto de la iglesia como de medicina. Un dato para comparar, en 1752 los Predicadores Itinerantes recibían una paga de 12 libras al año. [HD]
La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 2 N° 19

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Sermón “El espíritu católico” [Parte 1] extraemos:

2 Reyes 10.15
Yéndose luego de allí se encontró con Jonadab, hijo
de Recab, y después que lo hubo saludado, le dijo: ¿Es tu
corazón recto como el mío es recto con el tuyo? Y Jonadab
dijo: Lo es. Pues que lo es, dame la mano. Y él le dio la
mano.

Es admitido, aun por quienes no pagan esta gran deuda, que se debe amar a toda la humanidad, ya que la ley soberana, «Amarás a tu prójimo como a ti mismo», conlleva su propia evidencia a todos los que la oyen. Y ello, no de acuerdo a la construcción que le colocaron encima los zelotes de antaño: «Amarás a tu prójimo» (tu pariente, tu conocido, tu amigo) «y aborrecerás a tu enemigo.» Así no.

«Pero yo os digo», dice nuestro Señor, «Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.»

Pero, por cierto, hay un amor peculiar que debemos a aquellos que aman a Dios. Al decir de David: «Para los santos que están en la tierra, y para los íntegros, es toda mi complacencia». Y según uno mayor que él: «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.» Este es el amor en el cual el apóstol Juan insiste tan frecuente y firmemente. Dice: «Este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros.» «En esto hemos conocido el amor de Dios, en que él puso su vida por nosotros. También nosotros debemos» (si el amor nos llama a ello) «poner nuestras vidas por los hermanos.» Y otra vez: «Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor».
«No que nosotros hayamos amado a Dios, sino que El nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.»

Todas las personas aprueban esto. Pero, ¿todas lo practican? La experiencia diaria muestra lo contrario.
¿Dónde están siquiera los cristianos que se aman unos a otros, como él nos lo ha mandado? ¡Cuántos estorbos yacen en el camino! Los dos impedimentos más grandes y comunes son, primero, que no todos pueden pensar lo mismo; y como consecuencia de esto, segundo, que no todos podemos andar igual; pero en varios puntos menores, su práctica debe diferir en proporción a la diferencia de sus sentimientos.

Pero aunque una diferencia en cuanto a opiniones o modos de adoración puede impedir una unión externa completa, ¿es necesario que impida nuestra unión en los afectos? Aunque no podamos pensar igual, ¿no podemos acaso amarnos igualmente? ¿No podemos ser de un mismo corazón, aunque no podamos ser de una misma opinión?

Sin ninguna duda, podemos. En esto, todos los hijos de Dios pueden unirse, a pesar de estas diferencias menores. Estas pueden quedar tal como están, y pueden estimularse los unos a los otros en el amor y las buenas obras.

Seguramente, a este respecto, el ejemplo del mismo Jehú, pese a ser un carácter tan contradictorio, es bien digno de atención e imitación por parte de todo cristiano en serio: «Yéndose luego de allí, se encontró con Jonadab, hijo de Recab; y después que lo hubo saludado, le dijo: ¿Es recto tu corazón, como el mío es recto con el tuyo?
Y Jonadab dijo: Lo es. Pues que lo es, dame la mano.»

El texto se divide naturalmente en dos partes.
Primero, la pregunta planteada por Jehú a Jonadab: «¿Es recto tu corazón, como el mío es recto con el tuyo?» En segundo lugar, la oferta efectuada de acuerdo a la respuesta de Jonadab: «Lo es.» –«Pues que lo es, dame la mano.»
……
Es posible que muchas personas buenas también ahora sustenten opiniones muy peculiares, y algunas de ellas puedan ser tan singulares como lo era Jonadab. Y es cierto, en tanto sólo conocemos en parte, que no todas las personas verán todas las cosas de la misma manera. Es una consecuencia inevitable de la presente debilidad y corto alcance del entendimiento humano que varias personas serán de diversas opiniones, en cuanto a religión como también en cuanto a la vida común. Así ha sido desde el principio del mundo, y así será hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas.

Más aún: aunque toda persona necesariamente cree que cada opinión particular que sostiene es verdadera (porque creer que cualquier opinión no es verdadera es lo mismo que no sostenerla), sin embargo nadie puede estar seguro de que todas sus opiniones, tomadas en conjunto, son verdaderas.
……..
Digo que quizás no puede saberlo. Porque ¿quién puede decir hasta dónde puede llegar la invencible ignorancia? O, lo que viene a ser lo mismo, el invencible prejuicio; el cual se fija tan a menudo en las mentes tiernas, que después es imposible arrancar lo que ha echado una raíz tan honda. ¿Y quién puede decir, a menos que conozca todas las circunstancias que corresponden, hasta dónde cualquier error es culpable?
……..
Toda persona sabia por lo tanto permitirá a otros la misma libertad de pensamiento que desea que ellos le permitan; y no insistirá en que ellos abracen sus opinionesmás que lo que admitirá que ellos insistan para que él abracelas de ellos. Tolera a quienes difieren de él, y solamente plantea a aquel con quien desea unirse en amor una sola pregunta: «¿Es recto tu corazón, como el mío es recto con el tuyo?»

*En próxima entrega editaremos la Parte 2.
La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 2 N° 19
La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.
De su Obra “A quién acostumbra hacer juramentos” extraemos:
“No juréis de ninguna manera”
Mateo 5,34
Así dijo Dios, Señor de cielo y tierra. ¿Crees que no hay Dios en este mundo? ¿Acaso no conoces a Dios ni te interesa saber de él? ¿Está Dios presente en todos tus pensamientos?
¿Crees que existe Dios? ¿Dónde? ¿Sólo en el cielo? ¡De ninguna manera! Todo lo llena su presencia. «Soy un Dios cercano», dice el Señor, «no un Dios que está lejos de ustedes. ¿Creen poder hallar un lugar secreto donde esconderse sin que yo los vea? ¿No saben que mi presencia cubre los cielos y la tierra?»
¿Adónde irás lejos de su Espíritu? ¿Adónde huirás de su presencia? Si subes al cielo, allí está Dios; si bajas al infierno, allí también está él. Si viajas impulsado por el viento de la mañana y llegas hasta el otro extremo del mar, aún allí su mano te alcanzará y su diestra te sostendrá.
Dios te está viendo ahora mismo; tiene sus ojos puestos en ti: observa tus pensamientos, te acompaña en tu andar, cuenta todos tus pasos, conoce tus caminos. El mide todas tus acciones, y conoce las palabras que están en tu mente aun antes de que tus labios las pronuncien.
¿No es cierto que todo poder en el cielo y en la tierra pertenece a Dios? ¿Acaso no sabes que él podría convertirte en polvo en este instante, mientras estás leyendo o escuchando estas palabras? ¿No sabes que tiene poder para hacerte desaparecer ahora mismo, o para ordenar que se abra la tierra y te trague? ¡No le desafíes! ¡No le provoques de este modo! ¡No te burles en su propia cara! ¿No te das cuenta de que en un instante puede disparar sus rayos y partirte en dos, o disparar sus flechas y acabar contigo? No hay nada que le impida terminar con tu vida en este momento y enviarte ya mismo, sin demora, al infierno.
¿Crees que Dios estaría obrando mal? ¿Por qué? Sólo estaría concediéndote lo que tú mismo pediste ¿Qué fue lo que dijiste en este instante? ¿No sabes que Dios te ha escuchado? Pues tú mismo le pediste que te enviara al infierno, ¡tú le pediste que condenara tu alma! Parece que te encanta la idea de ser castigado, ¿tienes prisa por vivir en el fuego eterno, por ser atormentado noche y día en las llamas sin tener una sola gota de agua para refrescar tu garganta?
¿Es esta tu oración? Yo le pido a Dios que éste no sea nunca mi destino ni el tuyo. ¡Ay, hermano, mira si Dios toma tus palabras al pie de la letra! ¿Qué sucedería si él dijera: «Sea como tú quieres»? ¿Qué harías si concediera tu deseo y te arrojara en el fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles?
Yo preferiría que fueras con Dios al paraíso, ¿no deseas tú lo mismo? ¿No crees que el cielo es mejor que el infierno? ¿No estás convencido de esto en tu interior? Pues,
entonces, corrige tu oración y pídele a Dios: «¡Salva mi alma porque he pecado contra ti! ¡Sálvame de todos mis pecados!
¡Sálvame de todo el mal que digo y hago, de mis malas actitudes y deseos! ¡Santifícame así como tú eres santo!
Señor, haz que te conozca, te ame y te sirva, ahora y siempre.»

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.