Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 3 N°3

De su Sermón “El Cristianismo Bíblico”* extraemos:

Hechos 4:31
Y todos fueron llenos del Espíritu Santo
La frase anterior ocurre también en el capítulo segundo, donde se lee: «Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.» (es decir, los apóstoles, las mujeres, la madre y los hermanos de Jesús). «Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba…y se les aparecieron lenguas repartidas como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo.»

Uno de los efectos inmediatos fue: que comenzaron a hablar en otras lenguas, de modo
que los partos, medos, elamitas y otros extranjeros que se juntaron a causa del estruendo les oían hablar en sus propias lenguas las maravillas de Dios.

En este capítulo leemos que habiendo estado los apóstoles y los hermanos orando y alabando a Dios, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo. En esta ocasión no hay ninguna señal visible semejante a la anterior; ni se nos dice que los dones extraordinarios del Espíritu Santo fuesen dados a todos o a algunos de los apóstoles–dones tales como sanidades, el hacer milagros, profecía, discernimiento de espíritus, diversos géneros de lenguas o interpretación de lenguas.

Si estos dones del Espíritu Santo han de permanecer en la Iglesia a través de las edades, y si serán devueltos o no al aproximarse los tiempos de la restauración de todas las cosas, son asuntos que no es necesario que decidamos. Lo que sí es necesario observar,
sin embargo, es que, aun en la época en que la iglesia estaba comenzando, Dios repartió estos dones con mesura. ¿Eran, en esa época, todos profetas? ¿Obraban todos milagros? ¿Tenían todos el don de sanidad? ¿Hablaban todos en diversas lenguas?

Ciertamente que no. Tal vez no había ni uno entre cada mil personas que poseyera uno de estos dones. Probablemente nadie excepto los maestros de la iglesia, y aun entre estos sólo algunos poseían los dones.
Fue, por lo tanto, para un fin más excelente que todos fueron llenos del Espíritu Santo.

Fue para darles (lo que nadie puede negar que es esencial a los cristianos de todas las épocas) el sentir que hubo también en Cristo Jesús, esos santos frutos del Espíritu sin los cuales nadie puede llamarse parte de su pueblo; para llenarlos de amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad; para llenarlos de fe (lo cual podría también traducirse como «fidelidad»), de mansedumbre y templanza; capacitándolos para crucificar la carne con sus pasiones y deseos; y como consecuencia de este cambio interior, cumplir toda santidad exterior, para andar como Cristo anduvo en la obra de la fe, el trabajo del amor y la constancia en la esperanza.

*Sermón predicado en la Iglesia de Santa María, en 1744.
La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.
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