Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 3 N° 7

De su Sermón “Sobre el sermón del Señor en la montaña” [Discurso 6] extraemos:

Mateo 6:1-15

Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los

hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no

tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.

………………..

 Muestra la necesidad de esta pureza de intención, en primer lugar, respecto de aquellos actos que por lo general se consideran como religiosos, y que en verdad lo son cuando se hacen con buen motivo. Algunos de estos actos llámanse por lo común obras de devoción; los demás obras de caridad o de misericordia. Entre las de esta última clase menciona especialmente el dar limosna. Entre las de la primera, la oración y el ayuno. Pero las direcciones dadas deben aplicarse igualmente a toda clase de obras, ya sean de caridad, ya de misericordia.

Primeramente, respecto de las obras de misericordia, «Guardaos», dijo, «de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera, no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos». «Guardaos de hacer vuestra justicia», si bien sólo menciona esto, se incluyen todas las obras de caridad, todo aquello que damos, hablamos o hacemos en provecho de nuestro prójimo; por medio de lo cual alguno reciba beneficio de alma o de cuerpo. Dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, hospedar o socorrer al extraño, visitar al enfermo o al que está en la cárcel, consolar al afligido, enseñar al ignorante, reprobar al inicuo, exhortar y alentar al bueno, y si hay alguna otra obra de misericordia, se incluye en esta exhortación.

«Guardaos de dar limosna delante de los hombres, para ser vistos de ellos». Lo que aquí se prohíbe no es meramente hacer bien delante de los demás. Esta circunstancia por sí sola–que otros vean lo que hacemos– no mejora ni empeora la acción, sino el hacerla delante de los demás «para ser vistos de ellos», con este fin, con esta sola intención. Digo «con esta sola intención» porque ésta puede ser en algunos casos parte de nuestra intención. Tal vez intentemos que algunas de nuestras acciones sean vistas, y sin embargo, pueden ser aceptadas por Dios. Podemos tener la intención que nuestra luz alumbre delante de los hombres, cuando nuestra conciencia nos testifica en el Espíritu Santo que nuestro único fin al intentar que vean nuestras obras es que glorifiquen a nuestro Padre que está en los cielos.

Pero guárdate de hacer la menor cosa teniendo por fin tu propia gloria. Si tienes deseo de obtener la gloria que viene de los humanos, todo lo que hagas con tal propósito de nada valdrá. No se hace para el Señor y él no lo acepta, y no «tendréis recompensa» por ello, de «vuestro Padre que está en los cielos».

«Cuando, pues, des limosnas, no hagas tocar trompeta de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para ser alabados por los hombres». La palabra «sinagoga»* no significa aquí un lugar de culto, sino un lugar público cualquiera, como el mercado o la bolsa.

Era una costumbre muy común entre los judíos que tenían grandes fortunas, especialmente entre los fariseos, hacer tocar la trompeta delante de ellos en los lugares más públicos de la ciudad al tiempo de ir a dar gran cantidad de limosnas. Con ello pretendían estar llamando a los pobres para recibirlas, pero el verdadero motivo era su deseo de recibir alabanzas de la gente. No sigan su ejemplo; no hagan tocar la trompeta delante de ustedes. No hagan ostentación de hacer el bien. Busquen sólo el honor que viene de Dios.

Los que buscan las alabanzas de la gente, ya tienen su galardón: no recibirán la alabanza de Dios.

 «Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha». Esta es una expresión proverbial cuyo significado es el siguiente: Hazlo de la manera más secreta que fuera posible; con tanto secreto como sea consecuente con el hecho mismo (porque no debes dejar de hacerlo–no dejes pasar ninguna oportunidad de hacer el bien, ya sea en secreto o abiertamente), y esto de la manera más eficiente que pueda darse. Porque aquí hay que hacer otra excepción: cuando estés plenamente persuadido en tu mente de que el no ocultar el bien que haces te ayudará a ti o a otros a hacer más bien, entonces no debes hacerlo en secreto; deja que tu luz se vea y que alumbre a todos los que están en casa.

 

*Había en tiempos de Wesley quien sostenía que la «sinagoga» podía ser, como aquí sugiere Wesley, un lugar público cualquiera. Otros rechazaban tal opinión.

 

 La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado

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