Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 3 N° 8

De su Sermón “Sobre el sermón del Señor en la montaña” [Discurso 7] extraemos:

Mateo 6:16-18

Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los

hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar

a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen

su recompensa.

Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu

rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas; sino a

tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto

te recompensará en público.

Desde el principio del mundo, uno de los ardides de Satanás ha sido separar lo que Dios había juntado; dividir la religión interior de la exterior; hacer que una estuviera en pugna con la otra. Y en esto ha tenido buen éxito entre aquellos que ignoraban sus maquinaciones.

En todas las épocas, muchos han tenido celo por Dios, pero no según conocimiento, y se han adherido estrictamente a la justicia que es por la ley, el cumplimiento de los deberes exteriores, pero al mismo tiempo han descuidado por completo la justicia interior, la justicia que es de Dios por la fe. Otros muchos han caído en el extremo opuesto menospreciando los deberes exteriores, y aun murmuran de la ley, y juzgan a la ley, en cuanto a que ésta enseña el cumplimiento de dichos deberes.

Por este mismo ardid de Satanás se han colocado la fe y las obras como en desacuerdo. Y muchos que verdaderamente tenían celo de Dios, han caído, si bien por corto tiempo, en una u otra trampa. Algunos han exaltado la fe a tal grado, que excluyen por completo las buenas obras, negando no sólo que sean la causa de nuestra justificación (puesto que sabemos que el hombre es justificado gratuitamente mediante la redención que es en Jesucristo), sino también que sean el fruto necesario de la fe; más aún, no dándoles ningún lugar en la religión de Jesucristo.

Otros, ansiosos por evitar este peligroso error, se han alejado lo mismo en dirección opuesta y han sostenido que las buenas obras son la causa–al menos la condición previa–de nuestra justificación, o han hablado de ellas como si fuesen el todo por el todo, la completa religión de Jesucristo.

De la misma manera, el fin y los medios de la religión se han puesto en oposición el uno con los otros.

Algunas personas, con toda buena intención, parece que hacen consistir toda la religión en asistir a los cultos de la iglesia, en tomar la Cena del Señor, en oír sermones y leer libros piadosos, olvidándose al mismo tiempo del fin de todo esto, el amor a Dios y al prójimo. Esto ha confirmado a otros en su olvido, si no en su desprecio, de los mandamientos de Dios, de los que tanto se han abusado para minar y destruir el propio fin para cuyo sostén fueron establecidos.

De todos los medios de gracia, apenas habrá otro respecto del cual hayan caído los seres humanos en mayores errores, como el que nuestro Señor menciona en las palabras del texto, a saber: el ayuno religioso. ¡Cómo han exaltado esto algunos, mucho más allá de la Escritura y la razón!*

Otros lo han menospreciado por completo, vengándose, como quien dice, al despreciarlo tanto como los otros lo han exaltado. Aquellos han hablado del ayuno como si fuera el todo por el todo; si no un fin en sí mismo, al menos infaliblemente unido con él. Estos, como si no fuera nada absolutamente; como si fuese un trabajo estéril que no tuviera relación alguna con la religión. Mientras que, evidentemente, la verdad se encuentra entre ambos extremos.**

No es el todo, pero tampoco deja de ser algo. No es el fin, pero sí es un medio precioso que lleva a ese fin; medio que Dios mismo ha establecido y por el cual, en consecuencia, cuando se usa bien, ciertamente nos dará su bendición.

 

* El propio ascetismo de Wesley, en este punto y otros, fue moderado en comparación con los ayunos rigurosos de los cartujos, cistercienses y carmelitas, o los de ascetas como Gregorio López y Pedro de Alcántara, sin llegar a mencionar los innumerables «Días de ayuno» proclamados por los parlamentos puritanos (1642-1659).

 

** Esta preferencia de Wesley por la «vía media», y en contra de todo extremismo, es característica de su tradición anglicana.

 

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

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