Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 3 N° 9

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Obra “Reflexiones sobre la disipación” extraemos:

Acaso nada sea más oportuno en estos tiempos que dedicar algunas reflexiones a este tema. Es un asunto de moda, del que se habla con frecuencia, especialmente estando en buena compañía. Hace poco, un ingenioso escritor nos brindó una monografía sobre el tema.

……..…«el amor a la disipación», dice el autor, «es el mal reinante en el día actual.» Admitiendo que lo sea, pregunto ¿qué se entiende por disipación? Algunas veces utiliza la palabra placer como un término equivalente. ¿Pero a cuál placer se refiere, al placer de los sentidos, al de las ilusiones en general, o a alguno en particular de una u otra clase? Otras veces parece dar a entender que la disipación es lo mismo que el lujo, o al menos un alto grado de éste.

Asimismo, algunas veces utiliza el amor a la diversión como si fuera lo mismo que el amor a la disipación. Pero la pregunta se repite: ¿A qué diversión se refiere? Porque las hay innumerables. Así que aun después de hablar mucho de ella, sólo tenemos una vaga, indeterminada noción de una época de disipación, una nación disipada, o de un disipado ser humano; sin llegar a tener una idea clara o distintiva de lo que significa la palabra disipación.

Quienes se contentan con una perspectiva trivial y superficial de las cosas, en términos generales pueden conformarse con la explicación de que una época disipada es cuando el grueso de la humanidad, en especial los de algún rango o posición, desperdician lo más importante de su tiempo en comer y beber, en diversiones, y en otros placeres sensoriales y de la ilusión. Ahora bien, que vivimos en una era disipada, en este sentido del término, es tan claro como que el sol brilla al mediodía. La mayoría de lo que comúnmente se denomina entretenimientos inocentes caen bajo este encabezamiento: los placeres de lo ilusorio. Por tanto, dondequiera prevalece una inclinación generalizada por estas cosas, nos encontramos con una época disipada.

Una nación disipada es aquélla donde el pueblo en general está aficionado con vehemencia a los placeres sensoriales y a los de lo ilusorio. El pequeño vulgo en Inglaterra se encuentra ahora apasionadamente aficionado a los más bajos placeres de los sentidos y la ilusión, en tanto el alto vulgo está igualmente entregado a lo que considera ser de un grado más elevado. En el interín ambos son igualmente disipados aunque de modos diferentes, y así lo es en verdad cada hombre y mujer que está apasionadamente sujeto a los placeres externos.

Pero sin detenermos más tiempo en la superficie de las cosas, exploremos el asunto a fondo….

El ser humano es un espíritu inmortal, creado a la imagen y para el gozo de Dios. Esta es la finalidad, la única finalidad de su ser. No existe para ningún otro propósito.

Dios es el centro de todos los espíritus, y en tanto estén unidos a él, son sabios, santos y felices; pero en la misma medida en que están separados de él, son necios, impíos e infelices. Esta desunión con Dios es la esencia misma de la disipación humana, que no es otra que la desvinculación de los pensamientos y el afecto de la criatura para con su Creador. Por lo cual la inclinación por los goces sensuales de cualquier clase, el amor a lo insensato, a los placeres irracionales, a las diversiones frívolas, al lujo, la vanidad, y mil deseos y caprichos tontos, no son en sí propiamente la disipación, sino sus frutos; los efectos naturales de estar desvinculados del Creador, del Padre, del centro de todos los espíritus inteligentes.

Es contra estas cosas que el Apóstol advierte en su consejo a los cristianos de Corinto: «Esto lo digo para que sin impedimento os acerquéis al Señor» (1Co.7,5). Podría muy bien traducirse, sin disipación, sin tener sus pensamientos desvinculados de Dios. Tener nuestros pensamientos y afectos centrados en Dios, es lo más sencillamente cristiano, el tenerlos de alguna manera descentrados de Dios es la disipación. En el sentido real de las cosas y a la vista de Dios, el Juez de todo, poco importa si un ser humano es mantenido en un estado de disipación respecto de Dios por coronas e imperios, y riquezas de oro y plata, o por los naipes, el baile, la bebida, la vestimenta, los amoríos y disfraces u otras fruslerías.

Por ende, en su misma raíz, la disipación es la separación de Dios; en otras palabras ateísmo, o el estar sin Dios en el mundo (Ef. 2,12). Es el lado negativo de la impiedad. Y en este verdadero sentido del término, por cierto, Inglaterra es la nación más disipada que se pueda encontrar bajo el cielo.

 

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

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