Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 3 N° 9

De su Sermón “Sobre el sermón del Señor en la montaña” [Discurso 8]  extraemos:

Mateo 6.19-21(23)

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y

el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan;

sino haceos tesoros en cielo, donde ni la polilla ni el

orín corrompen, y donde los ladrones no minan ni hurtan.

Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará

también vuestro corazón…

¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Cuando los discípulos se sorprendieron al oír a nuestro Señor hablar así, lejos de retractarse él repitió la misma verdad importante en términos más enérgicos: «Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios». ¡Cuán difícil es para aquellos cuyas palabras todas reciben aplausos, no considerarse como sabios! ¡Cuán difícil es dejar de creer que son mejores que esa muchedumbre de personas pobres, bajas, sin educación! ¡Qué difícil no los de ojo, o las vanidades de la vida! Oh ricos, ¿cómo escaparéis de la condenación del infierno? ¡Sólo para con Dios todas las cosas son posibles!

No necesitamos sino abrir los ojos para ver diariamente las tristes pruebas de todo esto: personas que, anhelando y procurando hacerse ricas, codiciando el dinero, que es la raíz de todo mal, han traspasado sus corazones de muchos dolores y anticipado el infierno a donde se encaminan…. Las riquezas, a pesar de que son peligrosas, no siempre hunden a los hombres en destrucción y perdición. Pero el deseo de las riquezas sí: los que con toda conciencia las desean y deliberadamente procuran obtenerlas, ya sea que ganen el mundo o no, infaliblemente pierden sus propias almas. Esos son los que venden en una cuantas piezas de plata u oro al que los rescató con su sangre; esos los que hacen un pacto con la muerte y el infierno, el cual pacto permanecerá. Pues diariamente se están haciendo dignos partícipes de la herencia del diablo y sus ángeles.

¿Quién amonestará a esta generación de víboras a huir de la ira venidera?…. Empero si hay en la tierra algún cristiano, si hay alguna persona que haya vencido al mundo, que sólo desee a Dios y no tema sino a aquel que puede matar el cuerpo y echar el alma en el infierno, tú, oh hombre de Dios, clama a voz en cuello, no te detengas, alza tu voz como trompeta. Grita en voz alta y muestra a estos honorables pecadores la condición tan desesperada en que están. Tal vez si haya un alma entre mil que quiera escuchar, que se levante y sacuda el polvo; que rompa esas cadenas que ahora la sujetan a la tierra y al fin se haga tesoros en el cielo.

….

Por cierto, la mayor torpeza que puede cometerse en la vida es buscar la felicidad en las riquezas. ¿No estás persuadido de esto? ¿Será posible que aun esperes encontrar la felicidad en el dinero o en las cosas que proporciona?

¿Podrán acaso la plata, el oro, las comidas y las bebidas, los caballos, los sirvientes, los ropajes deslumbrantes, las diversiones y los placeres (así llamados) hacerte feliz? ¡No pueden darte la felicidad como no pueden hacerte inmortal!

….

A ustedes pues, los ricos de este siglo, les mandamos, puesto que tenemos autoridad de nuestro gran Señor y Maestro, que perseveren en hacer el bien; que constantemente hagan buenas obras. Sean misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso, quien hace el bien y no se cansa. ¿Hasta dónde deben ser misericordiosos? Hasta donde alcancen sus fuerzas, con todo el poder que Dios les haya dado. Sea ésta su única norma para hacer el bien y no las vanas máximas y costumbres del mundo. Les mandamos, que sean ricos en buenas obras. Si poseen mucho, den con abundancia: de gracia recibisteis, dad de gracia, atesorando sólo en el cielo. Sean prontos para repartir a cada cual de acuerdo a sus necesidades. Distribuyan, den a los pobres, den pan al hambriento, vistan al desnudo, hospeden al extranjero, lleven o manden auxilios al que está en la cárcel. Curen al enfermo, no por milagros, sino por la bendición de Dios sobre la oportuna ayuda que ustedes presten. Permite que la bendición de aquel que estaba listo a morir de necesidad te alcance. Defiende al oprimido, aboga por la causa de los huérfanos y haz que se alegre el corazón de la viuda.

Les exhortamos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que compartan con buena voluntad, koinonikoús eînai; que tengan el mismo espíritu (si bien no la misma condición exterior) de aquellos creyentes de los tiempos antiguos, quienes perseveraban firmes en tê koinonía, en esa bendita y santa comunión, en la que ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosa en común. Sean mayordomos buenos y fieles de Dios y de los pobres, diferenciándose de ellos sólo en estas dos circunstancias, que tienen todas sus necesidades satisfechas con la parte que les ha tocado de los bienes del Señor, y que además tienen la bendición de dar. Atesoren, pues, buen fundamento, no para el mundo presente, sino para el tiempo por venir, echen mano a la vida eterna.

………

Haciendo constantemente y con celo toda clase de buenas obras, espera esa hora feliz cuando el Rey habrá de decirte: «Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis; desnudo, y me cubristeis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí». «Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo».

 

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

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