Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 3 N° 10

De su Sermón “Sobre el sermón del Señor en la montaña” [Discurso 9.1]  extraemos:

Mateo 6:24-34

Ninguno puede servir a dos señores; porque o

aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y

menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las

riquezas.

Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida,

qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro

cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el

alimento, y el cuerpo más que el vestido?…..

“…¡Cuán inútil es para cualquier persona ese propósito, intentar servir a dos señores! ¿Acaso no es fácil prever cuál será la consecuencia inevitable de semejante intento? «Porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro». Las dos partes de esta oración, aunque son proposiciones diferentes, deben entenderse en conexión una con la otra ya que la última es consecuencia de la primera. Naturalmente la persona se entregará a aquél a quien ama. Se aferrará a él y lo servirá de corazón, con lealtad y diligencia. Y al mismo tiempo llegará a despreciar al señor que aborrece de tal suerte que tendrá en poca estima sus mandamientos, y aun cuando llegara a obedecerlos, lo hará con ligereza y descuido. Por tanto, sin importar lo que puedan creer los sabios de este mundo, no podéis servir a Dios y a mamón.

Mamón era el nombre de uno de los dioses paganos cuyo dominio eran las riquezas. En este contexto debemos entenderlo como la riqueza en sí, oro y plata, o como dinero en general, que en sentido figurado incluye todo lo que el dinero puede comprar: comodidad, honor y placer sensual.

Pero ¿qué debemos entender por servir a Dios y qué por servir a mamón?

No podemos servir a Dios si no creemos en él. Este es el único y verdadero fundamento de nuestra adoración.

Por lo tanto, creer que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, creer en él como un Dios de amor y perdón, es el primer gran paso para adorarle.

Y así creer en Dios significa confiar que él es nuestra fortaleza, que separados de él nada podemos hacer. El es quien a cada instante nos concede el poder de lo alto sin el cual nos resultaría imposible complacerle. El es nuestro auxilio, nuestro único auxilio en tiempo de tribulación; nos rodea con cánticos de liberación. El es nuestro escudo, nuestro defensor. El levantará nuestra cabeza sobre los enemigos que nos rodean.

Creer en Dios significa confiar en él como nuestra alegría; como el centro de todo espíritu, el único descanso para nuestras almas, el único bien para todas nuestras capacidades, quien puede satisfacer todos los deseos que él mismo ha puesto en nosotros.

Significa (en estrecha relación con lo anterior) confiar en Dios como nuestro fin; dirigir nuestra mirada a él en todas las cosas; utilizar todas las cosas sólo para deleitarlo; dondequiera estemos, hagamos lo que hagamos, sentir su presencia invisible mirándonos complacido, y presentarle todo a él en Cristo Jesús.

De modo que lo primero que debemos entender como parte de nuestro servicio a Dios es creer en él. Lo segundo es amarlo”.

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

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