Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 3 N° 12

De su Sermón “Sobre el sermón del Señor en la montaña” [Discurso 10.1]  extraemos:

Mateo 7:1-5

No juzguéis, para que no seáis juzgados.

Porque con el juicio con que juzgáis, seréis

juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.

¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu

hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?

¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja

de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?

¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y

entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.

En la primera parte de este capítulo, Jesús señala cuáles son los obstáculos más serios y frecuentes para alcanzar esta santidad. En la última parte, nos exhorta de diferentes maneras a vencer todos los obstáculos para alcanzar el premio del supremo llamamiento de Dios.

El primer obstáculo contra el cual nos alerta es el juzgar a otros: «No juzguéis, para que no seáis juzgados».

No juzgues a otros para que el Señor no te juzgue a ti, para que la venganza no caiga sobre tu propia cabeza. «Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido»–por medio de esta regla simple y equitativa Dios permite que nosotros mismos determinemos cómo nos tratará Dios el día del juicio.

Contando desde el instante en que por primera vez nos arrepentimos y creímos en el evangelio hasta el momento en que llegamos a ser perfeccionados en el amor, no existe período ni etapa en la vida en que algún hijo de Dios pueda prescindir de esta advertencia. Nunca faltan ocasiones propicias para juzgar a otros y las tentaciones que se presentan son innumerables. Muchas de ellas aparecen tan hábilmente disfrazadas que caemos en pecado sin siquiera haber sospechado el riesgo, y los daños que esto provoca son imposibles de enumerar. Siempre resulta dañado el que juzga a otro, porque al hacerlo hiere su alma y se expone al juicio de Dios; pero a menudo también resultan dañados quienes son juzgados, porque bajan los brazos, pierden las fuerzas y ven obstaculizado su camino; tal vez a causa de esto salgan completamente del camino y retrocedan hasta su perdición. Sí, con frecuencia cuando brota alguna raíz de amargura muchos son contaminadospor causa de los cuales el camino de la verdad es blasfemado, y también es blasfemado el preciado nombre por el cual fuimos llamados.

Pues lo que hacen es condenar a quienes deberían imitar a fin de justificarse a sí mismos. Dedican su tiempo a descubrir faltas en su prójimo en lugar de corregir las suyas propias. Se preocupan tanto por otras personas que se desvían del camino, que ellos mismos nunca llegan a transitarlo, o al menos nunca avanzan, nunca van más allá de una apariencia de piedad; una piedad muerta, sin fuerza.

A ellos fundamentalmente están dirigidas las palabras de nuestro Señor «Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano», las inseguridades, los errores, la imprudencia, la debilidad de los hijos de Dios, «y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?» No te das cuenta de esa condenable falta de penitencia, de esa soberbia satánica, esa maldita obstinación, ese idolátrico amor por el mundo que están dentro tuyo, y que hacen que toda tu vida sea abominable para el Señor. Pero lo más importante, ¡con qué irresponsabilidad e indiferencia bailas al borde mismo de la boca del infierno! Y cómo, luego, con qué autoridad, decencia o modestia dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo–el excesivo celo de Dios, el absoluto renunciamiento, el desentenderse de preocupaciones y trabajos mundanos, el deseo de estar en oración noche y día, o de escuchar palabras de vida eterna–¡Y he aquí la viga en el ojo tuyo! No una «paja» como alguna de estas mencionadas. ¡Hipócrita! Pretendes preocuparte por los demás y no te preocupas ni por tu propia alma; haces alarde de tu celo por la causa de Dios, cuando en verdad ni le amas ni le temes. Saca primero la viga de tu propio ojo. Saca la «viga» de la impenitencia. Conócete a ti mismo.

Reconoce que eres un pecador; que tus entrañas son maldad, que eres corrupto y abominable y que la ira de Dios está sobre ti. Saca la «viga» de la soberbia. Aborrécete a ti mismo; húndete en polvo y ceniza. Considera lo pequeño, mezquino, malo y vil que eres. Saca la «viga» de la obstinación. Aprende qué significan las palabras «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo». Niégate a ti mismo y toma tu cruz cada día….. ¡Reconoce que eres un pobre y vil gusano arrastrándote con tus culpas sobre el borde de un abismo! ¿Quieres saber qué eres? Un pecador nacido para morir, una hoja que se lleva el viento; eres como vapor pronto a desaparecer, apenas aparece se disipa en el aire y ya no se lo ve más. Primero debes ver todas estas cosas y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano. Sólo cuando te hayas librado de tus propios males, entonces sabrás cómo corregir a tu hermano.

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Anuncios

2 thoughts on “Extracto de los Sermones de Juan Wesley

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s