Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 3 N° 13

De su Sermón “Sobre el sermón del Señor en la montaña” [Discurso 10.2]  extraemos:

Mateo 7:7-12

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca,

halla; y al que llama, se le abrirá.

¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide

pan, le dará una piedra?

¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?

Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas

dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que

está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?

Así que, todas las cosas que queráis que los

hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros

con ellos; porque esto es la ley y los profetas.

Si todos tus argumentos y toda tu persuasión fracasan, aun queda otro recurso, un recurso que suele resultar eficaz cuando ningún otro método da buenos resultados. Es la oración. Por lo tanto cualquier cosa que desees o necesites, ya sea para otros o para tu propia alma, Pide, y se te dará; busca, y hallarás; llama, y se te abrirá.

Ignorar esto es el tercer gran obstáculo en nuestro camino hacia la santidad. Aun así no tenemos porque no pedimos.

¡Cuánto más tolerantes y amables, cuánto más humildes de corazón podríamos haber sido este día si tan sólo lo hubiésemos pedido! ¡Cuánto más amor hubiéramos brindado a Dios y a las demás personas si nos hubiésemos mantenido constantes en la oración!

Así que ahora, al menos pide, y se te dará. Pide poder experimentar plenamente y practicar con perfección la religión que nuestro Señor describió de modo tan bello. Y se te dará la posibilidad de ser santo como él es santo, en toda tu manera de vivir. Busca de la manera que él nos instruyó, escudriñando las escrituras, escuchando su Palabra, meditando en ella, haciendo ayuno, participando de la Cena del Señor, y seguramente hallarás. Hallarás una perla preciosa, esa fe que ha vencido al mundo, esa paz que el mundo no puede dar, las arras de nuestra herencia.

Golpea: continúa en oración, y cumple con todas las cosas que el Señor instruyó. No dejes que tu mente se canse o desfallezca. Prosigue a la meta. No te rindas ante una negativa; no le dejes ir si no te bendice. Y te serán abiertas las puertas de la misericordia, de la santidad, del cielo mismo.

Compadeciéndose de la dureza de nuestros corazones, tan remisos a creer en la bondad de Dios, nuestro Señor tuvo a bien extenderse sobre este punto, repitiendo y confirmando lo que ya había dicho: «Porque todo aquél que pide, recibe», de modo que nadie quede fuera del alcance de su bendición; «y el que busca», todo aquel que busca, «halla» el amor y el rostro de Dios. «Y al que llama», a todo aquel que llama, se le abrirán las puertas de la justicia. No hay aquí, pues, motivo para que alguien se desanime pensando que pedirá, buscará o golpeará en vano.

Sólo debemos recordar que es necesario orar siempre, buscar, golpear, y no desmayar. Entonces la promesa se mantendrá firme, tan firme como las columnas del cielo, o más firme aun porque el cielo y la tierra pasarán, pero sus palabras no pasarán.

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

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