Extracto de las Cartas de Juan Wesley

CARTAS | Año 3 N°13

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De la carta al Sr.  “James Knox” extraemos:

Sligo, 30 de mayo de 1765

Estimado señor,

Probablemente ésta sea la última molestia de este tipo que usted recibirá de . Si la recibe en el mismo espíritu con el cual está escrita, me alegraría. Si no, mis credenciales están con el Altísimo. No quería que se le entregara esta carta hasta que me fuera, para que usted no pensara que necesito algo de usted. Por la bendición de Dios no necesito nada, sino solamente que usted sea feliz en el tiempo y en la eternidad.

Sin embargo, no puedo sino recordar la visión clara que usted tenía en cuanto a la naturaleza del verdadero cristianismo bíblico. Usted veía lo que significaba la religión del corazón, y su puerta, la justificación. Usted tenía deseos sinceros de ser partícipe de la bendición completa del evangelio. Y demostró la evidencia de la sinceridad de esos deseos por los pasos que tomó con su familia. Así que en todas las cosas se apresuraba por ser no un casi cristiano sino un cristiano completo.

¿Dónde está esa visión ahora? ¿Ve usted ahora que la verdadera religión no es una cosa negativa o externa, sino la vida de Dios en el alma, la imagen de Dios estampada en el corazón? ¿Ve usted ahora que, para lograr esto, somos justificados libremente por la redención que está en Cristo Jesús? ¿Dónde están los deseos de esto que una vez usted sintió, el hambre y la sed de justicia? ¿Y dónde están las marcas externas de un alma que gime por Dios y que rehusa ser consolada con algo menos que su amor?

Dirá usted, «Pero si hubiese continuado en ese camino, hubiera perdido mis amigos y mi reputación.» En parte es cierto. Hubiese perdido la mayoría de aquellos amigos que ni aman ni temen a Dios. ¡Pérdida feliz! Estos son los que le hacen más daño que todo el resto del mundo.

Estos son los que, si alguna vez quiere ser usted un cristiano verdadero, tiene que evitar como evitaría el fuego del infierno. «Pero luego me censurarán.» Así lo harán. Dirán que usted es un sonso, un loco, y así por el estilo. ¿Pero qué habrá perdido con eso? Porque el Espíritu de la gloria y de Cristo descansará sobre usted. «Pero me hará daño en mis negocios.» Supongamos que lo haga; en tal caso el favor de Dios suplirá mucho. Pero probablemente no lo hará. Porque los vientos y los mares están en las manos de Dios, además de los corazones humanos. «Pero es inconsistente con mi deber a la Iglesia.» ¿Puede un hombre razonable hablar así?

¿Y hablar así con sinceridad? ¿No es más bien la Iglesia un reflejo de la imagen de Dios? Realmente, si usted quiere decir «inconsistente con mi deseo de agradar a éste o aquel clérigo», lo acepto. ¡Deje usted que se sienta satisfecho o no! ¡Agrade usted a Dios! ¿Pero es que estos clérigos son la Iglesia? A menos que sean santos, que sinceramente aman y sirven a Dios, no son ni siquiera miembros de la Iglesia; no son ninguna parte de ella. A menos que prediquen las doctrinas de la Iglesia contenidas en sus Artículos y Liturgia, no son ministros verdaderos de la Iglesia, sino que comen su pan y le sacan las tripas.

«Pero no dejaré la Iglesia.» No lo hará nunca por consejo mío. Le aconsejo que no pierda ninguna oportunidad de asistir a los servicios de la iglesia, de recibir la Cena del Señor, y de mostrar su lealtad a todos sus oficios. Le aconsejo que constantemente siga toda su doctrina en cada parte de ella; particularmente en cuanto a los dos puntos fundamentales, la justificación por la fe y la santidad. Pero, sobre todo, no puedo sino suplicarle sinceramente que no descanse hasta que experimente lo que enseña; hasta que (para resumirlo todo en una palabra) Dios «purifique los pensamientos de su corazón por la inspiración de Su Espíritu Santo», para que usted pueda «amarle perfectamente y magnificar dignamente su santo nombre».

A menos que esto se haga, ¿qué provecho sacará en incrementar su fortuna, preservar la buena reputación, ganar el favor de los clérigos más eruditos, los más ingeniosos, los más honorables en el reino? ¿Qué aprovechará al hombre si ganare todas estas cosas, y perdiere su propia alma?

Yo sé que para Dios todo es posible. Por lo tanto es posible que usted acepte esto con bondad. Si lo hace, esperaré recibir una carta suya dirigida a la casa del Sr. Beauchamp en Limerick. Si no, olvídelo, hasta que nos encontremos en el juicio de Cristo.

Quedo de usted, estimado señor, su siervo afectuoso

Juan Wesley

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

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