Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 3 N° 15

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

 

De su Obra “Direcciones para la renovación del pacto con Dios”. Indicaciones Preliminares.  [Segunda Entrega]  extraemos:

Dos cosas tienen que proveerse para que un pecador pueda venir a Cristo: 1. Un profundo reconocimiento de su pecado y miseria. 2. Un absoluto sentimiento de desesperación de sí mismo.

  1. Un profundo reconocimiento de su pecado y miseria.

Ningún ser humano puede apreciar a un Salvador, si no se considera a sí mismo como pecador. El sano no necesita médico. Por esta razón se dice que el Espíritu de Dios, cuando venga a convertir al mundo, en primer lugar «convencerá al mundo de pecado», Jn. 16.8. El convencerá al mundo de pecado, mostrará que son pecadores trayendo su pecado delante de sus ojos, trayendo sus pecados a sus conciencias y haciéndoles verse a sí mismos como la más vil y abominable de las criaturas. El pecado se esconde de los ojos del pecador con toda su violencia y monstruosidad.

Pero el Espíritu de Dios quita el manto que lo cubre y hace que el pecado aparezca. Hace que todos los dioses de los pecadores aparezcan como diablos trayendo la negrura e inmundicia del pecado a la luz, y hace al pecador sentirse sucio y abominable. Además, presenta la culpa del pecado, presenta a todos estos diablos como atormentadores del pecador, llenándole de temor y terror y asombro. En este respecto es llamado el Espíritu de Esclavitud que trae temor y perturbación al corazón. El despertar del Espíritu en un pecador es como despertar en el infierno: ¡Señor, quién soy yo! ¿Qué significan estas legiones alrededor de mi? ¿Este rollo negro delante de mis ojos, estas maldiciones, ira y ayes. Señor, ¿en dónde estoy? ¿He estado gozando, alegrándome y buscando el placer, y mi alma se encuentra en esta condición? Pero no hay esperanza de escapar de esta miserable condición. No puedo seguir así. Soy muerto si continúo así. ¿Qué puedo hacer para ser salvo?

Cuando el pecador llega este punto podría, en alguna forma, recibir a Cristo. Sin embargo no es esto lo que necesita en este momento, necesita ser traído a:

  1. Un absoluto sentimiento de desesperación de sí mismo y de todas las cosas, menos Cristo. Al reconocer su pecado y el peligro en que se encuentra, el pecador buscará ayuda y liberación, pero buscará por todas partes antes de buscar a Cristo. Nada traerá a un pecador a Cristo sino una absoluta necesidad.

Procurará abandonar sus pecados, procurará dejar el vicio del alcohol y ser sobrio, sus adulterios y ser casto y ver si así puede escapar. Irá a las reuniones de oración, a escuchar los sermones y participará de los sacramentos y buscará si hay salvación en todo esto. Pero estos medios, aunque útiles hasta cierto punto, si no busca más adelante, el pecador encontrará que no hay ayuda en ellos. Su propia rectitud no le puede ayudar; no es sino trapos de inmundicia. Sus deberes no le pueden ayudar; no son sino cisternas vacías. Todo le dice: «Llamas a la puerta equivocada. La salvación no está en nosotros.» «Bueno», el Señor tenga misericordia de mí», dice el pecador. «¿Qué haré? Seguir como estoy, no me atrevo y no se qué hacer.

Mi oración no me ayudará. Los sermones no me ayudarán. Si doy todos mis bienes a los pobres y si doy mi cuerpo para ser quemado, nada de esto salvará mi alma. Ay de mí, ¿qué puedo hacer? ¿A dónde puedo ir?»

Tras ser traído a esta angustia, a este sentido de completa perdición, su desesperación le lleva a la única

puerta de esperanza que permanece abierta. Entonces Cristo será aceptable, cuando ve que nadie sino Cristo puede ayudarle. El Apóstol nos dice: «Estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada», Gá. 3.23.

Todas las otras puertas estaban cerradas para nosotros. No había esperanza de escapar, sino por la única puerta que permanecía abierta: «La fe que iba a ser revelada». Como los sitiados en una ciudad que tiene todas las puertas bloqueadas y solamente un difícil pasaje por el cual sería posible escapar, por allí salen buscando salvación para sus vidas; caminan por esa puerta, que, si hubiera habido otra, nunca hubieran venido a ella.

Como Cristo no será aceptado por el pecador de otro modo, así tampoco el pecador será recibido por él hasta que abandone todos sus otras ayudas y confíe en él solamente. Cristo no aceptará ayuda alguna en la obra de salvar almas. «Si me buscas a mí, deja ir a éstos», (Jn.18,8) dijo en otra ocasión. Abandona no únicamente tus pecados, sino también tu rectitud y todo refugio de mentiras en las que has confiado hasta ahora. Abandona todo completamente si deseas que yo sea tu refugio. Yo no he venido a buscar los justos, porque si a éstos buscara no vendrían a mí o, si vinieran, que se vayan como ellos vinieron, que se vayan confiando en su propia rectitud como lo han hecho, y que vengan a mí los pecadores desnudos, destituidos, afligidos.

Yo he venido con el fin de buscar y salvar a los perdidos.

 

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado

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