Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 3 N° 17

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

 

De su Obra “Un discurso a los clérigos”, [Primera Entrega] extraemos:

Hermanos y padres:

Suplico que no se considere un atrevimiento, vanidad o presunción que uno de poca estima en la iglesia se atreva a dirigir estas palabras a un grupo de personas, a varias de las cuales les debe la más alta reverencia.

….

Mientras tanto, ustedes son sensatos y saben que el amor no impide, sino más bien requiere, franqueza al hablar.

Con el fin de rendir esa cuenta con gozo, hay dos cosas sumamente importantes que considerar: Primero, ¿Qué clase de hombres debemos ser? Segundo: ¿Lo somos o no lo somos?

Primero, si somos sobreveedores de la iglesia de Dios, a la que ha comprado con su sangre, ¿Qué clase de hombres debemos ser, tanto en lo que se refiere a los dones como a la gracia?

Principiemos con los dones. (1) Con los que vienen de la naturaleza. ¿No debe un ministro tener, primero, un buen entendimiento, una clara aprehensión, un juicio sólido y una capacidad de razonar con cierta precisión? ¿No es esto deseable en gran manera para el trabajo del ministerio? De otra manera, ¿Cómo podría ser posible para el ministro considerar los varios estados de quienes están bajo su cuidado, o de guiarles a través de mil dificultades y peligros, a la gloria en donde han de estar?

¿No es necesario, tomando en cuenta el gran número de enemigos que va a encontrar? ¿Una persona torpe puede enfrentarse con éxito a la multitud de los que no conocen a Dios y a los espíritus de las tinieblas? No; no reconocerá los artificios de Satanás ni la astucia de sus hijos.

En segundo lugar, ¿no es muy conveniente que un guía de almas tenga también viveza y facilidad de pensamiento? De otra manera, ¿cómo sería capaz, cuando la necesidad lo requiera, de contestar a un necio de acuerdo a su necedad? Esta necesidad se presenta frecuentemente, ya que en todas partes encontramos a estas personas vacías y sin embargo orgullosas, más sabias en su propia opinión que siete personas que pueden explicar un problema. El razonamiento, entonces, no es el arma que se debe usar con ellos. No se puede tratar con ellos de esa manera. Desdeñan ser convencidos; tampoco pueden ser callados, excepto en su propia manera.

En tercer lugar, para alcanzar un entendimiento sólido y viveza de pensamiento, debemos tener una buena memoria. Puede suceder que asimilemos como nuestro lo que oímos o leemos, pero debemos ser capaces de recordar, pues de otra manera estaremos aprendiendo siempre sin llegar nunca al completo conocimiento de la verdad. Por el contrario, todo escriba instruido en las cosas del reino de los cielos, cada maestro capacitado para su trabajo, es como un padre que saca de sus tesoros cosas nuevas y viejas (Mt.13,52).

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

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