Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 3 N° 17

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

 

De su Sermón “El deber la Comunión constante” [Tercera Parte] extraemos:

Lucas 22.19

Haced esto en memoria de mí 

Pregunto, entonces, ¿por qué no aceptas su misericordia tan frecuentemente como puedes? Dios te ofrece ahora su bendición: ¿Por qué la rehusas? Tienes una oportunidad de recibir su misericordia: ¿Por qué no la recibes? Eres débil: ¿Por qué no te aferras a cada oportunidad de acrecentar tus fuerzas?

En una palabra: si consideramos la Cena del Señor como un mandamiento de Dios, quien no comulga tan frecuentemente como pueda, carece de piedad; considerándola como una misericordia, quien no comulga tan frecuentemente como pueda, carece de sabiduría.

Estas dos consideraciones ofrecen una perfecta respuesta a todas las objeciones corrientes que se han hecho contra una comunión constante; en realidad vale contra cualquier objeción que pudiese hacerse. Y nada puede objetarse contra ella, a menos que en una oportunidad dada la comunión no fuese un acto de misericordia de Dios o no se nos ordenara recibirla. Aun si admitiéramos que no es una misericordia, no bastaría, porque se mantendría todavía la segunda razón: te haga o no algún bien, debes obedecer el mandamiento de Dios.

Veamos, sin embargo, las excusas particulares que la gente aduce comúnmente para no obedecer este mandamiento.

La más común es: «Soy indigno y el que come y bebe indignamente…juicio come y bebe para sí (1Co.11,29). Por lo tanto no me atrevo a comulgar, no sea que coma y beba mi propia condenación».

El caso es así. Dios te ofrece una de las mayores misericordias que existan de este lado del cielo y te ordena aceptarla. ¿Por qué no aceptas esa misericordia obedeciendo su mandato? Dices: «No soy digno de recibirla». ¿Y entonces qué? Eres indigno de recibir cualquier misericordia de Dios. ¿Es esa razón para rehusar toda misericordia? Dios te ofrece el perdón de todos tus pecados. Por cierto que eres indigno de ser perdonado, y él lo sabe. Pero si le place ofrecértelo a pesar de ello, ¿no lo aceptarás? Te ofrece librar tu alma de la muerte. Eres indigno de vivir. ¿Por eso rehusarás la vida? Te ofrece dotar tu alma de nuevas fuerzas. ¿Rehusarás recibirlas porque eres indigno de ellas?

¿Qué más puede hacer Dios por nosotros si rehusamos su misericordia, precisamente porque no somos dignos de ella?

Pero supongamos que ésta no fuese para nosotros misericordia (suponer lo cual es en realidad desmentir a Dios, diciendo que no es bueno para el humano aquello que él de propósito ordenó para su bien). Sigo preguntando: ¿por qué no obedeces el mandamiento de Dios? El dice: «Haz esto»; ¿por qué no lo haces? Respondes: «soy indigno de hacerlo». ¡Qué! ¿Indigno de obedecer a Dios? ¿Indigno de hacer lo que Dios te ordena que hagas? ¿Indigno de obedecer el mandamiento de Dios? ¿Qué quieres decir? ¿Qué aquellos que son indignos de obedecer a Dios no deben obedecerle? ¿Quién te dijo semejante cosa? Aunque haya sido un ángel del cielo, sea anatema (Gá.1.8).

Si piensas que Dios mismo lo ha dicho por medio de san Pablo, escuchemos sus palabras. Son éstas: «el que come y bebe indignamente…juicio come y bebe para sí».

Pero esto es algo totalmente diferente. Aquí no se habla de ser indigno de comer y beber. Se habla de comer y beber indignamente, lo que es cosa totalmente diferente–como él mismo nos lo ha dicho. En este mismo capítulo se nos dice que comer y beber indignamente quiere decir tomar el santo sacramento en forma tan desconsiderada y desordenada que uno tiene hambre y el otro se embriaga (1Co.11,21).

¿Qué tienes que ver tú con eso? ¿Hay algún riesgo de que hagas eso?, ¿de que comas y bebas así indignamente? Por indigno que seas de comulgar, no hay peligro de que comulgues en esas condiciones. De modo que, cualquiera sea el castigo para esa clase de indignidad, nada tiene que ver contigo. No tienes con este texto más razón para

desobedecer a Dios que si ese texto no estuviese en la Biblia. Si hablas de comer y beber indignamente en el sentido en que san Pablo utiliza esas palabras, bien podrías decir: «No me atrevo a comulgar por temor de que la iglesia caiga tanto como por temor de que yo coma y beba indignamente».

 

 

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s