Extracto de las Cartas de Juan Wesley

CARTAS | Año 3 N°17

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De la carta a  “Richard Steel” extraemos:

Londonderry, 24 de abril de 1769.

Estimado hermano,

Le diré ahora las cosas que he estado pensando desde que vine a Irlanda del Norte. Si las olvida, usted sufrirá, y también el pueblo; si las observa, será bueno para ambos.

  1. Comenzamos con las cosas más pequeñas. Si le importa su salud, no cene sino un poco de leche o cereal con agua. Con la ayuda de Dios esto le protegerá de un desorden nervioso; especialmente si se levanta temprano todas las mañanas, predique o no predique.

  1. Sea firmemente serio. No hay país en el mundo donde esto sea más necesario que en Irlanda; porque usualmente usted estará rodeado de quienes con un poco de estímulo se reirían o despilfarrarían el tiempo todo el día.

  1. En cada pueblo visite de casa en casa todo lo que pueda. Digo «todo lo que pueda», porque siempre habrá algunos a quienes no podrá visitar; y si examina, instruye, corrige, exalta como requiere la situación, no le sobrará tiempo. Es por este medio que las Sociedades crecen dondequiera que Thomas Ryan va: predica desde la mañana hasta la noche; advirtiendo a cada persona, para poder presentarla perfecta ante Cristo Jesús.

  1. Pero en ésta y en toda otra ocasión evite toda familiaridad con las mujeres. Este es un veneno mortífero tanto para ellas como para usted. No puede pecar de ser demasiado cauteloso en este asunto; luego comience desde ahora.

  1. El tópico principal de su conversación tanto como de su predicación debe ser sin duda lo más importante de la ley.1 Hay varias cosas pequeñas (comparativamente) que debe promover sinceramente de vez en cuando; porque «quien desprecia las cosas pequeñas caerá poco a poco».

Algunas de ellas son:

  • Sea activo y diligente; evite toda pereza, flojera, indolencia. Huya de todo grado, toda apariencia de ellas; si no, nunca será más que medio cristiano.

  • Sea limpio. En esto los metodistas deberían seguir el patrón de los cuáqueros. Evite todo aspecto desagradable, la suciedad, el desaseo, en su persona, su ropa, su casa y en todo lo que le rodea. No apeste. Esto es la fruta mala de la pereza; use toda su diligencia en estar limpio, como se dice, Qué la dulzura de su mente influya en Su persona, su ropa, y su habitación.2

  • Que la ropa que tenga esté en buen estado; ninguna rotura, ningún harapo, ningún trapo. Esto es un escándalo tanto para los hombres como para las mujeres, siendo otro fruto de la vil pereza. Remienden su ropa, o no esperaré que remienden sus vidas. Que nadie vea nunca a un metodista harapiento.

  • Límpiense de piojos. Estos son una prueba tanto de la falta de limpieza como de la pereza: esmérense en esto. No corten su cabello; pero límpienlo, y manténganlo limpio.

  • Cúrense, usted y su familia, de la picazón: una cucharada de azufre les curará. Permitir que esto siga año tras año prueba tanto la pereza como la falta de limpieza. Quítenselo en seguida. Que la región del norte ya no sea por más tiempo un proverbio de reproche para toda la nación.

  • No use tabaco a menos que no se lo recete un médico. Es un capricho impuro y dañino; y mientras más habitual sea, más firmemente deberá romper todos los grados de esa costumbre perniciosa.

  • No aspire tabaco en polvo a menos que no se lo recete un médico. Supongo que no hay otra nación en Europa que esté sujeta en tal grado de vil esclavitud a esta costumbre necia, maliciosa, sucia, como los irlandeses. Pero que los cristianos no continúen con esta esclavitud más tiempo. Reclamen su libertad, y esto inmediatamente: nada se hará por grados. Ahora mismo pueden librarse mediante Cristo que les fortalece.

  • No toque el licor. Es fuego líquido. Es un veneno seguro aunque lento. Drena las fuentes de la vida. En Irlanda, sobre todos los países del mundo, yo me abstendría religiosamente, porque el mal está tan generalizado; y a esto y al tabaco en polvo y a las cabañas llenas de humo atribuyo la ceguera que es tan común en la nación. Pude haber insertado bajo un segundo artículo lo que deseo particularmente dondequiera que haya predicación, o sea, que haya una casa pequeña para ello. Que esto se consiga sin demora. Donde no tengan una, que nadie espere verme.

Quedo de usted,

Su hermano afectuoso,

Juan Wesley

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

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