Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 3 N° 18

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Obra “Un discurso a los clérigos”, [Segunda Entrega] extraemos:

En relación con los conocimientos adquiridos, ¿puede darse un paso en la dirección correcta, sin tener primero un buen caudal de conocimientos, primero, de su propio oficio, de la gran responsabilidad que ha recibido y de la importante tarea a la que ha sido llamado? ¿Existe la más remota esperanza de que alguien cumpla bien su tarea si no sabe en qué consiste? ¿Que pueda desempeñar fielmente su cometido si no sabe en qué consiste? Si no conoce la tarea que Dios ha puesto en sus manos, no podrá realizarla.

En segundo lugar, el conocimiento de las Escrituras no es menos importante, pues que nos enseñan cómo enseñar a otros. El conocimiento de las Escrituras es necesario si vemos que la Escritura interpreta a la Escritura, que una parte aclara el sentido de otra. Ya sea cierto o no que un buen citador de textos es un buen pastor, sí es cierto que nadie puede ser un buen pastor si no conoce bien los textos. De otro modo no podrá interpretarlas, cerrar la boca a los adversarios.

Con el fin de hacer esto adecuadamente, ¿no debería conocer el significado literal de cada palabra, versículo y capítulo, sin lo cual no puede haber un cimiento firme sobre el cual pueda fundarse el significado espiritual? ¿No debería ser capaz también de deducir los corolarios apropiados, especulativos y prácticos, de cada texto, para resolver las dificultades que surgen y para contestar las objeciones que existen o las que puedan surgir, y para hacer la aplicación adecuada a la conciencia de sus oyentes?

En tercer lugar, ¿puede hacer el pastor todo esto, en la forma más eficaz, sin el conocimiento de las lenguas originales? Sin esto, ¿no se encontrará ante un dilema aun ante textos que requieren práctica únicamente? Pero se encontrará con mayores dificultades con respecto a pasajes controvertidos. Será incapaz de rescatarlos de las manos de cualquier erudito que trate de pervertirlos, porque cuando se apele a los originales no podrá abrir la boca.

En cuarto lugar, ¿no es, igualmente, el conocimiento de la historia profana: las costumbres antiguas, la cronología y la geografía, aunque no absolutamente necesario, sí de mucho valor, para quien desee comprender las Escrituras, pues la falta de este conocimiento se remedia muy pobremente con la lectura de lo escrito por otros.

En quinto lugar, algún conocimiento de las ciencias es también muy valioso. ¿No podríamos hasta decir que el conocimiento de una de ellas (ya sea de arte o ciencia), aunque ahora se considera de escasa importancia, es muy necesario para conocer las Escrituras? Me refiero a la lógica.

Porque, ¿qué es la lógica, si se entiende correctamente, sino el arte del buen sentido, de comprender las cosas correctamente, juzgar con la verdad y razonar en forma convincente? ¿Qué es esto, viéndolo desde otro punto de vista, sino el arte de aprender y enseñar, ya sea por el convencimiento o la persuasión? ¿Qué hay, entonces, en el extenso campo de la ciencia, en comparación con ella?

Al menos una ligera familiaridad con lo que se ha llamado la segunda parte de la lógica (la metafísica) es, si no necesaria sí de mucho valor:

(1) Para aclarar nuestro entendimiento (sin lo cual es imposible juzgar correctamente, o razonar cuidadosamente o con convencimiento), ordenando nuestras ideas bajo temas generales.

(2) Con el fin de comprender a muchos escritores notables. ¿Quién podría entenderlos sin ella?

¿No debería el ministro estar familiarizado, al menos en términos generales, con la filosofía natural? ¿No es ella una gran ayuda para la comprensión correcta de varios pasajes de la Escritura? Con su ayuda, puede comprender y en algunas ocasiones explicar a otros, cómo las cosas invisibles de Dios son vistas desde la creación del mundo, cómo los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia las obras de sus manos, hasta que exclamen: «!Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría!

 

 

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

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