Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 4 N°2

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Sermón “La salvación por la fe” extraemos:

Efesios 2:8

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe.

Todas las bendiciones que Dios le ha conferido al ser humano vienen únicamente de su gracia, liberalidad y favor. Vienen de su favor inmerecido, totalmente inmerecido, puesto que no tenemos derecho alguno a la más mínima de sus misericordias. Fue por pura y libre gracia que Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y puso sobre esa alma el sello de la imagen divina, y lo puso todo debajo de sus pies. Es la misma gracia que guarda en nosotros hasta el día de hoy la vida, el aliento, y todas las cosas. Porque nada que seamos, o tengamos, o hagamos, merecerá jamás la más mínima dádiva divina. Porque también hiciste en nosotros todas nuestras obras.4 Todas estas cosas no son sino otras tantas pruebas de la gratuita misericordia de Dios. Y cualquier justicia o rectitud que el humano tenga, eso también es don de Dios.

…..

Ahora pues, si el pecador halla favor ante Dios, ello es gracia sobre gracia.6 Si Dios se digna todavía derramar sobre nosotros nuevas bendiciones (sí, y la mayor de ellas es la salvación) ¿qué hemos de decir sino «¡gracias a Dios por su don inefable!»? En esto Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Así pues, por gracia sois salvos por medio de la fe.9 La gracia es la fuente, y la fe es la condición de la salvación.

…..

En primer lugar, no es solamente la fe de un pagano. Dios requiere que el pagano crea que le hay, que es galardonador de los que le buscan, y que hay que buscarle glorificando y alabando a Dios por todas las cosas11 y mediante la práctica cuidadosa de la virtud moral, de la justicia, de la misericordia y de la verdad hacia todas las criaturas.

Tampoco es, en segundo lugar, la fe de un demonio, aunque tal fe vaya más lejos que la del pagano. Porque el demonio cree, no sólo que hay un Dios sabio y poderoso, quien practica la gracia en la recompensa y la justicia en el castigo, sino también que Jesús es el Hijo de Dios, el Cristo, el Salvador del mundo. Así le vemos declarando explícitamente: yo te conozco quién eres, el Santo de Dios.

……

En tercer lugar, la fe mediante la cual somos salvos, en el sentido de la palabra que se explicará más adelante, no es solamente la que los apóstoles tuvieron mientras Cristo estuvo en la tierra, aunque creyeron en él de tal modo que lo dejaron todo y le siguieron, y aunque tenían el poder de hacer milagros y de sanar toda enfermedad y toda dolencia. Sí, aunque tenían poder y autoridad sobre todos los demonios y, lo que es más que todo esto, fueron enviados por su Señor a predicar el evangelio de Dios.

Empero al regresar de todas estas grandes obras, su Señor mismo les llama «generación incrédula». Y les dice que no pudieron echar fuera un demonio a causa de su incredulidad.

Más tarde, creyendo que ya tenían alguna fe, le piden: «aumenta nuestra fe», y él les dice claramente que de esta clase de fe no tienen ninguna, ni siquiera la de un grano de mostaza: «Entonces el Señor dijo: “si tuvierais fe como un grano de mostaza podrías decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.”»

¿Cuál entonces es esta fe mediante la cual somos salvos? En general y primeramente, podemos responder que es la fe en Cristo–fe cuyos objetos únicos son Cristo y Dios por medio de Cristo. En esto se distingue esta fe absoluta y suficientemente de la fe de los paganos tanto antiguos como modernos. Y de la fe de un demonio se distingue completamente por esto: que no se trata únicamente de un asentimiento especulativo, racional, frío y sin vida, de una serie de ideas en la cabeza, sino también de una disposición del corazón. Porque como dice la Escritura con el corazón se cree para justicia. Y si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

Y en esto se distingue de la fe que los apóstoles tenían mientras nuestro Señor estuvo sobre la tierra: en que reconoce la necesidad y los méritos de la muerte del Señor, y el poder de su resurrección. Reconoce su muerte como el único medio suficiente para salvar al ser humano de la muerte eterna, y su resurrección como la restauración de todos nosotros a la vida y la inmortalidad, puesto que fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación. La fe cristiana, por lo tanto, no es sólo el asentimiento a todo el Evangelio de Cristo, sino también una confianza plena en la sangre de Cristo, una esperanza firme en los méritos de su vida, muerte y resurrección, un descansar en él como nuestra expiación y nuestra vida, como quien ha sido dado por nosotros y vive en nosotros. Es una confianza segura que el ser humano tiene en Dios, que mediante los méritos de Cristo sus propios pecados han sido perdonados, y uno ha sido reconciliado al favor divino.

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s