Poemario | 2

Decir No de Mario Debenedetti

De Aquí y de Allí

Ya lo sabemos
es difícil
decir que no
decir no quiero
ver que el dinero forma un cerco
alrededor de tu esperanza
sentir que otros
los peores
entran a saco por tu sueño
ya lo sabemos
es difícil
decir que no
decir no quiero
no obstante
cómo desalienta
verte bajar tu esperanza
saberte lejos de ti mismo
oírte
primero despacito
decir que sí
decir sí quiero
comunicarlo luego al mundo
con un orgullo enajenado
y ver que un día
pobre diablo
ya para siempre pordiosero
poquito a poco
abres la mano
y nunca más
puedes cerrarla.
Decir No | Mario Debenedetti (1920-2009)

Ver la entrada original

Unamunianas | 4

Don Miguel de Unamuno y la vida como lucha…

De Aquí y de Allí

“La vida es lucha, y la solidaridad para la vida es lucha y se hace en la lucha. No me cansaré de repetir que lo que más nos une a los hombres unos con otros son nuestras discordias. Y lo que más le une a cada uno consigo mismo, lo que hace la unidad íntima de nuestra vida, son nuestras discordias íntimas, las contradicciones interiores de nuestras discordias”.

 

“LA AGONÍA DEL CRISTIANISMO”

Ver la entrada original

Extracto de los Diarios de Juan Wesley

DIARIO | Año 4 N° 7

MAYO MES DEL METODISMO

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Diario extraemos:

 

Miércoles, 24 de Mayo de 1738.

“En la noche fui de muy mala gana a una sociedad en la Calle de Aldersgate, donde alguien estaba dando lectura al prefacio de la Epístola a los Romanos de Lutero.

Cerca de un cuarto para las nueve de la noche, mientras él describía el cambio que Dios obra en el corazón a través de la fe en Cristo, yo sentí un extraño ardor en mi corazón. Sentí que confiaba en Cristo, sólo en Cristo para la salvación, y recibí una seguridad de que él me había quitado todos mis pecados, aun los míos, y me había librado de la ley del pecado y de la muerte (Ro.8,2).

Empecé a orar con toda mi fuerza por aquellos que me ultrajaron y me persiguieron (Mt.5,44) en manera especial.

Luego testifiqué abiertamente a todos los presentes lo que había sentido por primera vez en mi corazón. No pasó mucho tiempo antes que el enemigo sugiriera: «Esto no puede ser fe; pues ¿dónde está tu regocijo?» Entonces aprendí que la paz y la victoria sobre el pecado son esenciales a la fe en el Capitán de nuestra salvación; pero que en cuanto al gozo que generalmente está presente al comienzo de ésta, especialmente en quienes han sufrido mucho, Dios unas veces lo da y otras no, según los designios de su propia voluntad.

Después de regresar a casa, fui muy sacudido por tentaciones; pero clamé y se fueron. Las tentaciones regresaban una y otra vez. Conforme levantaba mis ojos, él me enviaba ayuda desde su santuario (Sal. 20,2). Y es aquí donde encontré la diferencia entre este estado y mi estado anterior.

Yo luchaba, más aún, peleaba con toda mi fuerza bajo la ley, así como también bajo la gracia. Pero entonces, a veces, por no decir con frecuencia, era vencido. Ahora, yo era siempre el vencedor.

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.