Extracto de los Diarios de Juan Wesley

DIARIO | Año 4 N° 7

MAYO MES DEL METODISMO

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Diario extraemos:

 

Miércoles, 24 de Mayo de 1738.

“En la noche fui de muy mala gana a una sociedad en la Calle de Aldersgate, donde alguien estaba dando lectura al prefacio de la Epístola a los Romanos de Lutero.

Cerca de un cuarto para las nueve de la noche, mientras él describía el cambio que Dios obra en el corazón a través de la fe en Cristo, yo sentí un extraño ardor en mi corazón. Sentí que confiaba en Cristo, sólo en Cristo para la salvación, y recibí una seguridad de que él me había quitado todos mis pecados, aun los míos, y me había librado de la ley del pecado y de la muerte (Ro.8,2).

Empecé a orar con toda mi fuerza por aquellos que me ultrajaron y me persiguieron (Mt.5,44) en manera especial.

Luego testifiqué abiertamente a todos los presentes lo que había sentido por primera vez en mi corazón. No pasó mucho tiempo antes que el enemigo sugiriera: «Esto no puede ser fe; pues ¿dónde está tu regocijo?» Entonces aprendí que la paz y la victoria sobre el pecado son esenciales a la fe en el Capitán de nuestra salvación; pero que en cuanto al gozo que generalmente está presente al comienzo de ésta, especialmente en quienes han sufrido mucho, Dios unas veces lo da y otras no, según los designios de su propia voluntad.

Después de regresar a casa, fui muy sacudido por tentaciones; pero clamé y se fueron. Las tentaciones regresaban una y otra vez. Conforme levantaba mis ojos, él me enviaba ayuda desde su santuario (Sal. 20,2). Y es aquí donde encontré la diferencia entre este estado y mi estado anterior.

Yo luchaba, más aún, peleaba con toda mi fuerza bajo la ley, así como también bajo la gracia. Pero entonces, a veces, por no decir con frecuencia, era vencido. Ahora, yo era siempre el vencedor.

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

 

 

Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 4 N°  7

MAYO MES DEL METODISMO

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

 

 

De su Obra  «Reflexiones acerca de la justicia imputada a Cristo extraemos:

 Se ha publicado recientemente un folleto que lleva mi nombre acerca de la justicia imputada de Cristo. Esto me ha movido a explicar lo que pienso respecto a este tema, cosa que haré con la mayor claridad posible. Pero no discutiré con ninguna persona por pensar o hablar de manera diferente; no culpo a nadie por utilizar expresiones que considera que pertenecen a la Escritura. Si alguien se enoja conmigo porque yo no las uso, al menos no con tanta frecuencia como él, sólo puedo compadecerlo y desearle más de ese sentir que hubo en Cristo (Fil.2,5).

«La justicia de Cristo» es una expresión que no he encontrado en la Biblia. «La justicia de Dios» es una expresión que sí encuentro allí. Creo que se refiere, primeramente, a la misericordia de Dios, como leemos en 2 Pedro 1.1: «Los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios, una fe igualmente preciosa que la nuestra».

¿Cómo podríamos suponer que aquí la justicia de Dios es algo más o algo menos que su misericordia? «Mi boca publicará tu justicia y tus hechos de salvación», tu misericordia al salvarme. «Haré memoria de tu justicia, de la tuya sola. Tu justicia, Dios, que llega hasta lo excelso» (Sal. 71,15, 16 y 19).

En este texto la «justicia de Dios» se encuentra expresamente mencionada, pero no seré yo quien diga que también se refiere a la justicia o a la misericordia del Hijo, no más de lo que se refiere a la del Espíritu Santo.

Creo que esta expresión se refiere, en segundo lugar, al método que Dios tiene de justificar a los pecadores.

Así lo explica la Epístola a los Romanos: «No me avergüenzo del evangelio de Cristo, pues en el evangelio la justicia de Dios», la manera en que justifica a los pecadores, «se revela» (Ro. 1,6-17).  «Ahora se ha manifestado la justicia de Dios: la justicia de Dios por medio de la fe» (a menos que aquí justicia también signifique misericordia), «en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia a causa de haber pasado por alto los pecados pasados, a fin de que él sea el justo y el que justifica al que es de la fe de Jesús» (Ro. 3,21ss.).

 

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

Extracto de las Cartas de Juan Wesley

CARTAS | Año 4 N° 6

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

 

 

MAYO MES DEL METODISMO

 

De su Carta a  “A todos los Predicadores”* extraemos:

Londres, 1 de marzo de 1775.

Mis estimados hermanos,

Nunca antes en sus vidas han estado ustedes en una situación tan difícil como en la que se encuentran ahora. Su responsabilidad es convertirse en agentes de paz, ser cariñosos y atentos con todos, pero no incorporarse a ningún partido.

A pesar de las insistencias, de las palabras duras o suaves, no digan ni una sola palabra en contra de un lado ni del otro. Manténganse puros, hagan todo lo que puedan para ayudar y suavizar las cosas; pero tengan cuidado en como adoptan este papel.

Estén seguros de estar siempre unidos: esto es sumamente importante. No solamente no dejen que surjan amarguras o corajes entre ustedes, sino tampoco timidez o frialdad. Identifiquen las personas que tratarán de ponerles unos contra los otros.

Siempre encontrarán estas personas. No les presten atención; mejor vayan tras ellas y que todo se exponga abiertamente.

La conducta de T. Rankin ha sido de provecho para el plan de los metodistas: espero que todos ustedes sigan sus pasos. Que su ojo sea bueno (Mt. 6,22).

Estén en paz los unos con los otros, y el Dios de paz será con ustedes.

Quedo mis estimados hermanos,

Su afectuoso hermano,

Juan Wesley

 

 

Extracto de los Diarios de Juan Wesley

DIARIO | Año 4 N° 6

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Diario extraemos:

 

Lunes 20 de junio 1774.

Como a las nueve, partí para Horsley con el Sr. Hopper y el Sr. Smith. Llevé a la Sra. Smith y a sus dos pequeñas niñas en el carruaje conmigo.

Cerca de dos millas del pueblo, justo al borde del cerro, y repentinamente, los dos caballos sin causa alguna visible se desbocaron colina abajo como flecha salida del arco. En un minuto, Juan se cayó del pescante. Los caballos entonces corrían a toda velocidad, algunas veces al borde del precipicio a la derecha, a veces a la izquierda.

Una carreta se apareció en sentido contrario: los caballos la esquivaron exactamente como si el hombre estuviera en el pescante. Un puente angosto estaba al pie del cerro. Ellos fueron directamente por el centro del mismo. Corrieron hacia el siguiente cerro con la misma velocidad. Muchas personas nos encontraban, pero se quitaban del camino. Cerca de la cima del cerro había un portón que conducía al patio de una finca. Estaba abierto. Los caballos dieron media vuelta y pasaron sin tocar el portón de un lado ni el poste del otro.

Pensé, «sin embargo, el portón que está al otro lado del campo, y que está cerrado, los detendrá». Pero ellos lo traspasaron como si hubiera sido telaraña y continuaron galopando hacia el sembrado de maíz.

Las pequeñas niñas gritaban: «Abuelo, sálvanos». Les dije: «Nada les hará daño; no tengan miedo». No sentí más temor o inquietud (¡bendito sea Dios!) que el que hubiera tenido sentado en mi estudio Los caballos continuaron corriendo hasta que llegaron al borde de un precipicio profundo. En ese momento, el Sr. Smith, que no pudo alcanzarnos antes, cabalgó aprisa entre el precipicio y nosotros. Al momento los caballos se detuvieron. De haber continuado un poco más, ¡él y nosotros nos hubiéramos caído juntos!

Estoy convencido que ángeles tanto malos como buenos tuvieron que ver mucho en esta operación: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; pero lo entenderás después (Jn.13,7).

Pienso que algunas de las más extraordinarias circunstancias fueron: (1) Los dos caballos, que eran mansos y tranquilos a más no poder, empezaron en el momento justo cuando estaban en la cima del cerro y corrieron hacia abajo a toda velocidad. (2) El cochero fue arrojado de cabeza con tal violencia y sin embargo no se lastimó en nada. (3) El carruaje corrió una y otra vez al borde de los precipicios sin caer en ellos. (4) Se esquivó la carreta. (5) El haber atravesado justo por el centro del puente. (6) La media vuelta de los caballos al pasar el primer portón, en forma tal que ningún cochero en Inglaterra hubiera podido darles la vuelta, pues galopaban a toda prisa. (7) El haber pasado al segundo portón como si hubiera sido humo, sin disminuir el paso del todo. Esto hubiera sido imposible de no ser que el poste del carruaje golpeó exactamente en el centro del portón; de ahí que todo el portón, debido al impetuoso golpe repentino, se rompió en pequeños pedazos. (8) Que la niñita, que gritaba de miedo, al oírme decir, «Nada te hará daño», dejó de llorar y se quedó tranquila. Y por último, el Sr. Smith llegó justo a tiempo.

Un minuto más y hubiéramos estado abajo en el precipicio. Y de no haberse parado los caballos al instante, nos hubieran llevado a él y a nosotros todos juntos al abismo! Díganlo los redimidos de Jehová, los que ha redimido del poder del enemigo (Sal.107,2).

 

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

 

 

Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 4 N° 6

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

 

 

De su Sermón “Afligidos en diversas pruebas” extraemos:

1 Pedro 1:6

Ahora por un poco de tiempo, si es necesario, serán

afligidos en diversas pruebas.

“En mi predicación anterior* me referí específicamente a la oscuridad interior que con frecuencia vemos en personas que alguna vez caminaron sostenidas por la luz de Dios. En estrecha relación con esto encontramos la aflicción del alma, que es aun más frecuente, incluso entre los creyentes. Es en verdad algo que, en mayor o menor medida, todos los hijos de Dios experimentan. Mas el parecido entre un estado y otro es tan grande que con frecuencia se los confunde. Decimos indistintamente «tal persona está en tinieblas», o «tal persona está en aflicción», como si fuesen términos equivalentes y cada uno de ellos implicase exactamente lo mismo que el otro. Nada más lejos de la verdad. Una cosa es estar en tinieblas, y muy otra estar en aflicción. Existe una enorme diferencia, una diferencia sustancial, entre ambas. Y esta diferencia es algo que todo hijo de Dios debe preocuparse por conocer en profundidad. De otro modo, muy fácilmente pueden pasar de la aflicción a las tinieblas.

…..

En primer lugar, espero poder mostrar quiénes eran las personas a las cuales el Apóstol dijo: «serán afligidos». Ante todo es indiscutible que todos eran creyentes en el tiempo en que el Apóstol les escribió. Así lo expresa claramente el versículo cinco: «vosotros que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación.»

 En el versículo siete, otra vez se refiere a «la prueba de su fe, mucho más preciosa que el oro que es perecedero». Y una vez más, en el versículo nueve, habla acerca de «obtener el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas». Por lo tanto, estaban «en aflicción» al mismo tiempo que poseían una fe viva. Su aflicción no había destruido su fe; se sostuvieron como viendo al Invisible (He.11,27).

Su aflicción tampoco logró destruir su paz, esa paz que sobrepasa todo entendimiento (Fil.4,7), y que es inseparable de una fe viva y verdadera. Esto se deduce fácilmente de la oración del Apóstol en el versículo segundo, donde no pide que ellos reciban «gracia y paz», sino que estas «sean multiplicadas». Es decir, que la bendición que ya disfrutaban se derramase más abundantemente sobre ellos.

Las personas a quienes el Apóstol se dirige en esta oportunidad también poseían una esperanza viva. Así se desprende del versículo tres: «Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer», a mí y a ustedes, a todos los que hemos sido santificados por el Espíritu y rociados con la sangre de Jesucristo, para una esperanza viva, para una herencia, es decir, para la esperanza viva de una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible (1Pe.1,2-4).

De modo que, a pesar de su aflicción, ellos aún poseían una esperanza llena de inmortalidad.**

 

*Juan Wesley se refiere a “La condición de desierto”.
**Cita el libro deuterocanónico Sabiduría capítulo 3, versículo 4.
La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

 

Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 4 N°  6

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Obra  «Un nuevo llamado a las personas razonables y religiosa. Parte 3* extraemos:

 “Ahora bien, ¿qué puede pensar una persona imparcial sobre el presente estado de la religión en Inglaterra? ¿Hay alguna otra nación bajo el sol que haya caído tan profundamente en relación con los principios fundamentales de toda religión? ¿Dónde está el país en el cual se encuentre tal despreocupación en cuanto a la moralidad, aun la que es propia de los paganos? ¿Dónde se encuentra un desprecio tal de la justicia, de la verdad, y de todo lo que sea apreciado y honorable por seres racionales?

«Sin embargo, tenemos todavía muchos miles de personas verdaderamente virtuosas y religiosas». ¿En qué consiste su religión? ¿En justicia y verdadera santidad? ¿En un amor más fuerte que la muerte? ¿En ferviente gratitud a Dios? ¿En tierno afecto a todas las criaturas? ¿Es su religión la religión del corazón? ¿Una renovación del corazón a la imagen de Dios? ¿Reflejan al Dios que adoran? ¿Están libres de vanidad, ambición, avaricia, pasión y lujuria, y de toda actitud ríspida o no amable? ¡Ay! Me temo que ni ellos, ni la mayor parte de ellos, ni ustedes, conocen lo que esta religión significa. O no tienen más religión que la de un campesino que pone la mano al arado de la religión de un místico hindú.

….

Justo en este tiempo, cuando nos faltaba poco para llenar la medida de nuestras iniquidades, dos o tres clérigos de la Iglesia de Inglaterra comenzaron a llamar pecadores al arrepentimiento. En dos o tres años hicieron sonar la alarma hasta los confines del país. Muchos miles se reunieron en torno a ellos para escucharles, y en cada lugar a donde iban muchos empezaron a expresar interés en la religión como nunca antes. Se imprimió con más fuerza en sus mentes la importancia de las cosas eternas, y tuvieron un ferviente deseo de servir a Dios como jamás lo tuvieron desde su primera infancia. De esta manera Dios comenzó a atraerles con cuerdas de amor, con cuerdas humanas.

En corto tiempo, muchos tuvieron una profunda convicción de lo odioso de sus pecados. Y tomaron conciencia de las actitudes que son justamente odiosas para Dios y los demás, así como de su ignorancia de Dios y su total incapacidad para conocerle, amarle o servirle. Al mismo tiempo, vieron con toda claridad la insignificancia de su religión exterior.

Es más, a menudo lo confesaban delante de Dios como la hipocresía más abominable. Y así se adentraban cada vez más hondo en aquel arrepentimiento que precede a la fe en el Hijo de Dios. Y de aquí surgieron los frutos dignos de arrepentimiento”.

 

 

*Wesley publicó tres fascículos sobre el mismo tema que lo dividió en Parte 1, Parte 2 y Parte 3.
La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.