Extracto de los Diarios de Juan Wesley

DIARIO | Año 4 N° 9

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Diario extraemos:

[Wesley está en la Isla de Man.]

Viernes 8 de junio de 1781.

Habiendo visitado ahora toda la isla, este, sur, norte y oeste, estuve completamente convencido de no tener un circuito como éste ni en Inglaterra, Escocia o Irlanda.

 Está apartada del mundo y tiene muy poco comercio y es visitada escasamente por extranjeros. Aquí no hay papistas, ni disidentes de ninguna clase, ni calvinistas, ni gente conflictiva. Aquí no hay oposición, ni del gobernador (un hombre humano y apacible), ni del obispo (un buen hombre), ni del grupo de clérigos. Uno o dos de ellos se opusieron en un tiempo, pero ahora comprenden mejor. Así es que ahora hay mucho menos reproche en vez de mucho más; el escándalo de la cruz ha cesado por el momento.

 Los naturales son sencillos, ingenuos, gente simple, toscos; esto es, puros y limpios.

Algunos de ellos son ricos o personas refinadas; pero la mayor parte, moderadamente pobres. La mayoría de los extranjeros que se han establecido entre ellos son personas que han sufrido. Los pastores locales son personas de fe y amor, unidos en un solo pensamiento y en un solo juicio.

 Hablan ya sea la lengua manx o inglés y siguen un plan regular que el asistente les entrega mensualmente.

 Se supone que la isla tiene treinta mil habitantes. Si se considera que la mitad de ellos son adultos y que nuestras sociedades tienen cien o doscientos miembros, ¡qué gran proporción es ésta! ¿Se ha visto algo semejante en cualquier parte de la Gran Bretaña o Irlanda?”

 

 

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

 

Extracto de los Diarios de Juan Wesley

DIARIO | Año 4 N° 8

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Diario extraemos:

 

 

“Jueves 25 de enero de 1781.

Pasé una hora muy agradable en un concierto de mis sobrinos. Sin embargo me sentí fuera de mi ambiente entre la nobleza. Prefiero la música sencilla y la gente sencilla”.

 

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

 

Extracto de los Diarios de Juan Wesley

DIARIO | Año 4 N° 7

MAYO MES DEL METODISMO

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Diario extraemos:

 

Miércoles, 24 de Mayo de 1738.

“En la noche fui de muy mala gana a una sociedad en la Calle de Aldersgate, donde alguien estaba dando lectura al prefacio de la Epístola a los Romanos de Lutero.

Cerca de un cuarto para las nueve de la noche, mientras él describía el cambio que Dios obra en el corazón a través de la fe en Cristo, yo sentí un extraño ardor en mi corazón. Sentí que confiaba en Cristo, sólo en Cristo para la salvación, y recibí una seguridad de que él me había quitado todos mis pecados, aun los míos, y me había librado de la ley del pecado y de la muerte (Ro.8,2).

Empecé a orar con toda mi fuerza por aquellos que me ultrajaron y me persiguieron (Mt.5,44) en manera especial.

Luego testifiqué abiertamente a todos los presentes lo que había sentido por primera vez en mi corazón. No pasó mucho tiempo antes que el enemigo sugiriera: «Esto no puede ser fe; pues ¿dónde está tu regocijo?» Entonces aprendí que la paz y la victoria sobre el pecado son esenciales a la fe en el Capitán de nuestra salvación; pero que en cuanto al gozo que generalmente está presente al comienzo de ésta, especialmente en quienes han sufrido mucho, Dios unas veces lo da y otras no, según los designios de su propia voluntad.

Después de regresar a casa, fui muy sacudido por tentaciones; pero clamé y se fueron. Las tentaciones regresaban una y otra vez. Conforme levantaba mis ojos, él me enviaba ayuda desde su santuario (Sal. 20,2). Y es aquí donde encontré la diferencia entre este estado y mi estado anterior.

Yo luchaba, más aún, peleaba con toda mi fuerza bajo la ley, así como también bajo la gracia. Pero entonces, a veces, por no decir con frecuencia, era vencido. Ahora, yo era siempre el vencedor.

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

 

 

Extracto de los Diarios de Juan Wesley

DIARIO | Año 4 N° 6

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Diario extraemos:

 

Lunes 20 de junio 1774.

Como a las nueve, partí para Horsley con el Sr. Hopper y el Sr. Smith. Llevé a la Sra. Smith y a sus dos pequeñas niñas en el carruaje conmigo.

Cerca de dos millas del pueblo, justo al borde del cerro, y repentinamente, los dos caballos sin causa alguna visible se desbocaron colina abajo como flecha salida del arco. En un minuto, Juan se cayó del pescante. Los caballos entonces corrían a toda velocidad, algunas veces al borde del precipicio a la derecha, a veces a la izquierda.

Una carreta se apareció en sentido contrario: los caballos la esquivaron exactamente como si el hombre estuviera en el pescante. Un puente angosto estaba al pie del cerro. Ellos fueron directamente por el centro del mismo. Corrieron hacia el siguiente cerro con la misma velocidad. Muchas personas nos encontraban, pero se quitaban del camino. Cerca de la cima del cerro había un portón que conducía al patio de una finca. Estaba abierto. Los caballos dieron media vuelta y pasaron sin tocar el portón de un lado ni el poste del otro.

Pensé, «sin embargo, el portón que está al otro lado del campo, y que está cerrado, los detendrá». Pero ellos lo traspasaron como si hubiera sido telaraña y continuaron galopando hacia el sembrado de maíz.

Las pequeñas niñas gritaban: «Abuelo, sálvanos». Les dije: «Nada les hará daño; no tengan miedo». No sentí más temor o inquietud (¡bendito sea Dios!) que el que hubiera tenido sentado en mi estudio Los caballos continuaron corriendo hasta que llegaron al borde de un precipicio profundo. En ese momento, el Sr. Smith, que no pudo alcanzarnos antes, cabalgó aprisa entre el precipicio y nosotros. Al momento los caballos se detuvieron. De haber continuado un poco más, ¡él y nosotros nos hubiéramos caído juntos!

Estoy convencido que ángeles tanto malos como buenos tuvieron que ver mucho en esta operación: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; pero lo entenderás después (Jn.13,7).

Pienso que algunas de las más extraordinarias circunstancias fueron: (1) Los dos caballos, que eran mansos y tranquilos a más no poder, empezaron en el momento justo cuando estaban en la cima del cerro y corrieron hacia abajo a toda velocidad. (2) El cochero fue arrojado de cabeza con tal violencia y sin embargo no se lastimó en nada. (3) El carruaje corrió una y otra vez al borde de los precipicios sin caer en ellos. (4) Se esquivó la carreta. (5) El haber atravesado justo por el centro del puente. (6) La media vuelta de los caballos al pasar el primer portón, en forma tal que ningún cochero en Inglaterra hubiera podido darles la vuelta, pues galopaban a toda prisa. (7) El haber pasado al segundo portón como si hubiera sido humo, sin disminuir el paso del todo. Esto hubiera sido imposible de no ser que el poste del carruaje golpeó exactamente en el centro del portón; de ahí que todo el portón, debido al impetuoso golpe repentino, se rompió en pequeños pedazos. (8) Que la niñita, que gritaba de miedo, al oírme decir, «Nada te hará daño», dejó de llorar y se quedó tranquila. Y por último, el Sr. Smith llegó justo a tiempo.

Un minuto más y hubiéramos estado abajo en el precipicio. Y de no haberse parado los caballos al instante, nos hubieran llevado a él y a nosotros todos juntos al abismo! Díganlo los redimidos de Jehová, los que ha redimido del poder del enemigo (Sal.107,2).

 

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

 

 

Extracto de los Diarios de Juan Wesley

DIARIO | Año 4 N° 5

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Diario extraemos:

Martes 12 de enero de 1774.

Comencé al extremo este del pueblo a visitar la sociedad de casa en casa. No conozco rama alguna del cargo pastoral que sea de mayor importancia que ésta.

Sin embargo, es tan penoso para la carne y la sangre que sólo puedo depender en unos pocos, aun entre nuestros predicadores, para que se comprometan a hacerlo.

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Extracto de los Diarios de Juan Wesley

DIARIO | Año 4 N° 4

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Diario extraemos:

SÁBADO 22 de agosto de 1773.

Prediqué en Illogan* y en Redruth** y el domingo 23 en la iglesia del pueblo de St. Agnes*** a las ocho, cerca de la una en Redruth y a las cinco en el anfiteatro de Gwennap****.

La gente llenaba la iglesia y todo el terreno a su alrededor a una distancia considerable. Así es que, suponiendo que el espacio tuviera ochenta yardas en cada dirección, y diera cabida a cinco personas por yarda cuadrada, debería de haber más de treinta y dos mil personas: el grupo más grande al que he predicado. Sin embargo, encontré, después de averiguarlo, que todos pudieron oír, ¡aun los que estaban a los bordes de la congregación! ¡Quizás la primera vez que un hombre de setenta años haya sido escuchado por treinta mil personas a la vez!

 

*Illogan es una villa al oeste de Cornwall, Inglaterra. Aprox. a 470 km de Londres. Cornwall es el extremo suroeste de la Isla de Inglaterra.
**Redruth está a aprox. a unos 5 km de Illogan.
***St, Agnes está a unos 13 km de Redthuh.
****Gwennap está unos 8 km de Redtruth.
La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado

Extracto de los Diarios de Juan Wesley

DIARIO | Año 4 N°3

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Diario extraemos:

 

[Wesley está en Irlanda]

Lunes 24 de mayo 1773.

Cerca del mediodía, prediqué en Tonyloman a una congregación similar a las otras. Después hablé con cuatro hombres y ocho mujeres que creían estar salvados del pecado. Sus palabras fueron de sabiduría tanto como de poder: Creo que nadie que les escuchó dudaría de su testimonio.

Uno de mis caballos tenía una herradura floja, y le pedí prestado al Sr. Watson su caballo y le dejé mi calesa*.

Cuando llegamos cerca a Enniskillen, quise que solamente dos me acompañaran y que el resto de nuestros amigos mantuviera cierta distancia. Algunos albañiles estaban trabajando en el primer puente, y nos dijeron algunas palabras fuertes.

Tuvimos abundancia de ellas conforme cabalgábamos por el pueblo. Pero muchos soldados que estaban en la calle me reconocieron en forma muy respetuosa y la multitud se hizo atrás.

Una hora después el Sr. Watson vino en la calesa. Antes de llegar al puente, muchos se agruparon y corrieron detrás de él arrojándole todo lo que tenían a la mano. El mismo puente lo habían bloqueado con grandes piedras, así que la calesa no podía pasar. Pero un anciano gritó, «¿Es ésta la forma en que ustedes tratan a los extranjeros?» y removió las piedras.

La multitud de inmediato lo premió cubriéndolo con mezcla de yeso de cabeza a pie. Entonces le cayeron a la calesa a la que cortaron con piedras en varios lugares y la cubrieron casi toda con barro y yeso. De un extremo a otro del pueblo, las piedras volaban constantemente por la cabeza del cochero.

Algunas de las piedras tenían de dos a tres libras de peso y eran lanzadas con toda fuerza. Si una de estas piedras le hubiera golpeado al cochero, con seguridad le hubiera impedido conducir más allá. Y entonces sin duda ellos hubieran tenido que dar cuenta de la calesa y los caballos.

Prediqué en Sidaire en la noche y en la mañana y luego partí para Roosky. El camino no estaba lejos de Enniskillen. Cuando llegamos bastante cerca al pueblo, tanto los hombres como las mujeres nos saludaron, primero con malas palabras y luego con barro y piedras.

Mis caballos pronto los dejaron atrás, pero no sin que antes rompieran una de las ventanas del coche. El vidrio de la misma me cubrió, pero no me causó mayor dolor.

Cerca de una hora después el Sr. John Smith llegó a Enniskillen. Los albañiles en el puente se preparaban para pelear. El tuvo miedo de que su caballo saltara con él al río y por lo tanto decidió desmontarse. Inmediatamente lo cubrieron con una lluvia de barro y piedras. Sin embargo, pudo pasar por el pueblo aunque bien embadurnado y moreteado.

* Coche de paseo tirado por caballos, de dos o cuatro ruedas, con la caja o armazón abierta por delante y con cubierta o techo plegable

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.