Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 4 N°  5

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Obra  «Un nuevo llamado a las personas razonables y religiosa. Parte 2* extraemos:

Para empezar, aparte de cualquier tipo de opinión o de diferencias sobre cuestiones prácticas discutibles, voy a mencionar, tal como me vienen a la mente, ciertos principios comunes, que son desaprobados, pero que se encuentran, más o menos, en personas de todas las denominaciones.

No obstante, antes de entrar en esta penosa tarea, les ruego, hermanos, por las misericordias de Dios, por cualquier amor que tengan a Dios, a su país y a sus hermanos, no se fijen en quien habla sino en lo que se dice.

Si es posible, por una hora dejen a un lado sus prejuicios y escuchen con atención a lo que se propone. En cada acápite, pregúntense: ¿es verdadero o falso? ¿es razonable o no? Y si me preguntan «¿a juicio de quién?». Yo contesto: a juicio de ustedes. Apelo a la luz de su propia mente. En esto cada uno debe afirmarse: no puede ser juzgado por la conciencia de otro. Juzga por ti mismo con la mejor luz que tengas. ¡Y que el Dios misericordioso nos enseñe, a mí y a ti, lo que no conocemos!

….

Tampoco les vamos en zaga en cuanto a injusticia o impureza. ¿Con cuánta frecuencia hay rapiñas  entre nosotros? ¿Y la violencia no está en nuestras calles?

¿Y qué leyes son efectivas para impedirla? Y los robos de toda clase, ¿no ocurren en todas partes de nuestra tierra, aunque la muerte fuese su castigo? Y ¿no hay entre nosotros los que toman interés y usura y que extorsionan a sus prójimos con violencia?

En verdad, son negocios que subsisten gracias a una extorsión que no se ha conocido ni entre los judíos o los paganos. ¿No existen todavía la medida escasa, la balanza falsa y bolsas de pesas engañosas?

Además de los miles de formas de engaño y fraude, la astucia y el misterio de cada negocio o profesión. Sería una enorme tarea descender a los detalles, señalar cada circunstancia, de cómo se han corrompido, no sólo los estafadores y los jugadores, ese fastidio y escándalo de la nación inglesa, sino también gente alta y baja, rica y pobre, de reputación o sin reputación, a todo nivel de vida pública o privada. No sólo eso, sino que se aplauden entre sí y justifican lo que hacen como táctica y sabiduría.

Así que, si la ganancia está a la mano, no importa si la justicia está lejos. De modo que el que se aparta del mal, el que no conoce sus secretos, se convierte en presa, y los impíos devoran al que es más justo que ellos.

¿Y quien corrige? Supóngase que un poderoso oprime a los necesitados y los ricos muelen la cara de los pobres. ¿Qué remedio hay en este país cristiano para tal clase de opresión? Si uno es rico y el otro es pobre, ¿no se aleja la justicia? Y el pobre no se encuentra en la probabilidad (si no imposibilidad) de obtenerla? Tal vez los riesgos sean mayores entre nosotros que entre los judíos, los turcos o los paganos.

Por ejemplo: supongamos que un hombre poderoso, legal o ilegalmente, le hace daño a su prójimo. ¿Qué harías tú? ¿Denunciarías a su señoría en el juzgado? ¿Sería tratado el caso en el próximo tribunal de casación? ¡Ay! Tus propios vecinos, los que conocen bien cómo son las cosas, te dirán que «estás loco».

 

*Wesley publicó tres fascículos sobre el mismo tema que lo dividió en Parte 1, Parte 2 y Parte 3.
La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

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Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 3 N° 16

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Obra “Direcciones para la renovación del pacto con Dios”. Indicaciones Preliminares.  [Tercera Entrega]  extraemos:

Un absoluto sentimiento de desesperación de sí mismo y de todas las cosas, menos Cristo.

Al reconocer su pecado y el peligro en que se encuentra, el pecador buscará ayuda y liberación, pero buscará por todas partes antes de buscar a Cristo. Nada traerá a un pecador a Cristo sino una absoluta necesidad.

Procurará abandonar sus pecados, procurará dejar el vicio del alcohol y ser sobrio, sus adulterios y ser casto y ver si así puede escapar. Irá a las reuniones de oración, a escuchar los sermones y participará de los sacramentos y buscará si hay salvación en todo esto. Pero estos medios, aunque útiles hasta cierto punto, si no busca más adelante, el pecador encontrará que no hay ayuda en ellos. Su propia rectitud no le puede ayudar; no es sino trapos de inmundicia. Sus deberes no le pueden ayudar; no son sino cisternas vacías. Todo le dice: «Llamas a la puerta equivocada. La salvación no está en nosotros.» «Bueno», el Señor tenga misericordia de mí», dice el pecador. «¿Qué haré? Seguir como estoy, no me atrevo y no se qué hacer.

Mi oración no me ayudará. Los sermones no me ayudarán. Si doy todos mis bienes a los pobres y si doy mi cuerpo para ser quemado, nada de esto salvará mi alma. Ay de mí, ¿qué puedo hacer? ¿A dónde puedo ir?»

Tras ser traído a esta angustia, a este sentido de completa perdición, su desesperación le lleva a la única puerta de esperanza que permanece abierta. Entonces Cristo será aceptable, cuando ve que nadie sino Cristo puede ayudarle. El Apóstol nos dice: «Estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada», Gá. 3.23. Todas las otras puertas estaban cerradas para nosotros. No había esperanza de escapar, sino por la única puerta que permanecía abierta: «La fe que iba a ser revelada». Como los sitiados en una ciudad que tiene todas las puertas bloqueadas y solamente un difícil pasaje por el cual sería posible escapar, por allí salen buscando salvación para sus vidas; caminan por esa puerta, que, si hubiera habido otra, nunca hubieran venido a ella.

Como Cristo no será aceptado por el pecador de otro modo, así tampoco el pecador será recibido por él hasta que abandone todas sus otras ayudas y confíe en él solamente. Cristo no aceptará ayuda alguna en la obra de salvar almas. «Si me buscas a mí, deja ir a éstos» (Jn.18,8) dijo en otra ocasión. Abandona no únicamente tus pecados, sino también tu rectitud y todo refugio de mentiras en las que has confiado hasta ahora. Abandona todo completamente si deseas que yo sea tu refugio. Yo no he venido a buscar los justos, porque si a éstos buscara no vendrían a mí o, si vinieran, que se vayan como ellos vinieron, que se vayan confiando en su propia rectitud como lo han hecho, y que vengan a mí los pecadores desnudos, destituidos, afligidos. Yo he venido con el fin de buscar y salvar a los perdidos.

 

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 3 N° 9

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Obra “Reflexiones sobre la disipación” extraemos:

Acaso nada sea más oportuno en estos tiempos que dedicar algunas reflexiones a este tema. Es un asunto de moda, del que se habla con frecuencia, especialmente estando en buena compañía. Hace poco, un ingenioso escritor nos brindó una monografía sobre el tema.

……..…«el amor a la disipación», dice el autor, «es el mal reinante en el día actual.» Admitiendo que lo sea, pregunto ¿qué se entiende por disipación? Algunas veces utiliza la palabra placer como un término equivalente. ¿Pero a cuál placer se refiere, al placer de los sentidos, al de las ilusiones en general, o a alguno en particular de una u otra clase? Otras veces parece dar a entender que la disipación es lo mismo que el lujo, o al menos un alto grado de éste.

Asimismo, algunas veces utiliza el amor a la diversión como si fuera lo mismo que el amor a la disipación. Pero la pregunta se repite: ¿A qué diversión se refiere? Porque las hay innumerables. Así que aun después de hablar mucho de ella, sólo tenemos una vaga, indeterminada noción de una época de disipación, una nación disipada, o de un disipado ser humano; sin llegar a tener una idea clara o distintiva de lo que significa la palabra disipación.

Quienes se contentan con una perspectiva trivial y superficial de las cosas, en términos generales pueden conformarse con la explicación de que una época disipada es cuando el grueso de la humanidad, en especial los de algún rango o posición, desperdician lo más importante de su tiempo en comer y beber, en diversiones, y en otros placeres sensoriales y de la ilusión. Ahora bien, que vivimos en una era disipada, en este sentido del término, es tan claro como que el sol brilla al mediodía. La mayoría de lo que comúnmente se denomina entretenimientos inocentes caen bajo este encabezamiento: los placeres de lo ilusorio. Por tanto, dondequiera prevalece una inclinación generalizada por estas cosas, nos encontramos con una época disipada.

Una nación disipada es aquélla donde el pueblo en general está aficionado con vehemencia a los placeres sensoriales y a los de lo ilusorio. El pequeño vulgo en Inglaterra se encuentra ahora apasionadamente aficionado a los más bajos placeres de los sentidos y la ilusión, en tanto el alto vulgo está igualmente entregado a lo que considera ser de un grado más elevado. En el interín ambos son igualmente disipados aunque de modos diferentes, y así lo es en verdad cada hombre y mujer que está apasionadamente sujeto a los placeres externos.

Pero sin detenermos más tiempo en la superficie de las cosas, exploremos el asunto a fondo….

El ser humano es un espíritu inmortal, creado a la imagen y para el gozo de Dios. Esta es la finalidad, la única finalidad de su ser. No existe para ningún otro propósito.

Dios es el centro de todos los espíritus, y en tanto estén unidos a él, son sabios, santos y felices; pero en la misma medida en que están separados de él, son necios, impíos e infelices. Esta desunión con Dios es la esencia misma de la disipación humana, que no es otra que la desvinculación de los pensamientos y el afecto de la criatura para con su Creador. Por lo cual la inclinación por los goces sensuales de cualquier clase, el amor a lo insensato, a los placeres irracionales, a las diversiones frívolas, al lujo, la vanidad, y mil deseos y caprichos tontos, no son en sí propiamente la disipación, sino sus frutos; los efectos naturales de estar desvinculados del Creador, del Padre, del centro de todos los espíritus inteligentes.

Es contra estas cosas que el Apóstol advierte en su consejo a los cristianos de Corinto: «Esto lo digo para que sin impedimento os acerquéis al Señor» (1Co.7,5). Podría muy bien traducirse, sin disipación, sin tener sus pensamientos desvinculados de Dios. Tener nuestros pensamientos y afectos centrados en Dios, es lo más sencillamente cristiano, el tenerlos de alguna manera descentrados de Dios es la disipación. En el sentido real de las cosas y a la vista de Dios, el Juez de todo, poco importa si un ser humano es mantenido en un estado de disipación respecto de Dios por coronas e imperios, y riquezas de oro y plata, o por los naipes, el baile, la bebida, la vestimenta, los amoríos y disfraces u otras fruslerías.

Por ende, en su misma raíz, la disipación es la separación de Dios; en otras palabras ateísmo, o el estar sin Dios en el mundo (Ef. 2,12). Es el lado negativo de la impiedad. Y en este verdadero sentido del término, por cierto, Inglaterra es la nación más disipada que se pueda encontrar bajo el cielo.

 

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.