Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 4 N°  7

MAYO MES DEL METODISMO

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

 

 

De su Obra  «Reflexiones acerca de la justicia imputada a Cristo extraemos:

 Se ha publicado recientemente un folleto que lleva mi nombre acerca de la justicia imputada de Cristo. Esto me ha movido a explicar lo que pienso respecto a este tema, cosa que haré con la mayor claridad posible. Pero no discutiré con ninguna persona por pensar o hablar de manera diferente; no culpo a nadie por utilizar expresiones que considera que pertenecen a la Escritura. Si alguien se enoja conmigo porque yo no las uso, al menos no con tanta frecuencia como él, sólo puedo compadecerlo y desearle más de ese sentir que hubo en Cristo (Fil.2,5).

«La justicia de Cristo» es una expresión que no he encontrado en la Biblia. «La justicia de Dios» es una expresión que sí encuentro allí. Creo que se refiere, primeramente, a la misericordia de Dios, como leemos en 2 Pedro 1.1: «Los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios, una fe igualmente preciosa que la nuestra».

¿Cómo podríamos suponer que aquí la justicia de Dios es algo más o algo menos que su misericordia? «Mi boca publicará tu justicia y tus hechos de salvación», tu misericordia al salvarme. «Haré memoria de tu justicia, de la tuya sola. Tu justicia, Dios, que llega hasta lo excelso» (Sal. 71,15, 16 y 19).

En este texto la «justicia de Dios» se encuentra expresamente mencionada, pero no seré yo quien diga que también se refiere a la justicia o a la misericordia del Hijo, no más de lo que se refiere a la del Espíritu Santo.

Creo que esta expresión se refiere, en segundo lugar, al método que Dios tiene de justificar a los pecadores.

Así lo explica la Epístola a los Romanos: «No me avergüenzo del evangelio de Cristo, pues en el evangelio la justicia de Dios», la manera en que justifica a los pecadores, «se revela» (Ro. 1,6-17).  «Ahora se ha manifestado la justicia de Dios: la justicia de Dios por medio de la fe» (a menos que aquí justicia también signifique misericordia), «en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia a causa de haber pasado por alto los pecados pasados, a fin de que él sea el justo y el que justifica al que es de la fe de Jesús» (Ro. 3,21ss.).

 

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 4 N°  6

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Obra  «Un nuevo llamado a las personas razonables y religiosa. Parte 3* extraemos:

 “Ahora bien, ¿qué puede pensar una persona imparcial sobre el presente estado de la religión en Inglaterra? ¿Hay alguna otra nación bajo el sol que haya caído tan profundamente en relación con los principios fundamentales de toda religión? ¿Dónde está el país en el cual se encuentre tal despreocupación en cuanto a la moralidad, aun la que es propia de los paganos? ¿Dónde se encuentra un desprecio tal de la justicia, de la verdad, y de todo lo que sea apreciado y honorable por seres racionales?

«Sin embargo, tenemos todavía muchos miles de personas verdaderamente virtuosas y religiosas». ¿En qué consiste su religión? ¿En justicia y verdadera santidad? ¿En un amor más fuerte que la muerte? ¿En ferviente gratitud a Dios? ¿En tierno afecto a todas las criaturas? ¿Es su religión la religión del corazón? ¿Una renovación del corazón a la imagen de Dios? ¿Reflejan al Dios que adoran? ¿Están libres de vanidad, ambición, avaricia, pasión y lujuria, y de toda actitud ríspida o no amable? ¡Ay! Me temo que ni ellos, ni la mayor parte de ellos, ni ustedes, conocen lo que esta religión significa. O no tienen más religión que la de un campesino que pone la mano al arado de la religión de un místico hindú.

….

Justo en este tiempo, cuando nos faltaba poco para llenar la medida de nuestras iniquidades, dos o tres clérigos de la Iglesia de Inglaterra comenzaron a llamar pecadores al arrepentimiento. En dos o tres años hicieron sonar la alarma hasta los confines del país. Muchos miles se reunieron en torno a ellos para escucharles, y en cada lugar a donde iban muchos empezaron a expresar interés en la religión como nunca antes. Se imprimió con más fuerza en sus mentes la importancia de las cosas eternas, y tuvieron un ferviente deseo de servir a Dios como jamás lo tuvieron desde su primera infancia. De esta manera Dios comenzó a atraerles con cuerdas de amor, con cuerdas humanas.

En corto tiempo, muchos tuvieron una profunda convicción de lo odioso de sus pecados. Y tomaron conciencia de las actitudes que son justamente odiosas para Dios y los demás, así como de su ignorancia de Dios y su total incapacidad para conocerle, amarle o servirle. Al mismo tiempo, vieron con toda claridad la insignificancia de su religión exterior.

Es más, a menudo lo confesaban delante de Dios como la hipocresía más abominable. Y así se adentraban cada vez más hondo en aquel arrepentimiento que precede a la fe en el Hijo de Dios. Y de aquí surgieron los frutos dignos de arrepentimiento”.

 

 

*Wesley publicó tres fascículos sobre el mismo tema que lo dividió en Parte 1, Parte 2 y Parte 3.
La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

 

Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 4 N°  4

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Obra  «Un nuevo llamado a las personas razonables y religiosa. Parte 1* extraemos:

En un tratado anterior** declaré, de la manera más sencilla que pude, mis principios y prácticas, y respondí a algunas de las objeciones más frecuentes e importantes a dichos principios y prácticas. Pero tengo que salvar mi alma. Todavía falta que responda a otras objeciones, especialmente las que vienen de los que se consideran religiosos y razonables.

Estas objeciones se relacionan en parte con las doctrinas que enseño, en parte con la manera cómo las enseño, y en parte con los efectos que se supone resultan de enseñar dichas doctrinas de esa manera.

…..

Primero, la naturaleza de la justificación. A veces significa nuestra absolución en el día final. Pero en este caso eso está fuera de cuestión. Se trata de la justificación de la que hablan nuestros Artículos y Homilías,*** que tiene que ver con el perdón presente, el perdón de los pecados. Y, por consiguiente, el ser aceptos delante de Dios, quien de esta

manera nos declara su justicia o misericordia, por y para la remisión de los pecados pasados», y nos dice: seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades.

Y creo que la condición para esta justificación es la fe.

Es decir, que no sólo no podemos ser justificados sin fe, sino que cuando alguien tiene fe es justificado en ese mismo momento.

Las buenas obras son consecuencia de esta fe, pero no la preceden.

….

También se admite, antes de la fe, el arrepentimiento y los frutos dignos de arrepentimiento. Ciertamente, el arrepentimiento debe preceder a la fe; y los frutos dignos de arrepentimiento, si hay la oportunidad.

….

Ahora bien, si por salvación entendemos una salvación presente del pecado, no podemos decir que la santidad sea la condición para ella ¡porque la santidad es la salvación misma! En este sentido, la santidad y la salvación son sinónimos. Por lo tanto, debemos decir somos salvos por medio de la fe. La fe es la única condición para la salvación. Sin fe no podemos ser salvos, pero quien cree ya es salvo.

Sin fe, reiteramos, no podemos ser salvos.

…..

Y tan pronto como el perdón o justificación le es asegurada por el Espíritu Santo, es salvo. Ama a Dios y a toda la humanidad. Tiene la mente de Cristo y el poder de andar como él anduvo. Desde ese momento, a menos que naufrague en cuanto a la fe, la salvación crece gradualmente en su alma. Porque así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra, y brota primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga.

….

A veces el Espíritu de Dios actúa más particularmente en el entendimiento, abriéndolo, iluminándolo (como dice la Escritura), y revelándonos, develándonos, descubriéndonos lo profundo de Dios.

A veces el Espíritu actúa en la voluntad y en los afectos de la persona, librándola del mal, inclinándola al bien, inspirándole buenos pensamientos. Por eso se lo ha explicado por medio de la metáfora sencilla y natural de la respiración, como si el Espíritu respirara en nosotros.

 

*Wesley publicó tres fascículos sobre el mismo tema que lo dividió en Parte 1, Parte 2 y Parte 3.
** Se refiere a “Un llamado ferviente a personas razonables y religiosas#, incluido en la primera parte de este volumen.
***Publicaciones doctrinales de la Iglesia de Inglaterra.
La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 4 N° 3

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Obra  «A un contrabandista extraemos:

«¿Qué es el contrabando?» Llamamos contrabando al ingreso y comercialización de mercaderías por las cuales no se paga a la Corona el impuesto correspondiente de acuerdo con lo que establece la ley.

  1. El ingreso de mercaderías de contrabando se hace a través de embarcaciones que operan burlando la ley. La principal, si no la única, actividad comercial de estos barcos consiste en ingresar productos sin pagar los impuestos que marca la ley.

  2. La operación se concreta con la complicidad de todos los capitanes, oficiales, marineros y pasajeros que ingresan al país cualquier tipo de mercadería sin pagar el impuesto correspondiente.

  3. Un tercer grupo es el de los encargados de vender esa mercadería por la cual no se han pagado impuestos.

  4. Y finalmente, el cuarto grupo está formado por quienes compran té, licor, manteles, ropa de cama, pañuelos, o cualquier otro producto por el cual no se ha pagado el debido impuesto.

 ¿Por qué no habrían de hacerlo? ¿Qué hay de malo en ello?

Mi respuesta es que el contrabando libre (tal como se lo practicaba hace algunos años en las costas del sur de Inglaterra) es comparable a los que asaltan en los caminos. Provoca el mismo daño una actividad como la otra.

Quien se dedica al contrabando no es más honesto que quien asalta en los caminos. Bien podrían darse la mano.»

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

 

Extracto de las Obras dean Wesley

OBRAS | Año 4 N° 2

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Obra  «¿Que es un arminiano?» contestada por un amante de la gracia extraemos:

Si alguien dice «Ese hombre es arminiano», el efecto que producen estas palabras en quienes lo escuchan es el mismo que si se les hubiera dicho «Ese perro está rabioso». Sienten pánico y huyen de él a toda velocidad, y no se detendrán a menos que sea para arrojarle piedras al temible y peligroso animal.

…..

En primer lugar, creo necesario aclarar que muchos confunden «arminiano» con «arriano». Pero se trata de algo completamente diferente; no existe ninguna semejanza entre uno y otro. Un arriano es alguien que niega la divinidad de Cristo. Creo que no hace falta aclarar que nos referimos a su filiación con el supremo, eterno Dios, ya que no hay otro Dios fuera de él (a menos que decidamos hacer dos Dioses: uno grande y uno pequeño). Ahora bien, nadie jamás ha creído con mayor firmeza, o afirmado con mayor convicción, la divinidad de Cristo, que muchos de los así llamados arminianos, y así lo siguen haciendo hasta el día de hoy. Por lo tanto, el arminianismo (sea lo que fuere) es completamente diferente del arrianismo.

…..

Los cargos que los opositores presentaban en contra de estas personas (comúnmente llamados arminianos) eran cinco: (1) negar el pecado original; (2) negar la justificación por fe; (3) negar la predestinación absoluta; (4) negar que la gracia de Dios es irresistible, y (5) afirmar que es posible que un creyente se aparte de la gracia.

Con respecto a las dos primeras acusaciones se declaran inocentes. Los cargos son falsos. Ninguna persona, ni el propio Juan Calvino, afirmó la idea del pecado original o de la justificación por fe de manera más decisiva, más clara y explícita que Arminio. Estos dos puntos están, por tanto, fuera de discusión; hay acuerdo entre ambas partes. No existe al respecto la más mínima diferencia entre el Sr. Wesley y el Sr. Whitefield.

Existe, sin embargo, una clara diferencia entre los calvinistas y los arminianos con respecto a los otros tres puntos. Aquí las opiniones se dividen, los primeros creen en una predestinación absoluta y los últimos sólo en una predestinación condicional. Los calvinistas sostienen que: Dios decretó con carácter absoluto, desde toda eternidad, que ciertas personas se salvarían y otras no, y que Cristo murió por ellas y por nadie más. Los arminianos sostienen que Dios decretó, desde toda eternidad, respecto de todos los que poseen su Palabra escrita, que el que crea, será salvo; pero el que no crea, será condenado.

Para dar cumplimiento a esto, Cristo por todos murió, por todos los que estaban muertos en sus delitos y pecados, es decir, por todos y cada uno de los hijos de Adán, ya que en Adán todos murieron.

En segundo lugar, los calvinistas sostienen que la gracia de Dios que obra para salvación es absolutamente irresistible; que ninguna persona puede resistirla así como no se puede resistir la descarga de un rayo. Los arminianos sostienen que si bien hay momentos en que la gracia de Dios actúa de manera irresistible, sin embargo, en general, cualquier persona puede oponer resistencia (y así perderse para siempre) a la gracia mediante la cual Dios deseaba otorgarle salvación eterna.

En tercer lugar, los calvinistas sostienen que un verdadero creyente en Cristo no puede apartarse de la gracia. Los arminianos, en cambio, sostienen que un verdadero creyente puede naufragar en cuanto a la fe y a la buena conciencia. Creen que el creyente no sólo puede caer nuevamente en la corrupción, sino que esa caída puede ser definitiva, de modo que se pierda eternamente.

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

 

Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 4 N° 1

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

 

De su Obra “El Reino de Dios”” extraemos:

Marcos 1.15

El reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed  en el evangelio.

Estas palabras naturalmente nos mueven a considerar: primero, la naturaleza de la verdadera religión, llamada aquí por el Señor «el reino de Dios», y que dice él «está cerca»; segundo, el camino que él ha señalado en estas palabras: «Arrepentíos, y creed en el evangelio.»

Debemos considerar, en primer lugar, la naturaleza de la verdadera religión, llamada por nuestro Señor «el reino de Dios.» El gran Apóstol usa la misma expresión en la Epístola a los Romanos, cuando explica las palabras del Señor, diciendo: Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

El reino de Dios, o sea, la verdadera religión no es comida ni bebida. Es cosa bien sabida que no sólo los judíos inconversos, sino gran número de aquéllos que habían aceptado la fe en Cristo, eran, sin embargo, celosos de la ley, aun de la ley ceremonial de Moisés. Por lo tanto, observaban todo lo que encontraban escrito en ella, tanto sobre las ofrendas de carne o bebida, como sobre la distinción entre carnes puras e impuras. Y no sólo lo observaban ellos mismos sino que lo exigían también a los gentiles que se habían convertido a Dios. A tal grado lo exigían que algunos de ellos enseñaban, a cualquiera que se unía a ellos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, y guardáis toda la ley, no podéis ser salvos.

En oposición a esto declara el Apóstol, tanto aquí como en otros lugares, que la verdadera religión no consiste en comida ni bebida, ni en la observación de rituales; ni en ninguna cosa exterior, en nada fuera del corazón; la sustancia de la verdadera religión consiste en justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

No en alguna forma exterior tal como rituales o ceremonias, aun del tipo más excelente.

La naturaleza de la religión está tan lejos de consistir en esto, en formas de adoración, en rituales y ceremonias, que no consiste propiamente en acciones exteriores de ninguna clase. Es cierto que nadie puede llamarse religioso si es culpable de acciones viciosas o inmorales; o si les hace a las demás personas lo que no le gustaría que le hicieran bajo las mismas circunstancias.

Tampoco puede llamarse religiosa la persona que sabe hacer el bien y no lo hace. Sin embargo, es posible abstenerse de hacer mal y practicar lo bueno, sin por ello tener religión. Sí, dos personas pueden hacer la misma obra exterior–por ejemplo, alimentar al hambriento o vestir al desnudo–y al mismo tiempo una ser verdaderamente religiosa, y la otra no tener religión alguna. Una puede actuar por amor de Dios, y la otra por amor a la alabanza. Tan manifiesto es que, a pesar de que la verdadera religión conduce naturalmente a toda buena palabra y obra, sin embargo su verdadera naturaleza tiene mayor profundidad, pues reside en el corazón humano.

Digo del corazón, porque la religión no consiste en la ortodoxia o las opiniones correctas; las cuales, aunque no son propiamente exteriores, no están en el corazón sino en el entendimiento. Se puede ser ortodoxo en cada punto; se puede apoyar no sólo las opiniones correctas sino también defenderlas celosamente de sus opositores; se puede tener creencias correctas acerca de la encarnación de nuestro Señor, acerca de la bendita Trinidad, y acerca de cada doctrina contenida en los oráculos de Dios; se puede afirmar cada uno de los tres credos (el llamado de los Apóstoles, el Niceno, y el de Atanasio) y aun así se puede no tener más religión que la de una persona judía, turca o pagana. Se puede incluso ser tan ortodoxo como el diablo (aunque quizás no tanto; pues cada persona yerra en algún punto, mientras que no podemos concebir que el diablo tenga ninguna opinión errónea), y sin embargo estar tan lejos de la religión del corazón como lo está él.

La religión consiste en esto: sólo esto es ante Dios de gran precio. El Apóstol lo resume en estas tres manifestaciones: justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 3 N° 18

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Obra “Un discurso a los clérigos”, [Segunda Entrega] extraemos:

En relación con los conocimientos adquiridos, ¿puede darse un paso en la dirección correcta, sin tener primero un buen caudal de conocimientos, primero, de su propio oficio, de la gran responsabilidad que ha recibido y de la importante tarea a la que ha sido llamado? ¿Existe la más remota esperanza de que alguien cumpla bien su tarea si no sabe en qué consiste? ¿Que pueda desempeñar fielmente su cometido si no sabe en qué consiste? Si no conoce la tarea que Dios ha puesto en sus manos, no podrá realizarla.

En segundo lugar, el conocimiento de las Escrituras no es menos importante, pues que nos enseñan cómo enseñar a otros. El conocimiento de las Escrituras es necesario si vemos que la Escritura interpreta a la Escritura, que una parte aclara el sentido de otra. Ya sea cierto o no que un buen citador de textos es un buen pastor, sí es cierto que nadie puede ser un buen pastor si no conoce bien los textos. De otro modo no podrá interpretarlas, cerrar la boca a los adversarios.

Con el fin de hacer esto adecuadamente, ¿no debería conocer el significado literal de cada palabra, versículo y capítulo, sin lo cual no puede haber un cimiento firme sobre el cual pueda fundarse el significado espiritual? ¿No debería ser capaz también de deducir los corolarios apropiados, especulativos y prácticos, de cada texto, para resolver las dificultades que surgen y para contestar las objeciones que existen o las que puedan surgir, y para hacer la aplicación adecuada a la conciencia de sus oyentes?

En tercer lugar, ¿puede hacer el pastor todo esto, en la forma más eficaz, sin el conocimiento de las lenguas originales? Sin esto, ¿no se encontrará ante un dilema aun ante textos que requieren práctica únicamente? Pero se encontrará con mayores dificultades con respecto a pasajes controvertidos. Será incapaz de rescatarlos de las manos de cualquier erudito que trate de pervertirlos, porque cuando se apele a los originales no podrá abrir la boca.

En cuarto lugar, ¿no es, igualmente, el conocimiento de la historia profana: las costumbres antiguas, la cronología y la geografía, aunque no absolutamente necesario, sí de mucho valor, para quien desee comprender las Escrituras, pues la falta de este conocimiento se remedia muy pobremente con la lectura de lo escrito por otros.

En quinto lugar, algún conocimiento de las ciencias es también muy valioso. ¿No podríamos hasta decir que el conocimiento de una de ellas (ya sea de arte o ciencia), aunque ahora se considera de escasa importancia, es muy necesario para conocer las Escrituras? Me refiero a la lógica.

Porque, ¿qué es la lógica, si se entiende correctamente, sino el arte del buen sentido, de comprender las cosas correctamente, juzgar con la verdad y razonar en forma convincente? ¿Qué es esto, viéndolo desde otro punto de vista, sino el arte de aprender y enseñar, ya sea por el convencimiento o la persuasión? ¿Qué hay, entonces, en el extenso campo de la ciencia, en comparación con ella?

Al menos una ligera familiaridad con lo que se ha llamado la segunda parte de la lógica (la metafísica) es, si no necesaria sí de mucho valor:

(1) Para aclarar nuestro entendimiento (sin lo cual es imposible juzgar correctamente, o razonar cuidadosamente o con convencimiento), ordenando nuestras ideas bajo temas generales.

(2) Con el fin de comprender a muchos escritores notables. ¿Quién podría entenderlos sin ella?

¿No debería el ministro estar familiarizado, al menos en términos generales, con la filosofía natural? ¿No es ella una gran ayuda para la comprensión correcta de varios pasajes de la Escritura? Con su ayuda, puede comprender y en algunas ocasiones explicar a otros, cómo las cosas invisibles de Dios son vistas desde la creación del mundo, cómo los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia las obras de sus manos, hasta que exclamen: «!Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría!

 

 

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.