Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 4 N° 6

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

 

 

De su Sermón “Afligidos en diversas pruebas” extraemos:

1 Pedro 1:6

Ahora por un poco de tiempo, si es necesario, serán

afligidos en diversas pruebas.

“En mi predicación anterior* me referí específicamente a la oscuridad interior que con frecuencia vemos en personas que alguna vez caminaron sostenidas por la luz de Dios. En estrecha relación con esto encontramos la aflicción del alma, que es aun más frecuente, incluso entre los creyentes. Es en verdad algo que, en mayor o menor medida, todos los hijos de Dios experimentan. Mas el parecido entre un estado y otro es tan grande que con frecuencia se los confunde. Decimos indistintamente «tal persona está en tinieblas», o «tal persona está en aflicción», como si fuesen términos equivalentes y cada uno de ellos implicase exactamente lo mismo que el otro. Nada más lejos de la verdad. Una cosa es estar en tinieblas, y muy otra estar en aflicción. Existe una enorme diferencia, una diferencia sustancial, entre ambas. Y esta diferencia es algo que todo hijo de Dios debe preocuparse por conocer en profundidad. De otro modo, muy fácilmente pueden pasar de la aflicción a las tinieblas.

…..

En primer lugar, espero poder mostrar quiénes eran las personas a las cuales el Apóstol dijo: «serán afligidos». Ante todo es indiscutible que todos eran creyentes en el tiempo en que el Apóstol les escribió. Así lo expresa claramente el versículo cinco: «vosotros que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación.»

 En el versículo siete, otra vez se refiere a «la prueba de su fe, mucho más preciosa que el oro que es perecedero». Y una vez más, en el versículo nueve, habla acerca de «obtener el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas». Por lo tanto, estaban «en aflicción» al mismo tiempo que poseían una fe viva. Su aflicción no había destruido su fe; se sostuvieron como viendo al Invisible (He.11,27).

Su aflicción tampoco logró destruir su paz, esa paz que sobrepasa todo entendimiento (Fil.4,7), y que es inseparable de una fe viva y verdadera. Esto se deduce fácilmente de la oración del Apóstol en el versículo segundo, donde no pide que ellos reciban «gracia y paz», sino que estas «sean multiplicadas». Es decir, que la bendición que ya disfrutaban se derramase más abundantemente sobre ellos.

Las personas a quienes el Apóstol se dirige en esta oportunidad también poseían una esperanza viva. Así se desprende del versículo tres: «Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer», a mí y a ustedes, a todos los que hemos sido santificados por el Espíritu y rociados con la sangre de Jesucristo, para una esperanza viva, para una herencia, es decir, para la esperanza viva de una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible (1Pe.1,2-4).

De modo que, a pesar de su aflicción, ellos aún poseían una esperanza llena de inmortalidad.**

 

*Juan Wesley se refiere a “La condición de desierto”.
**Cita el libro deuterocanónico Sabiduría capítulo 3, versículo 4.
La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

 

Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 4 N° 5

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

 

De su Sermón “El camino de la salvación según las Escrituras” extraemos:

Efesios 2.8

Sois salvos por medio de la fe

Nada puede ser más intrincado, complejo y difícil de entender que la religión, tal como a menudo ha sido descrita. Y esto es verdad no solamente en lo concerniente a la religión de los paganos, hasta de muchos de los más sabios de ellos, sino también en lo que concierne a la religión de quienes, en cierto sentido, eran cristianos; y hasta personas de renombre en el mundo cristiano, personas considerados como columnas del mismo. Sin embargo, ¡cuán fácil de ser comprendida, cuán sencilla y simple es la religión genuina de Jesucristo! Con la condición de que la tomemos en su forma original, tal como es descrita en los oráculos de Dios. Ella está perfectamente adaptada al débil entendimiento y a la estrecha capacidad del ser humano en su estado actual. ¡Cuán evidente es esto tanto con respecto al fin que propone como a los medios para alcanzarlo! El fin es, en una palabra, la salvación; el medio para alcanzarla, la fe.

Es fácilmente discernible que estas dos pequeñas palabras–quiero decir: fe y salvación–incluyen la substancia de toda la Biblia, algo así como la médula de todas las Escrituras. Por eso, mucho más hemos de tener todo el cuidado posible en evitar todo error al respecto, y de formarnos un juicio verdadero y exacto acerca de la una y la otra.

…..

¿Qué es la salvación?

La salvación de la cual aquí se habla no es lo que frecuentemente se entiende por esta palabra: ir al cielo, la felicidad eterna. No es que el alma vaya al paraíso, denominado «el seno de Abraham» por nuestro Señor.

No se trata de una bendición que se halla del otro lado de la muerte o, como decimos comúnmente, en el otro mundo Las mismas palabras del texto lo expresan de modo incuestionable: «Sois salvos». No se trata de algo a distancia: es algo presente, una bendición de la cual, mediante la misericordia gratuita de Dios, estás en posesión ahora.

Las palabras pueden traducirse con la misma corrección como: «Habéis sido salvados». De manera que la salvación de la cual aquí se habla puede extenderse a toda la obra de Dios, desde el primer alborear de la gracia en el alma hasta que es consumada en la gloria.

Justificación es otra palabra para perdón. Es el perdón de todos nuestros pecados y lo que está implícito en ello: nuestra aceptación por Dios. El precio mediante el cual esto ha sido obtenido para nosotros (comúnmente llamado la «causa meritoria» de nuestra justificación) es la sangre y la justicia de Cristo o, para expresarlo con un poco más de claridad, todo lo que Cristo ha hecho y padecido por nosotros hasta que derramó su vida por los transgresores.

Los efectos inmediatos de la justificación son: que tenemos la paz de Dios, la paz que sobrepasa todo entendimiento, y que nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios, con gozo inefable y glorioso.

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

 

 

Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 4 N° 4

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

 

De su Sermón “No difamen a nadie” extraemos:

Mateo 18:15-17

Por tanto, si tu hermano peca contra ti, vé

repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.

Más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos,

para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.

Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere

a la iglesia, tenle por gentil y publicano.

 

 «No hablen mal de nadie», dice el apóstol: un mandamiento tan categórico como «No matarás». Pero, ¿quién, aún entre los propios cristianos, tiene en cuenta este mandamiento? Más aún, ¿cuántos son los que siquiera llegan a comprenderlo? ¿Qué es «difamar»?

Difamar no es lo mismo que mentir o calumniar (aunque algunos así lo crean). Podemos difamar a una persona aun cuando lo que digamos de ella sea tan cierto como lo que dice la Biblia. Esto se explica porque difamar no es ni más ni menos que hablar mal de una persona en su ausencia; contar algo malo que alguien dijo o hizo cuando la persona aludida no está presente. Supongamos que he visto a alguien embriagarse, o lo escuché maldecir o insultar; si hablo acerca de esto en su ausencia, lo estoy difamando.

Tenemos otra expresión muy apropiada para esto en nuestra lengua «hablar a espaldas». Tampoco existe ninguna diferencia sustancial entre esto y lo que comúnmente llamamos «chisme». Y cuando hablamos con delicadeza y en voz baja (con expresiones de buenos deseos para la persona, y de confianza en que las cosas pueden no ser tan malas como parecen), entonces lo llamamos «murmurar». Pero cualquiera sea la forma en que lo hagamos, el hecho es el mismo. Pueden cambiar las circunstancias, pero la esencia es la misma. No es otra cosa que difamación; burlamos el mandamiento «A nadie difaméis» cada vez que hablamos con alguien acerca de los errores de un tercero que no está presente para defenderse.

Se trata de un pecado tan generalizado que no hace acepción de personas. Los encumbrados y los humildes, ricos y pobres, sabios y necios, instruidos e ignorantes, ¡todos incurren en esto de continuo! Personas que son completamente diferentes entre sí, tienen, sin embargo, esto en común. ¡Qué pequeño el número de los que pueden atestiguar frente al Señor: «Estoy libre de este pecado; siempre he puesto guarda a mi boca, y he guardado la puerta de mis labios

 ¿Alguien recuerda haber participado de una conversación de cierta duración en la que no se haya criticado a alguien? Y esto ocurre aun cuando se trate de personas que tienen el temor de Dios delante de sus ojos, y que verdaderamente procuran tener una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres.

 

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 4 N°3

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

 

 

De su Sermón “Las primicias del Espíritu” extraemos:

Romanos 8.1

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están

en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino

conforme al Espíritu.

 

“Con la frase «los que están en Cristo Jesús» San Pablo sin duda alguna se refiere a los que verdaderamente creen en él; a quienes, justificados por la fe, tienen paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Quienes creen de esa manera ya «no andan conforme a la carne», ya no siguen los impulsos de la naturaleza corrompida, sino que andan «conforme al Espíritu». Tanto sus pensamientos como sus palabras y sus obras están bajo la dirección del bendito Espíritu de Dios.

No hay «ninguna condenación» para éstos. No hay condenación por parte de Dios, por cuando han sido justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. Dios ha perdonado todas sus iniquidades, y ha borrado todos sus pecados. Y tampoco hay condenación por parte de su conciencia, porque no han recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepan lo que Dios les ha concedido, el Espíritu que da testimonio a su espíritu de que son hijos de Dios.

……

Sólo resta deducir algunas conclusiones prácticas de las consideraciones anteriores.

Y, primeramente, si «ninguna condenación hay» porsus pecados pasados «para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu», entonces, ¿por qué temes, hombre de poca fe?

Aunque tus pecados sean más numerosos que la arena del mar, qué importa eso ahora que estás en Cristo Jesús?

¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Todos los pecados que has cometido desde tu niñez hasta la hora en que fuiste aceptado en el Amado, han sido esparcidos como la paja, han desaparecido, se han perdido, han sido tragados, ya no existen en la memoria. Ahora has nacido en el Espíritu.

…..

¿Dirás pues: «pero he pecado después de haber sido redimido por medio de su sangre; y por tanto me aborrezco y me arrepiento en polvo y ceniza»? Es justo que te aborrezcas; es Dios mismo el que te ha traído a este punto. Pero, ¿no crees? ¿Te ha permitido decir nuevamente: «Yo sé que mi Redentor vive» «y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios.»?

Entonces, esa fe cancela todo lo pasado, y no hay ninguna condenación para ti. En el momento mismo en que creas verdaderamente en el Hijo de Dios, todos tus pecados pasados se desvanecerán como el rocío de la mañana. Ahora, estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres. Te ha librado una vez más del poder del pecado, así como de la culpa y el castigo. No estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. Ni al vil y diabólico yugo del pecado, de los malos deseos, del mal genio, malas palabras u obras que constituyen el yugo más pesado que fuera del infierno puede haber, ni tampoco al yugo del temor servil y torturador de la culpa y condenación de sí mismo.”

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

 

 

Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 4 N°2

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Sermón “La salvación por la fe” extraemos:

Efesios 2:8

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe.

Todas las bendiciones que Dios le ha conferido al ser humano vienen únicamente de su gracia, liberalidad y favor. Vienen de su favor inmerecido, totalmente inmerecido, puesto que no tenemos derecho alguno a la más mínima de sus misericordias. Fue por pura y libre gracia que Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y puso sobre esa alma el sello de la imagen divina, y lo puso todo debajo de sus pies. Es la misma gracia que guarda en nosotros hasta el día de hoy la vida, el aliento, y todas las cosas. Porque nada que seamos, o tengamos, o hagamos, merecerá jamás la más mínima dádiva divina. Porque también hiciste en nosotros todas nuestras obras.4 Todas estas cosas no son sino otras tantas pruebas de la gratuita misericordia de Dios. Y cualquier justicia o rectitud que el humano tenga, eso también es don de Dios.

…..

Ahora pues, si el pecador halla favor ante Dios, ello es gracia sobre gracia.6 Si Dios se digna todavía derramar sobre nosotros nuevas bendiciones (sí, y la mayor de ellas es la salvación) ¿qué hemos de decir sino «¡gracias a Dios por su don inefable!»? En esto Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Así pues, por gracia sois salvos por medio de la fe.9 La gracia es la fuente, y la fe es la condición de la salvación.

…..

En primer lugar, no es solamente la fe de un pagano. Dios requiere que el pagano crea que le hay, que es galardonador de los que le buscan, y que hay que buscarle glorificando y alabando a Dios por todas las cosas11 y mediante la práctica cuidadosa de la virtud moral, de la justicia, de la misericordia y de la verdad hacia todas las criaturas.

Tampoco es, en segundo lugar, la fe de un demonio, aunque tal fe vaya más lejos que la del pagano. Porque el demonio cree, no sólo que hay un Dios sabio y poderoso, quien practica la gracia en la recompensa y la justicia en el castigo, sino también que Jesús es el Hijo de Dios, el Cristo, el Salvador del mundo. Así le vemos declarando explícitamente: yo te conozco quién eres, el Santo de Dios.

……

En tercer lugar, la fe mediante la cual somos salvos, en el sentido de la palabra que se explicará más adelante, no es solamente la que los apóstoles tuvieron mientras Cristo estuvo en la tierra, aunque creyeron en él de tal modo que lo dejaron todo y le siguieron, y aunque tenían el poder de hacer milagros y de sanar toda enfermedad y toda dolencia. Sí, aunque tenían poder y autoridad sobre todos los demonios y, lo que es más que todo esto, fueron enviados por su Señor a predicar el evangelio de Dios.

Empero al regresar de todas estas grandes obras, su Señor mismo les llama «generación incrédula». Y les dice que no pudieron echar fuera un demonio a causa de su incredulidad.

Más tarde, creyendo que ya tenían alguna fe, le piden: «aumenta nuestra fe», y él les dice claramente que de esta clase de fe no tienen ninguna, ni siquiera la de un grano de mostaza: «Entonces el Señor dijo: “si tuvierais fe como un grano de mostaza podrías decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.”»

¿Cuál entonces es esta fe mediante la cual somos salvos? En general y primeramente, podemos responder que es la fe en Cristo–fe cuyos objetos únicos son Cristo y Dios por medio de Cristo. En esto se distingue esta fe absoluta y suficientemente de la fe de los paganos tanto antiguos como modernos. Y de la fe de un demonio se distingue completamente por esto: que no se trata únicamente de un asentimiento especulativo, racional, frío y sin vida, de una serie de ideas en la cabeza, sino también de una disposición del corazón. Porque como dice la Escritura con el corazón se cree para justicia. Y si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

Y en esto se distingue de la fe que los apóstoles tenían mientras nuestro Señor estuvo sobre la tierra: en que reconoce la necesidad y los méritos de la muerte del Señor, y el poder de su resurrección. Reconoce su muerte como el único medio suficiente para salvar al ser humano de la muerte eterna, y su resurrección como la restauración de todos nosotros a la vida y la inmortalidad, puesto que fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación. La fe cristiana, por lo tanto, no es sólo el asentimiento a todo el Evangelio de Cristo, sino también una confianza plena en la sangre de Cristo, una esperanza firme en los méritos de su vida, muerte y resurrección, un descansar en él como nuestra expiación y nuestra vida, como quien ha sido dado por nosotros y vive en nosotros. Es una confianza segura que el ser humano tiene en Dios, que mediante los méritos de Cristo sus propios pecados han sido perdonados, y uno ha sido reconciliado al favor divino.

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

 

Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 4 N°1

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Sermón “Un camino más excelente” extraemos:

1 Corintios 12:31

Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un

camino aun más excelente.

…….

Mas yo, dice el apóstol, os muestro un camino aun más excelente, mucho más deseable que todos estos dones, ya que es el camino que los conducirá inexorablemente a la felicidad, en este mundo y en el venidero. Puedes tener todos esos dones, más aun, puedes alcanzar la más alta manifestación de estos dones y, sin embargo, sentirte desdichado en el presente y en la eternidad.

………

La causa verdadera fue que el amor de muchos (de la mayoría de los que se denominaban cristianos) se habría de enfriar. Los cristianos carecían del Espíritu de Cristo tanto como los paganos. Cuando el Hijo del Hombre vino a visitar su iglesia, apenas pudo hallar fe en ella. Esta es la verdadera razón por la cual ya no fue posible ver la manifestación de los extraordinarios dones del Espíritu Santo dentro de la iglesia: los cristianos se habían vuelto paganos nuevamente y ya no había vida verdadera en ellos.

Sin embargo, no es mi intención ahora hablar acerca de los dones extraordinarios del Espíritu Santo sino de los dones ordinarios. También estos debemos procurar para servir mejor a nuestra generación. Con este fin podemos procurar el don de convencer a otros por medio de la palabra para llegar al corazón de los no creyentes; o el don de la persuasión, para despertar sus sentimientos y aclararles el entendimiento. Podemos procurar alcanzar el conocimiento de la palabra y de las obras de Dios, ya sea por providencia o por gracia. Sin embargo, no es mi intención ahora hablar acerca de los dones extraordinarios del Espíritu Santo sino de los dones ordinarios. También estos debemos procurar para servir mejor a nuestra generación. Con este fin podemos procurar el don de convencer a otros por medio de la palabra para llegar al corazón de los no creyentes; o el don de la persuasión, para despertar sus sentimientos y aclararles el entendimiento. Podemos procurar alcanzar el conocimiento de la palabra y de las obras de Dios, ya sea por providencia o por gracia.

…….

El camino del amor, el amor hacia todos los seres humanos en nombre de Dios. Ese amor humilde, afable y paciente tan admirablemente descrito por el apóstol en el capítulo siguiente. Sin este amor, afirma San Pablo, toda facilidad de palabra, todo conocimiento, toda fe, toda obra y todo sufrimiento, no tienen más valor que un metal que resuena o un címbalo que retiñe y no sirven en absoluto al propósito de la salvación eterna. Sin él, todo cuanto sabemos, todo cuanto creemos, todo lo que hagamos, todo nuestro sufrimiento, no significarán cuando tengamos que dar cuenta en el día del juicio.

……..

¿Quién es sabio y entendido entre vosotros?

Que decida hoy, en esta hora, en este instante, con ayuda del Señor, poder elegir en todas las áreas de la vida que hemos mencionado, el camino más excelente. Que pueda mantenerse firme en él en todo, en el descanso, la oración, el trabajo, la comida, la conversación y los entretenimientos, y muy especialmente con respecto al uso de ese «talento» tan importante: el dinero. Deja que tu corazón frente al llamado de Dios, responda: «A partir de este momento, con la ayuda de Dios, no me haré más tesoros en la tierra, sólo haré tesoros en el cielo. Daré a Dios todo lo que es de Dios ; le entregaré a él todos mis bienes y todo mi corazón.

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

 

Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 3 N° 18

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Sermón “El camino del Reino” extraemos:

Marcos 1.15

El reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.

Estas palabras naturalmente nos mueven a considerar: primero, la naturaleza de la verdadera religión, llamada aquí por el Señor «el reino de Dios», y que dice él «está cerca»; segundo, el camino que él ha señalado en estas palabras: «Arrepentíos, y creed en el evangelio.»

Debemos considerar, en primer lugar, la naturaleza de la verdadera religión, llamada por nuestro Señor «el reino de Dios.» El gran Apóstol usa la misma expresión en la Epístola a los Romanos, cuando explica las palabras del Señor, diciendo: Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Ro.14,17).

El reino de Dios, o sea, la verdadera religión no es comida ni bebida. Es cosa bien sabida que no sólo los judíos inconversos, sino gran número de aquéllos que habían aceptado la fe en Cristo, eran, sin embargo, celosos de la ley  (Hech.21,20), aun de la ley ceremonial de Moisés.

Por lo tanto, observaban todo lo que encontraban escrito en ella, tanto sobre las ofrendas de carne o bebida, como sobre la distinción entre carnes puras e impuras. Y no sólo lo observaban ellos mismos sino que lo exigían también a los gentiles que se habían convertido a Dios. A tal grado lo exigían que algunos de ellos enseñaban, a cualquiera que se unía a ellos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, y guardáis toda la ley, no podéis ser salvos (Hech.15,1-24).

En oposición a esto declara el Apóstol, tanto aquí como en otros lugares, que la verdadera religión no consiste en comida ni bebida, ni en la observación de rituales; ni en ninguna cosa exterior, en nada fuera del corazón; la sustancia de la verdadera religión consiste en justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.(Ro.14,17)…….

Estas cosas externas son buenas en su lugar mientras permanecen subordinadas a la verdadera religión. Y sería superstición oponerse a ellas si se aplicaran sólo ocasionalmente como ayudas a la necesidad humana.

Pero no deben ser llevadas más lejos de la cuenta. Que no sueñe nadie que tienen un valor intrínseco; o que la religión no podría subsistir sin ellas. Esto las haría abominables ante Dios.

La naturaleza de la religión está tan lejos de consistir en esto, en formas de adoración, en rituales y ceremonias, que no consiste propiamente en acciones exteriores de ninguna clase……

Sin embargo, es posible abstenerse de hacer mal y practicar lo bueno, sin por ello tener religión. Sí, dos personas pueden hacer la misma obra exterior–por ejemplo, alimentar al hambriento o vestir al desnudo–y al mismo tiempo una ser verdaderamente religiosa, y la otra no tener religión alguna. Una puede actuar por amor de Dios, y la otra por amor a la alabanza. Tan manifiesto es que, a pesar de que la verdadera religión conduce naturalmente a toda buena palabra y obra, sin embargo su verdadera naturaleza tiene mayor profundidad, pues reside en el corazón humano.

Digo del corazón, porque la religión no consiste en la ortodoxia o las opiniones correctas; las cuales, aunque no son propiamente exteriores, no están en el corazón sino en el entendimiento. Se puede ser ortodoxo en cada punto; se puede apoyar no sólo las opiniones correctas sino también defenderlas celosamente de sus opositores; se puede tener creencias correctas acerca de la encarnación de nuestro Señor, acerca de la bendita Trinidad, y acerca de cada doctrina contenida en los oráculos de Dios; se puede afirmar cada uno de los tres credos (el llamado de los Apóstoles, el Niceno, y el de Atanasio) y aun así se puede no tener más religión que la de una persona judía, turca o pagana……

La religión consiste en esto: sólo esto es ante Dios de gran precio. El Apóstol lo resume en estas tres manifestaciones: justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.(Ro.14,17)…..

La verdadera religión, o el corazón recto delante de Dios y de los seres humanos, significa tanto felicidad como santidad.

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado