Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 4 N° 10

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

 

 

De su Sermón “Los sufrimientos de un pueblo son fruto de su pecado” extraemos:

 

2 Samuel 24:17

Yo fui quien pequé, yo cometí el mal, pero estas pero estas ovejas  ¿qué han hecho?

“No sabemos de qué manera Israel había ofendido a Dios, qué provocó que su ira se encendiera; sólo conocemos el resultado. Incitó a David contra ellos a que dijese: Ve, haz un censo de Israel y Judá.

¿Pero quién lo «incitó»? ¡Pues no fue Dios! ¡Guárdense de atribuir esto a quien es fuente de amor y santidad! No fue Dios sino Satanás quien incitó a David. El paralelo de este relato en el libro de Crónicas dice «Pero Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel.» (1Cr.21,1)

Satanás se presentó ante Dios para acusar a David y a Israel, y rogó a Dios que le permitiese tentar a David. Presentarse: precisamente este es el término que utilizamos para referirnos a quien acude a los tribunales para acusar a alguien. Por eso las Escrituras, que siempre nos hablan acerca de las cosas de Dios con un lenguaje propio de los humanos, dicen que Satanás se presentó así ante el tribunal de Dios. Y dijo David a Joab y a los príncipes del pueblo: Id, haced censo de Israel desde Beerseba hasta Dan, e informadme sobre el número de ellos para que yo lo sepa.(1Cr.21,2)

…..

¿No encuentran un asombroso paralelo entre la situación del pueblo de Israel y la nuestra?* El mal general provocó un castigo general. ¿No vemos ahora la misma causa provocar el mismo efecto? Igual que ellos nosotros también hemos pecado y ahora somos castigados, y tal vez esto sea sólo el principio de los dolores.(Mt.24;8) Tal vez ahora el ángel está extendiendo su mano sobre Inglaterra para destruirla. ¡Roguemos que el Señor diga al destructor «Basta ahora; detén tu mano»! (2S.24,16)

Muy pocos niegan que el dolor es fruto del pecado; esto ha quedado demostrado durante siglos de sufrimiento. Pero rara vez lo admitimos en nosotros mismos. Cuando hablamos del pecado como causante del sufrimiento, generalmente nos referimos al pecado de los demás, y creemos que nosotros sufrimos a causa de su pecado. ¿Pero es realmente necesario buscar tan lejos? ¿No alcanza con nuestras propias faltas para explicar nuestro

sufrimiento? Hagamos un análisis justo e imparcial, examinemos nuestro corazón, nuestra propia vida. Todos nosotros sufrimos, y todos hemos pecado. Me pregunto si no sería más beneficioso para todos que cada uno aceptara que es su propio pecado el que provoca sufrimiento en él y en los demás; que cada uno de nosotros dijera: «Yo pequé, yo hice la maldad; ¿qué hicieron estas ovejas?»

 

*Wesley se refiere aquí al inicio de la rebelión en las Colonias de América.
 
 
La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

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Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 4 N° 8

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Sermón “Negarse a sí mismo” extraemos:

 

 

 

 

Lucas 9:23

Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí,  
niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.

Con frecuencia se ha entendido que este mandamiento estaba dirigido principal o únicamente a los apóstoles. O al menos, a los cristianos de los primeros tiempos o a aquellos que sufrían persecución. Sin embargo, esto constituye un lamentable error. Si bien es cierto que estas palabras de nuestro Señor estaban destinadas, en lo inmediato, a los apóstoles y demás discípulos que estuvieron con él durante el tiempo que vivió su vida

terrenal, también nos está hablando a nosotros, y a toda la humanidad, sin límite o excepción alguna. La propia naturaleza del mandamiento deja fuera de discusión la posibilidad de que se trate de un deber que atañe exclusivamente a los discípulos o a los primitivos cristianos.

No se refiere a una determinada clase de personas, ni a un tiempo o nación en particular. Por el contrario, tiene un sentido absolutamente universal; abarca todos los tiempos y todas las personas. Y también todas las cosas: no sólo la comida y la bebida, y todo aquello que percibimos con los sentidos. He aquí el significado de sus palabras: «Si alguien, no importa su condición, oficio o situación, en cualquier tiempo o nación, verdaderamente quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo en todas las áreas de su vida, tome su cruz, sea cual fuere, cada día y sígame.

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

 

Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 4 N° 7

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

 

De su Sermón “El deber de la comunión constante” extraemos:

 

Lucas 22.19

Haced esto en memoria de mí

 

No es de asombrarse que, a gente que no tenga el temor de Dios, no se le ocurra hacer esto. Pero sí extraña que lo descuiden quienes temen a Dios y desean salvar sus almas. Y sin embargo, nada es más corriente. Una razón de este descuido es que tienen tanto temor de comer y beber indignamente (1 Co.11,29)  que no piensan cuanto mayor es el peligro de no comer ni beber de modo alguno. A fin de hacer todo lo que esté a mi alcance para conducir a estas personas bien intencionadas a una forma más justa de pensar. En primer lugar, mostraré que es deber de todo cristiano recibir la Cena del Señor tan frecuentemente como pueda.

…..

La primera razón por la que es deber de todo cristiano hacerlo es porque es un claro mandamiento de Cristo. Que lo es resulta de las palabras del texto, Haced esto en memoria de mí, según el cual, como los apóstoles tuvieron la obligación de bendecir, partir y dar el pan a todos los que se reunían a ellos en estas cosas sagradas, así todos los cristianos estaban obligados a recibir esas señales del cuerpo y la sangre de Cristo.

Aquí se nos ordena, por lo tanto, recibir el pan y el vino en memoria de su muerte hasta el fin del mundo. Obsérvese, además, que este mandamiento fue dado por nuestro Señor precisamente cuando estaba entregando su vida por nosotros. Estas son, por, lo tanto, por así decirlo, sus últimas palabras a sus seguidores.

Una segunda razón por la que todo cristiano debería hacerlo tan frecuentemente como le sea posible es porque los beneficios de hacerlo son tan grandes para todo aquel que lo haga en obediencia a él; a saber, el perdón de nuestros pecados pasados y el fortalecimiento y renovación presentes de nuestras almas.

En este mundo nunca estamos libres de tentaciones. Sea cual fuere el camino por el que marchemos o la condición en que nos encontremos, estemos enfermos o sanos, perturbados o en paz, los enemigos de nuestras almas están siempre alerta para conducirnos al pecado. Y frecuentemente nos derrotan.

Ahora bien, cuando somos convictos de haber pecado contra Dios, ¿qué camino más seguro tenemos para procurar su perdón que anunciar la muerte del Señor (1Co.11,29) y rogarle, por el mérito de los sufrimientos de su Hijo, que borre todos nuestros pecados?

 

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

 

Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 4 N° 6

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

 

 

De su Sermón “Afligidos en diversas pruebas” extraemos:

1 Pedro 1:6

Ahora por un poco de tiempo, si es necesario, serán

afligidos en diversas pruebas.

“En mi predicación anterior* me referí específicamente a la oscuridad interior que con frecuencia vemos en personas que alguna vez caminaron sostenidas por la luz de Dios. En estrecha relación con esto encontramos la aflicción del alma, que es aun más frecuente, incluso entre los creyentes. Es en verdad algo que, en mayor o menor medida, todos los hijos de Dios experimentan. Mas el parecido entre un estado y otro es tan grande que con frecuencia se los confunde. Decimos indistintamente «tal persona está en tinieblas», o «tal persona está en aflicción», como si fuesen términos equivalentes y cada uno de ellos implicase exactamente lo mismo que el otro. Nada más lejos de la verdad. Una cosa es estar en tinieblas, y muy otra estar en aflicción. Existe una enorme diferencia, una diferencia sustancial, entre ambas. Y esta diferencia es algo que todo hijo de Dios debe preocuparse por conocer en profundidad. De otro modo, muy fácilmente pueden pasar de la aflicción a las tinieblas.

…..

En primer lugar, espero poder mostrar quiénes eran las personas a las cuales el Apóstol dijo: «serán afligidos». Ante todo es indiscutible que todos eran creyentes en el tiempo en que el Apóstol les escribió. Así lo expresa claramente el versículo cinco: «vosotros que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación.»

 En el versículo siete, otra vez se refiere a «la prueba de su fe, mucho más preciosa que el oro que es perecedero». Y una vez más, en el versículo nueve, habla acerca de «obtener el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas». Por lo tanto, estaban «en aflicción» al mismo tiempo que poseían una fe viva. Su aflicción no había destruido su fe; se sostuvieron como viendo al Invisible (He.11,27).

Su aflicción tampoco logró destruir su paz, esa paz que sobrepasa todo entendimiento (Fil.4,7), y que es inseparable de una fe viva y verdadera. Esto se deduce fácilmente de la oración del Apóstol en el versículo segundo, donde no pide que ellos reciban «gracia y paz», sino que estas «sean multiplicadas». Es decir, que la bendición que ya disfrutaban se derramase más abundantemente sobre ellos.

Las personas a quienes el Apóstol se dirige en esta oportunidad también poseían una esperanza viva. Así se desprende del versículo tres: «Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer», a mí y a ustedes, a todos los que hemos sido santificados por el Espíritu y rociados con la sangre de Jesucristo, para una esperanza viva, para una herencia, es decir, para la esperanza viva de una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible (1Pe.1,2-4).

De modo que, a pesar de su aflicción, ellos aún poseían una esperanza llena de inmortalidad.**

 

*Juan Wesley se refiere a “La condición de desierto”.
**Cita el libro deuterocanónico Sabiduría capítulo 3, versículo 4.
La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

 

Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 4 N° 5

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

 

De su Sermón “El camino de la salvación según las Escrituras” extraemos:

Efesios 2.8

Sois salvos por medio de la fe

Nada puede ser más intrincado, complejo y difícil de entender que la religión, tal como a menudo ha sido descrita. Y esto es verdad no solamente en lo concerniente a la religión de los paganos, hasta de muchos de los más sabios de ellos, sino también en lo que concierne a la religión de quienes, en cierto sentido, eran cristianos; y hasta personas de renombre en el mundo cristiano, personas considerados como columnas del mismo. Sin embargo, ¡cuán fácil de ser comprendida, cuán sencilla y simple es la religión genuina de Jesucristo! Con la condición de que la tomemos en su forma original, tal como es descrita en los oráculos de Dios. Ella está perfectamente adaptada al débil entendimiento y a la estrecha capacidad del ser humano en su estado actual. ¡Cuán evidente es esto tanto con respecto al fin que propone como a los medios para alcanzarlo! El fin es, en una palabra, la salvación; el medio para alcanzarla, la fe.

Es fácilmente discernible que estas dos pequeñas palabras–quiero decir: fe y salvación–incluyen la substancia de toda la Biblia, algo así como la médula de todas las Escrituras. Por eso, mucho más hemos de tener todo el cuidado posible en evitar todo error al respecto, y de formarnos un juicio verdadero y exacto acerca de la una y la otra.

…..

¿Qué es la salvación?

La salvación de la cual aquí se habla no es lo que frecuentemente se entiende por esta palabra: ir al cielo, la felicidad eterna. No es que el alma vaya al paraíso, denominado «el seno de Abraham» por nuestro Señor.

No se trata de una bendición que se halla del otro lado de la muerte o, como decimos comúnmente, en el otro mundo Las mismas palabras del texto lo expresan de modo incuestionable: «Sois salvos». No se trata de algo a distancia: es algo presente, una bendición de la cual, mediante la misericordia gratuita de Dios, estás en posesión ahora.

Las palabras pueden traducirse con la misma corrección como: «Habéis sido salvados». De manera que la salvación de la cual aquí se habla puede extenderse a toda la obra de Dios, desde el primer alborear de la gracia en el alma hasta que es consumada en la gloria.

Justificación es otra palabra para perdón. Es el perdón de todos nuestros pecados y lo que está implícito en ello: nuestra aceptación por Dios. El precio mediante el cual esto ha sido obtenido para nosotros (comúnmente llamado la «causa meritoria» de nuestra justificación) es la sangre y la justicia de Cristo o, para expresarlo con un poco más de claridad, todo lo que Cristo ha hecho y padecido por nosotros hasta que derramó su vida por los transgresores.

Los efectos inmediatos de la justificación son: que tenemos la paz de Dios, la paz que sobrepasa todo entendimiento, y que nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios, con gozo inefable y glorioso.

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

 

 

Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 4 N° 4

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

 

De su Sermón “No difamen a nadie” extraemos:

Mateo 18:15-17

Por tanto, si tu hermano peca contra ti, vé

repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.

Más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos,

para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.

Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere

a la iglesia, tenle por gentil y publicano.

 

 «No hablen mal de nadie», dice el apóstol: un mandamiento tan categórico como «No matarás». Pero, ¿quién, aún entre los propios cristianos, tiene en cuenta este mandamiento? Más aún, ¿cuántos son los que siquiera llegan a comprenderlo? ¿Qué es «difamar»?

Difamar no es lo mismo que mentir o calumniar (aunque algunos así lo crean). Podemos difamar a una persona aun cuando lo que digamos de ella sea tan cierto como lo que dice la Biblia. Esto se explica porque difamar no es ni más ni menos que hablar mal de una persona en su ausencia; contar algo malo que alguien dijo o hizo cuando la persona aludida no está presente. Supongamos que he visto a alguien embriagarse, o lo escuché maldecir o insultar; si hablo acerca de esto en su ausencia, lo estoy difamando.

Tenemos otra expresión muy apropiada para esto en nuestra lengua «hablar a espaldas». Tampoco existe ninguna diferencia sustancial entre esto y lo que comúnmente llamamos «chisme». Y cuando hablamos con delicadeza y en voz baja (con expresiones de buenos deseos para la persona, y de confianza en que las cosas pueden no ser tan malas como parecen), entonces lo llamamos «murmurar». Pero cualquiera sea la forma en que lo hagamos, el hecho es el mismo. Pueden cambiar las circunstancias, pero la esencia es la misma. No es otra cosa que difamación; burlamos el mandamiento «A nadie difaméis» cada vez que hablamos con alguien acerca de los errores de un tercero que no está presente para defenderse.

Se trata de un pecado tan generalizado que no hace acepción de personas. Los encumbrados y los humildes, ricos y pobres, sabios y necios, instruidos e ignorantes, ¡todos incurren en esto de continuo! Personas que son completamente diferentes entre sí, tienen, sin embargo, esto en común. ¡Qué pequeño el número de los que pueden atestiguar frente al Señor: «Estoy libre de este pecado; siempre he puesto guarda a mi boca, y he guardado la puerta de mis labios

 ¿Alguien recuerda haber participado de una conversación de cierta duración en la que no se haya criticado a alguien? Y esto ocurre aun cuando se trate de personas que tienen el temor de Dios delante de sus ojos, y que verdaderamente procuran tener una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres.

 

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 4 N°3

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

 

 

De su Sermón “Las primicias del Espíritu” extraemos:

Romanos 8.1

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están

en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino

conforme al Espíritu.

 

“Con la frase «los que están en Cristo Jesús» San Pablo sin duda alguna se refiere a los que verdaderamente creen en él; a quienes, justificados por la fe, tienen paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Quienes creen de esa manera ya «no andan conforme a la carne», ya no siguen los impulsos de la naturaleza corrompida, sino que andan «conforme al Espíritu». Tanto sus pensamientos como sus palabras y sus obras están bajo la dirección del bendito Espíritu de Dios.

No hay «ninguna condenación» para éstos. No hay condenación por parte de Dios, por cuando han sido justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. Dios ha perdonado todas sus iniquidades, y ha borrado todos sus pecados. Y tampoco hay condenación por parte de su conciencia, porque no han recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepan lo que Dios les ha concedido, el Espíritu que da testimonio a su espíritu de que son hijos de Dios.

……

Sólo resta deducir algunas conclusiones prácticas de las consideraciones anteriores.

Y, primeramente, si «ninguna condenación hay» porsus pecados pasados «para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu», entonces, ¿por qué temes, hombre de poca fe?

Aunque tus pecados sean más numerosos que la arena del mar, qué importa eso ahora que estás en Cristo Jesús?

¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Todos los pecados que has cometido desde tu niñez hasta la hora en que fuiste aceptado en el Amado, han sido esparcidos como la paja, han desaparecido, se han perdido, han sido tragados, ya no existen en la memoria. Ahora has nacido en el Espíritu.

…..

¿Dirás pues: «pero he pecado después de haber sido redimido por medio de su sangre; y por tanto me aborrezco y me arrepiento en polvo y ceniza»? Es justo que te aborrezcas; es Dios mismo el que te ha traído a este punto. Pero, ¿no crees? ¿Te ha permitido decir nuevamente: «Yo sé que mi Redentor vive» «y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios.»?

Entonces, esa fe cancela todo lo pasado, y no hay ninguna condenación para ti. En el momento mismo en que creas verdaderamente en el Hijo de Dios, todos tus pecados pasados se desvanecerán como el rocío de la mañana. Ahora, estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres. Te ha librado una vez más del poder del pecado, así como de la culpa y el castigo. No estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. Ni al vil y diabólico yugo del pecado, de los malos deseos, del mal genio, malas palabras u obras que constituyen el yugo más pesado que fuera del infierno puede haber, ni tampoco al yugo del temor servil y torturador de la culpa y condenación de sí mismo.”

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.