Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 4 N° 4

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

 

De su Sermón “No difamen a nadie” extraemos:

Mateo 18:15-17

Por tanto, si tu hermano peca contra ti, vé

repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.

Más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos,

para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.

Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere

a la iglesia, tenle por gentil y publicano.

 

 «No hablen mal de nadie», dice el apóstol: un mandamiento tan categórico como «No matarás». Pero, ¿quién, aún entre los propios cristianos, tiene en cuenta este mandamiento? Más aún, ¿cuántos son los que siquiera llegan a comprenderlo? ¿Qué es «difamar»?

Difamar no es lo mismo que mentir o calumniar (aunque algunos así lo crean). Podemos difamar a una persona aun cuando lo que digamos de ella sea tan cierto como lo que dice la Biblia. Esto se explica porque difamar no es ni más ni menos que hablar mal de una persona en su ausencia; contar algo malo que alguien dijo o hizo cuando la persona aludida no está presente. Supongamos que he visto a alguien embriagarse, o lo escuché maldecir o insultar; si hablo acerca de esto en su ausencia, lo estoy difamando.

Tenemos otra expresión muy apropiada para esto en nuestra lengua «hablar a espaldas». Tampoco existe ninguna diferencia sustancial entre esto y lo que comúnmente llamamos «chisme». Y cuando hablamos con delicadeza y en voz baja (con expresiones de buenos deseos para la persona, y de confianza en que las cosas pueden no ser tan malas como parecen), entonces lo llamamos «murmurar». Pero cualquiera sea la forma en que lo hagamos, el hecho es el mismo. Pueden cambiar las circunstancias, pero la esencia es la misma. No es otra cosa que difamación; burlamos el mandamiento «A nadie difaméis» cada vez que hablamos con alguien acerca de los errores de un tercero que no está presente para defenderse.

Se trata de un pecado tan generalizado que no hace acepción de personas. Los encumbrados y los humildes, ricos y pobres, sabios y necios, instruidos e ignorantes, ¡todos incurren en esto de continuo! Personas que son completamente diferentes entre sí, tienen, sin embargo, esto en común. ¡Qué pequeño el número de los que pueden atestiguar frente al Señor: «Estoy libre de este pecado; siempre he puesto guarda a mi boca, y he guardado la puerta de mis labios

 ¿Alguien recuerda haber participado de una conversación de cierta duración en la que no se haya criticado a alguien? Y esto ocurre aun cuando se trate de personas que tienen el temor de Dios delante de sus ojos, y que verdaderamente procuran tener una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres.

 

 

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 4 N°  4

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Obra  «Un nuevo llamado a las personas razonables y religiosa. Parte 1* extraemos:

En un tratado anterior** declaré, de la manera más sencilla que pude, mis principios y prácticas, y respondí a algunas de las objeciones más frecuentes e importantes a dichos principios y prácticas. Pero tengo que salvar mi alma. Todavía falta que responda a otras objeciones, especialmente las que vienen de los que se consideran religiosos y razonables.

Estas objeciones se relacionan en parte con las doctrinas que enseño, en parte con la manera cómo las enseño, y en parte con los efectos que se supone resultan de enseñar dichas doctrinas de esa manera.

…..

Primero, la naturaleza de la justificación. A veces significa nuestra absolución en el día final. Pero en este caso eso está fuera de cuestión. Se trata de la justificación de la que hablan nuestros Artículos y Homilías,*** que tiene que ver con el perdón presente, el perdón de los pecados. Y, por consiguiente, el ser aceptos delante de Dios, quien de esta

manera nos declara su justicia o misericordia, por y para la remisión de los pecados pasados», y nos dice: seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades.

Y creo que la condición para esta justificación es la fe.

Es decir, que no sólo no podemos ser justificados sin fe, sino que cuando alguien tiene fe es justificado en ese mismo momento.

Las buenas obras son consecuencia de esta fe, pero no la preceden.

….

También se admite, antes de la fe, el arrepentimiento y los frutos dignos de arrepentimiento. Ciertamente, el arrepentimiento debe preceder a la fe; y los frutos dignos de arrepentimiento, si hay la oportunidad.

….

Ahora bien, si por salvación entendemos una salvación presente del pecado, no podemos decir que la santidad sea la condición para ella ¡porque la santidad es la salvación misma! En este sentido, la santidad y la salvación son sinónimos. Por lo tanto, debemos decir somos salvos por medio de la fe. La fe es la única condición para la salvación. Sin fe no podemos ser salvos, pero quien cree ya es salvo.

Sin fe, reiteramos, no podemos ser salvos.

…..

Y tan pronto como el perdón o justificación le es asegurada por el Espíritu Santo, es salvo. Ama a Dios y a toda la humanidad. Tiene la mente de Cristo y el poder de andar como él anduvo. Desde ese momento, a menos que naufrague en cuanto a la fe, la salvación crece gradualmente en su alma. Porque así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra, y brota primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga.

….

A veces el Espíritu de Dios actúa más particularmente en el entendimiento, abriéndolo, iluminándolo (como dice la Escritura), y revelándonos, develándonos, descubriéndonos lo profundo de Dios.

A veces el Espíritu actúa en la voluntad y en los afectos de la persona, librándola del mal, inclinándola al bien, inspirándole buenos pensamientos. Por eso se lo ha explicado por medio de la metáfora sencilla y natural de la respiración, como si el Espíritu respirara en nosotros.

 

*Wesley publicó tres fascículos sobre el mismo tema que lo dividió en Parte 1, Parte 2 y Parte 3.
** Se refiere a “Un llamado ferviente a personas razonables y religiosas#, incluido en la primera parte de este volumen.
***Publicaciones doctrinales de la Iglesia de Inglaterra.
La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

 

Extracto de las Cartas de Juan Wesley

CARTAS | Año 4 N°3

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

 

De su Carta a  “Hannah Ball”* extraemos:

Londres, 4 de octubre de 1773.

Mi estimada hermana,

Haber sido sellado por el Espíritu en todo el sentido de la palabra para mí implica dos cosas:

(1) el recibir la imagen total de Dios, todo el sentir que hubo en Cristo, como recibe la cera la impresión completa del sello cuando éste le es aplicado fuerte y propiamente;

(2) La completa certidumbre de la esperanza, o una confianza clara y permanente de vivir con Dios en la gloria. Cualquiera de estas dos cosas puede ser dada separadamente una de la otra (y algunas veces es así, a pesar de que no es frecuente).

Cuando las dos se unen, entonces yo creo que constituyen el Sello del Espíritu. Pero aun esto ocurre en varias etapas: confío en que usted se encuentre en una de estas etapas.

¡Obre y ore! ¡Haga y sufra la voluntad total de Quien la llama! Y él proveerá lo que necesite.

Quedo, mi estimada hermana,

Afectuosamente su hermano,

Juan Wesley

 

 *Hannah Ball (1734-1792) fue la primera fundadora de la Escuela Dominical en Gran Bretaña. Además tuvo una acción destacada visitando a los enfermos y a los presos. En 1776 fue convocada a la Conferencia Metodista Wesleyana en la ciudad de Londres para dar su testimonio ante los predicadores laicos. [Extraído de la Wesley Historical Society].

 La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.