Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 3 N°3

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Obra “A un bebedor” extraemos:

¡Eres un ser humano! Dios te creó humano, pero tú te has convertido en un animal. ¿Cuál es la diferencia entre un humano y un animal? ¿No es, acaso, la razón y el entendimiento? Pero tú desperdicias tu razón y te despojas de tu entendimiento. Haces todo cuanto está a tu alcance para transformarte en un mero animal. No me refiero únicamente a actuar como tonto o loco sino como un cerdo, un pobre y asqueroso cerdo. ¡Ve y revuélcate con ellos en el lodo! ¡Ve, continúa bebiendo hasta que tu desnudez quede al descubierto y la vergüenza de tu propio vómito cubra tu gloriosa humanidad!

De modo que ahora ya estás preparado para que el diablo haga su obra. Te has despojado de toda bondad y virtud, y has llenado tu corazón con todo lo que es malo, mundano, sensual y demoníaco. Has forzado al Espíritu de Dios a apartarse de ti, porque no estás dispuesto a tolerar que te reprenda, y te has entregado como un ciego en las manos del diablo, permitiéndole que te guíe según su propia voluntad.
…..
¿Cuál es la razón por la cual te envenenas? ¿Sólo por placer? ¡Así que por placer estás dispuesto a transformarte en una bestia o más bien en un demonio!
¿Correrás el riesgo de cometer toda clase de vilezas por el placer que sientes durante los breves instantes en que el veneno baja por tu garganta? ¡Tú no puedes llamarte cristiano! ¡No puedes llamarte humano! Te has hundido más bajo que la mayoría de las bestias que están destinadas a perecer. ¿O será más bien que bebes por estar en compañía, para complacer a tus amigos? Tú dices que es «por estar en compañía». ¿Cómo se explica esto? ¿Tomarías una dosis de veneno para ratas «por estar en compañía»?
…..
¡Arrepiéntete! Mírate y date cuenta de cuán desdichado eres. Ruega a Dios que te convenza en lo más íntimo. ¡Cuántas veces has vuelto a crucificar al Hijo de Dios y le has expuesto a la vergüenza pública! Ruega que puedas llegar a conocerte por dentro y por fuera, con todo tu pecado, tu culpa y tu debilidad. Luego clama a Dios: «¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí!» ¡Cordero de Dios, quita mis pecados! Concédeme tu paz. Justifica al pecador. ¡Oh, Señor, acércame a la sangre rociada para que al levantarme ya no peque más, y que pueda amar mucho porque mucho me ha sido perdonado!La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Wesley-Whitefield

Dos personalidades del metodismo británico.

Historia del Metodismo

La relación entre Juan Wesley y Jorge Whitefield fue doctrinariamente confictiva, pero la amistad entre ambos permaneció inalterable entre ambos, aun en los momentos más difíciles.

En su juventud se conocieron en Oxford, venían de hogares no muy acomodados pero bien distintos.
Juan Wesley (1703-1791) era hijo de Samuel Wesley el Rector de la Iglesia Anglicana de St. Andrés, en el lejano pueblito de Epworth, Lincolnshire, Inglaterra. Había nacido en una familia extensa donde él era el hijo decimosexto, de diecinueve hijos, no todos vivos. Susana, su madre tendrá una gran influencia en su toda vida.

Jorge Whitefield (1714-1770) nace en Bell Inn, Gloucester, Inglaterra y era el menor de lo siete hijos. Su padre Tomás era el tabernero del pueblo, pero queda huérfano de padre al morir éste, cuando Jorge tenía dos años. Su madre Isabel que se había quedado al frente de la taberna, ocho años después se…

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Extracto de las Cartas de Juan Wesley

CARTAS | Año 3 N°2

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Carta al “Rvdo. Richard Bailey” extraemos:

Londres, 15 de agosto de 1751.

Rvdo. Señor,

1. Me tomo la libertad de informarle que un pobre hombre, que vivía en su parroquia, ha estado conmigo hace algún tiempo, igual que otros dos hace unos pocos días, quienes viven en o cerca de Wrangle. Si lo que ellos afirman es cierto, usted estuvo involucrado en algunas transacciones recientes allí. En resumen: que en varias ocasiones, particularmente en los días 7 de julio, y 4 de este mes, una turba desenfrenada asaltó violentamente a una compañía de gente pacífica, y golpeó a muchos de ellos, apaleó a otros, y arrastró a algunos, después de abusar de ellos en varias maneras, hasta los desaguaderos y otras aguas profundas, al punto de poner en peligro sus vidas. No contentos con esto, rompieron la puerta de una casa, arrastraron a un pobre hombre de su cama, y lo sacaron desnudo de la casa, ocasionando también grandes daños en sus bienes, y amenazando a la misma vez a todos con hacerles lo mismo o peor si no dejaban aquella adoración a Dios que ellos creían correcta y buena.

2. Me informaron que los pobres sufrientes solicitaron justicia de un Juez de la Paz vecino. Pero no la pudieron obtener. Y tanto que el Juez mismo les dijo que lo que recibieron era lo que merecían, y que si siguieren (adorando a Dios según sus conciencias) la turba debería volverles a molestar.

3. Concedo que algunas de esas personas pudieron haberse comportado con pasión o malos modales. Pero si lo hicieron ¿hubo proporción alguna entre la falta y el castigo? O, si había necesidad de algún castigo justo, ¿ordena la ley que sea una turba desenfrenada la que lo administre?

4. Concedo también que este caballero suponía que las doctrinas de los metodistas (el nombre que nos han dado) eran extremadamente malas. ¿Pero puede estar seguro de esto? ¿Ha leído sus escritos? Si no, ¿por qué pasa sentencia antes de escuchar la evidencia? Y si lo ha hecho, y piensa que son equivocadas, ¿es con todo éste el método de refutar para ser usado en un país protestante? ¿Y particularmente en Inglaterra, donde cada persona puede pensar por sí misma, en la misma forma en que tiene que rendir cuentas delante de Dios?

5. La suma de nuestra doctrina en cuanto a la religión interior (hasta donde yo lo entiendo) se resume en dos puntos: amar a Dios con todos nuestros corazones, y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Y en cuanto a la religión exterior, en otros dos: hacer todo para la gloria de Dios, y hacer a todos lo que quisiéramos que nos hicieran a nosotros en circunstancias similares. Yo no creo que nadie pueda refutar esto fácilmente por medio de la Escritura ni el razonamiento bien fundado, ni probar que predicamos o mantenemos cualquier otra doctrina como necesaria para la salvación.

6. Pensaba que era mi deber, señor, aunque soy para usted un extraño, decirle esto, y pedirle dos cosas: (1) que se repare el daño sufrido por esta pobre gente; y también, que se les deje, en el futuro, gozar del privilegio que tienen los ingleses de servir a Dios según los dictamines de su propia conciencia. Bajo estas condiciones están completamente dispuestos a olvidar todo lo pasado.

Deseándole toda felicidad, espiritual y temporal, quedo, reverendo señor, su hermano afectuoso y siervo,

Juan Wesley

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Extracto de los Diarios de Juan Wesley

DIARIO | Año 3 N°2

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Diario extraemos:

Jueves 29 de marzo de 1750.

Adelantamos cuatro o cinco leguas hacia Irlanda, pero en la tarde fuimos devueltos a la misma boca de la bahía. Sin embargo, habiendo cambiado el viento uno o dos puntos nos aventuramos a salir de nuevo.
A la medianoche nos encontrábamos en medio del mar cuando el viento arremetiendo en nuestra contra y soplando con fuerza nos regresó. A eso de las nueve estuvimos felices de poder entrar de nuevo a la bahía.

Por la noche me sorprendí de ver, en vez de gente sencilla y pobre, a un cuarto lleno de personas cubiertas de oro y plata. Para no salirme de lo que conocían, comencé a exponerle la historia de Dives, el hombre rico, y Lázaro. Les era más pertinente de lo que había imaginado. Muchos de ellos, (como después supe) eran personas malvadas en sumo grado. Les entregué mi alma, pero ellos no pudieron soportarlo. Uno a uno se fueron retirando, murmurando con resentimiento.

Cuatro de ellos permanecieron hasta que llegué al final. Se pusieron sus sombreros y empezaron a hablar entre sí. Con sutileza les reprendí, por lo que se levantaron y se fueron, quejándose y blasfemando.

Tuve después una hora muy cómoda con la compañía de un grupo de sencillos y honestos galeses.

En la noche hubo una violenta tormenta. Bendito sea Dios pues estábamos a salvo en tierra.

 

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Extracto de los Sermones de Juan Wesley

SERMONES | Año 3 N°2

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.
De su Sermón “Sobre el sermón del Señor en la montaña” [Discurso 3]” extraemos:
Mateo 5:8-12
Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos
verán a Dios.
Bienaventurados los pacificadores, porque ellos
serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los que padecen persecución por
causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados sois cuando os vituperen y os
persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros,
mintiendo.
Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es
grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas
que fueron antes de vosotros.
¡Qué cosas excelentes se dicen del amor a nuestro prójimo! Es el cumplimiento de la ley,y el fin del mandamiento. Sin esto, todo lo que tenemos, todo lo que hacemos, todo lo que sufrimos, de nada vale en la presencia de Dios. Pero se trata del amor a nuestro prójimo que nace del amor de Dios. De otra manera, por sí mismo, no vale nada. Importa, pues, que examinemos bien la base sobre la que descansa el amor a nuestro prójimo: si realmente está edificado sobre el amor de Dios; si lo amamos porque él nos amó primero; si somos «limpios de corazón». Pues ésta es la base que nunca será removida: «Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.»
Los de «limpio corazón» son aquellos cuyos corazones Dios ha purificado así como él es puro; que están purificados de todo afecto impuro por medio de la fe en la sangre de Jesús; quienes están limpios de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el amoroso temor de Dios. Los que, por medio del poder de su gracia, están purificados del orgullo por la más completa pobreza de espíritu; de la ira, de toda pasión cruel y turbulenta, por la mansedumbre y la amabilidad; de todo deseo, excepto el de agradar a y gozar de Dios, conocerlo y amarlo más y más, por aquella hambre y sed de justicia que ahora absorbe toda su alma. Así que ahora aman al Señor su Dios con todo su corazón, con toda su alma, y con toda su mente y con todas sus fuerzas.
…..
Tal es la pureza de corazón que Dios exige y la obra de los que creen en el Hijo de su amor.
«Bienaventurados» los que de esta manera son «limpios de corazón; porque ellos verán a Dios. El se manifestará a ellos, no sólo como no se manifiesta al mundo, sino como no se manifiesta siempre a sus criaturas. Los bendecirá con las expresiones más claras de su Espíritu, la más íntima comunión con el Padre y con el Hijo. Hará que su presencia vaya siempre delante de ellos y que la luz de su rostro los ilumine. La incesante oración de su corazón es: «Te ruego que me muestres tu gloria», y obtienen la petición que le hacen.

Los de limpio corazón ven a Dios….ven a Dios de una manera más especial en sus ordenanzas. Ya sea que se presenten en la gran congregación para darle la honra debida a su nombre y adorarle en la hermosura de la santidad; o entren en sus aposentos y allí abran sus almas delante de su Padre que está en secreto. Sea que escudriñen los oráculos de Dios, sea que escuchen a los embajadores de Cristo que proclaman las buenas nuevas de salvación. Sea que comiendo de aquel pan o bebiendo de aquella copa anuncien su muerte hasta que él venga en las nubes del cielo. En todas estas sus ordenanzas encuentran una cercanía tal que no puede ser expresada. Lo ven, como quien dice, cara a cara, y hablan con él como habla cualquiera a su compañero -una adecuada preparación para aquellas mansiones de arriba donde lo verán tal como él es.

Hasta aquí nuestro Señor se ha empeñado más en enseñar la religión del corazón. Ha demostrado lo que deben ser los cristianos y procede a enseñar también lo que deben hacer: cómo la santidad interior debe ejercitarse en nuestra conversación exterior. «Bienaventurados», dice, «los pacificadores; porque ellos serán llamados hijos de Dios»
«Los pacificadores»–la palabra en el original es oi eireenopoioí. Es bien sabido que eireénee en la Sagrada Escritura significa toda clase de bien–toda bendición que se refiera al alma o al cuerpo, al tiempo o a la eternidad. Por consiguiente, cuando San Pablo al principio de sus epístolas desea «gracia y paz» a los romanos o a los corintios es como si dijera: «Gocen–como fruto del libre e inmerecido amor y favor de Dios–todas las bendiciones, espirituales y temporales, todas las buenas cosas que Dios ha preparado para aquellos que le aman».
De lo que fácilmente podemos captar en qué amplio sentido el término «pacificadores» debe ser comprendido. En su sentido literal se refiere a aquellos que amando a Dios y al ser humano detestan y aborrecen profundamente toda clase de disputas y controversias, de desacuerdos y contiendas; por consiguiente trabajan con todas sus fuerzas para prevenir que se encienda este fuego del infierno, o cuando se ha encendido que no se esparza, o cuando ha estallado que no se extienda más. Se esfuerzan por calmar el espíritu pendenciero de las personas y si fuera posible reconciliar unos con otros. Usan toda clase de artes honestas y empeñan todas sus fuerzas, todos los talentos que Dios les ha dado, tanto para preservar la paz donde la hay como para restaurarla donde no existe. El gozo de su corazón es promover, confirmar e incrementar la buena voluntad entre las personas y especialmente entre los hijos de Dios, por más que se diferencien en cosas de poca importancia. Para que así como todos tienen un Señor, una fe, así como todos son llamados en una misma esperanza de su vocación, de la misma manera que todos puedan andar como es digno de la vocación con que fueron llamados, con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.
Mas, en el pleno sentido de la palabra, los «pacificadores» son personas que donde se presenta la seres humanos, sino recordando a aquel que dijo: «En cuanto lo hicisteis a uno de mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.»
¡Cuánto más se regocijan cuando pueden hacer el bien al alma de algún humano! Este poder, en verdad, pertenece a Dios. El es el único que puede cambiar el corazón, sin el cual otro cambio es más liviano que la vanidad. No obstante, aquel que hace todas las cosas en todo, se complace en ayudar al ser humano por medio del ser humano; en comunicar su propio poder, bendición y amor por medio de una persona a todos los seres humanos.
Por tanto, si bien es cierto que la ayuda que se hace sobre la tierra es Dios mismo quien la realiza, no hay necesidad de que ningún ser humano esté ocioso en su viña.
Los pacificadores no pueden estarlo: siempre están trabajando en ella y, como instrumentos en manos de Dios, preparando el terreno para el uso de su Maestro, o sembrando la semilla del reino, o regando lo que ya está sembrado, si por fortuna Dios quiere darle el crecimiento.
Según la medida de gracia que han recibido, usan toda diligencia ya en reprender al pecador impenitente, ya en reformar a aquellos que corren precipitadamente sobre el amplio camino de la destrucción, o para dar luz a los que habitan en tinieblas, y están listos a perecer por falta de conocimiento; o para sostener a los débiles, para levantar las manos caídas y las rodillas paralizadas; o restaurar y sanar aquel que fuera cojo que no se salga del campo.
….
«Bienaventurados» son los que continuamente se ocupan así en las obras de fe y en las tareas de amor; «porque ellos serán llamados»–es decir «serán» (un hebraísmo muy común)–«hijos de Dios.» Dios les proveerá con el Espíritu de adopción; sin duda, lo derramará muy abundantemente en sus corazones. Los bendecirá con todas las bendiciones de sus hijos. Los reconocerá como hijos ante los ángeles y los seres humanos; y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo.
….
Pero nuestro Señor conocía mejor la naturaleza humana en su estado actual. Por lo tanto, concluye la descripción del carácter de estas personas de Dios, mostrando el tratamiento que las mismas deberían esperar en el mundo. «Bienaventurados, dijo, «los que padecen
persecución por la causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.»
……
Señor: «Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo …por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán».
De todos estos pasajes de la Escritura aparece de manera manifiesta quiénes son los perseguidos, a saber los justos: los que son nacidos del Espíritu; todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús; los que han pasado de muerte a vida»; los que no son del mundo; todos los que son mansos y humildes de corazón; los que claman por Dios, que tienen hambre de su semejanza; todos los que aman a Dios y a su prójimo, y por consiguiente hacen el bien a todas las personas según tengan la oportunidad.
……
Mas la persecución que alcanza a todos los hijos de Dios es la que nuestro Señor describe en las siguientes palabras: «Bienaventurados sois, cuando por mi causa os vituperen y os persigan», cuando les persigan vituperándolos, «y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.» Esto no puede fallar: es la señal de nuestro discipulado, es uno de los sellos de nuestro llamado. Es una herencia impuesta a todos los hijos de Dios; si no la tenemos somos bastardos y no hijos.
La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Extracto de las Obras de Juan Wesley

OBRAS | Año 3 N°2

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Obra “Pensamientos sobre el Metodismo” extraemos:

“No tengo temor de que el pueblo llamado metodista deje de existir alguna vez en Europa o en Norteamérica. Mi temor es que lleguen a permanecer como una secta muerta, como una forma de religión sin poder. Y tal será indudablemente el caso, a menos que se mantengan firmes en la doctrina, en el espíritu y en la disciplina con los cuales se iniciaron.

¿Cuál será su doctrina fundamental? Que la Biblia es la verdad total y única, tanto de la fe como de la práctica cristiana. Por ella aprendieron: (1) Que la religión es un principio interior, el cual no es otra cosa que el sentir que hubo en Cristo, es decir, la renovación del alma de acuerdo a la imagen de Dios, en rectitud y verdadera santidad. (2) Que esto sólo puede ser forjado en nosotros por el poder del Espíritu Santo. (3) Que recibimos ésta y toda otra bendición, meramente por el amor de Cristo; y (4) Que quienquiera tenga el sentir que hubo en Cristo, el tal es nuestro hermano, hermana y madre.

En el año 1729, cuatro jóvenes de Oxford se pusieron de acuerdo en reunirse diariamente por las noches.
Todos eran miembros celosos de la Iglesia de Inglaterra y no tenían opiniones peculiares, pero se distinguían por su asistencia constante a la iglesia y su participación en los sacramentos. En 1735 el grupo había crecido hasta quince, cuando el que los dirigía se embarcó para Norteamérica con la intención de predicarles a los indígenas paganos. El metodismo pareció decrecer, pero en el año 1738 volvió a revivir. Ello ocurrió después que el señor Wesley (a quien no se le permitía predicar en las iglesias) comenzó a predicar al aire libre. Como unos y otros iban a consultarle individualmente sobre qué debían hacer para ser salvos, les sugirió reunirse en grupo, lo cual aceptaron, incrementándose el número de continuo. En el mes de noviembre le fue ofrecido el edificio conocido con el nombre de Foundery [La Fundición], y allí comenzó dos predicaciones diarias: una a la cinco de la mañana y otra a las siete de la tarde, de tal manera que el trabajo no dificultara la asistencia de la gente.

Desde el principio los hombres y las mujeres se sentaron separados, como se hacía en la iglesia primitiva, y nadie pretendía tener un sitio fijo sino que los que llegaban primero se sentaban en los primeros lugares. No había bancos de iglesia, sino simples bancos de igual construcción para todos, fueran ricos o pobres.*
El señor Wesley comenzaba el culto con una breve oración, se cantaba un himno y luego seguía la predicación por alrededor de media hora, concluyendo el servicio con otro himno y una oración.
Su doctrina constante era la salvación por la fe precedida por el arrepentimiento y seguida de una vida santa.
…..
Para aquéllos que sabían en quién habían creído se proveía otra ayuda. Cinco o seis hombres, solteros o casados, se reunían a la hora que les fuera conveniente de acuerdo al consejo de Santiago, que dice: «Confesaos vuestras ofensas unos a otros y orad unos por otros, para que seáis sanados». También cinco o seis mujeres solteras o casadas se reunían con el mismo fin. Las bendiciones que han recibido estos grupos son innumerables, especialmente aquellos que marchaban hacia la perfección.
….
De este corto esbozo del llamado metodismo, cualquier persona comprensiva puede discernir fácilmente que se trata de una sencilla religión bíblica, difundida por medio de algunos reglamentos prudentes. Su esencia es la santidad de corazón y de vida; todas las circunstancias apuntan a ello. Y mientras éstas se mantengan unidas en las personas llamadas metodistas, ninguna agresión en su contra podrá prosperar.
…..
Nos compete comprender nuestra situación presente. Me temo que donde han aumentado las riquezas (con sumamente pocas excepciones) la esencia de la religión, el sentir que hubo en Cristo, habrá decrecido en la misma proporción. Por tanto, no veo cómo es posible, según la naturaleza de las cosas, que un reavivamiento de la religión verdadera continúe por mucho tiempo. Porque la religión produce necesariamente tanto laboriosidad como frugalidad.
Y éstas no pueden sino producir riqueza. Pero al acrecentarse las riquezas, lo mismo ocurrirá con el orgullo, la ira y el amor al mundo en todas sus manifestaciones.

Entonces, ¿cómo es posible que el metodismo, es decir la religión del corazón, aunque florezca ahora como laurel verde, permanezca en este estado? Porque los metodistas en todas partes se hacen cada vez más diligentes y frugales, y en consecuencia aumentan sus bienes. De ahí que aumenten proporcionalmente en orgullo, en ira, en los deseos de la carne y de los ojos y en la vanagloria de la vida.
Así que, aunque la forma de la religión permanezca, el espíritu se desvanece rápidamente.

¿Existe alguna manera de prevenir esta continua pérdida de la religión pura? No debemos prohibir a la gente que sea diligente y frugal. Debemos exhortar a todos los cristianos a que ganen y a que ahorren todo lo que puedan, es decir, en efecto, a que se enriquezcan.

Y pregunto nuevamente, ¿qué camino podemos tomar para que nuestro dinero no nos hunda en lo más profundo del infierno? Hay un solo camino bajo el firmamento: si aquellos que ganan todo lo que pueden y ahorran todo lo que pueden de la misma manera dan todo lo que pueden, entonces cuanto más ganen, tanto más crecerán en gracia, y tanto más tesoros acumularán en el cielo.

Londres, 4 de agosto de 1786.

*Era una práctica común de la época que las familias ricas, tenían asientos reservados en las iglesias. Incluso en nuestro país –los que tenemos algunos años- hemos llegado a ver esto en las Iglesias más tradicionales. [HD]

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado.

Extracto de las Cartas de Juan Wesley

CARTAS | Año 3 N° 1

La lectura de sus Obras, Sermones, Cartas y su Diario, son parte de la herencia metodista un “evangelio integral” para nuestra edificación personal y comunitaria.

De su Carta a la “Sra. Gallatin” extraemos:
[19 de julio de 1750]

Señora,
No recibí su carta del 24 de junio hasta anoche.
La razón de su demora no la sé. La razón por la cual durante varios años rehusamos sacar licencia para nuestros lugares de predicación fue ésta: supusimos que no lo podríamos hacer sin clasificarnos como disidentes.

Pero el Registrador de Propiedades de Chester nos mostró que esto era un error, y consiguió una licencia para la casa de Thomas Sidebotham en aquel condado, aunque él entonces, como en otros tiempos, profesó ser miembro de la Iglesia establecida. Desde entonces, hemos sacado licencias para la casa de Leeds, y para algunas otras. La manera de hacerlo es ésta.

Presentar a los jueces en las Sesiones Trimestrales una nota con éstas u otras palabras similares: «A.B. desea que a su casa en C.D. se le otorgue la licencia de adoración pública.» Por orden del juez esto se registra, y se pagan seis peniques al escribano.

No dudo de que una bendición ha acompañado al ministerio del Sr. Whitefield en Manchester. Es necesario para mí visitar las sociedades en el oeste de Inglaterra, a menos que mi hermano no pueda hacer un cambio conmigo.
El se propone ir al norte. Si él visita Cornwall yo puedo ir al norte. Y si lo hago ciertamente tendré el placer de presentar mis respetos al Sr. Gallatin y a usted.

Esperaba al Sr. Hopper aquí el martes en la noche. Si hubiera venido hubiésemos podido embarcar juntos para Bristol, y él hubiera pasado por Manchester hasta Newcastle. Puede ser que lo haga todavía. Yo confío en que usted nunca se avergonzará del evangelio de Cristo, y que aquél que le ha sostenido hasta aquí lo hará hasta el fin.

Soy, señora, su siervo más obediente,
Juan Wesley
Dublín,
19 de julio de 1750.

La selección de los párrafos de los textos fueron elegidos teniendo en cuenta varios criterios (temática, extensión, contenido del mensaje, impacto en el lector, etc.) sin embargo no excluyen cierta cuota de arbitrariedad difícil de evitar, por lo cual pedimos disculpas por anticipado